Vita et Pax. Instituto Secular

Vita et Pax. Instituto Secular Compartiremos nuestras actividades y publicaciones

Domingo del Santísimo Cuerpo y Sangre de CristoPor: M. Carmen Martín IS. Vita et Pax in Cj. Madrid Textos Litúrgicos:Dt ...
01/06/2026

Domingo del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Por: M. Carmen Martín IS. Vita et Pax in Cj. Madrid


Textos Litúrgicos:
Dt 8, 2-3. 14-16
Sal 147
1Co 10, 16-17
Jn 6, 51

Somos cuerpo… cuerpo de Cristo


La fiesta que celebramos hoy bajo el nombre del “Cuerpo de Cristo”, afirma la realidad de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Esta verdad de fe se remonta al cuerpo de Jesús durante los años de su vida terrena y se prolonga a la comunidad cristiana de todos los tiempos a través de la celebración eucarística.

El cuerpo de Jesús es medio de acceso a Dios. Esta fue la experiencia que vivieron las mujeres y los hombres que se encontraron con Él y que nos transmitieron a través de los evangelios: lo que habían visto y oído, lo que habían tocado con sus manos, era a Jesús, el testigo de un Dios amor, el hombre que pasó por el mundo haciendo el bien.

Jesús proclama la bondad de su cuerpo y de todo cuerpo, por eso, seguimos denunciando la antropología dualista y patriarcal que nos ha contaminado y ha hecho mucho daño al identificar espiritual con inmaterial y bueno, y lo corporal con material y malo.

Si lo espiritual, durante siglos, fue ajeno a lo corporal no es de extrañar que durante tanto tiempo “la vida espiritual” haya estado alejada y aún hoy, a veces, lo está, de una realidad donde la inmensa mayoría de los habitantes de nuestro mundo sufren en sus cuerpos el hambre, la desnutrición, la violencia, la tortura, el tráfico de mujeres y niños…

Por otro lado, el dualismo patriarcal, al identificar lo masculino con lo superior y lo femenino con lo inferior, niega de hecho, la igualdad fundamental del ser humano al priorizar y visualizar los cuerpos de los varones blancos y situar debajo, detrás e invisibles los cuerpos de las mujeres y más abajo aún si éstas son de otras razas: negras, chinas, indígenas…

La fiesta de hoy nos invita a luchar contra el dualismo patriarcal y recuperar la centralidad del cuerpo en la espiritualidad cristiana, si es que de verdad creemos que nuestra espiritualidad es de encarnación.

Recuperar una mirada unificada sobre nuestra persona es afirmar que somos un cuerpo, no que tenemos cuerpo. Un cuerpo físico, psíquico, energético, relacional, espiritual… El cuerpo nos unifica. La mente puede estar en varios sitios a la vez, ir y venir, pero la verdad de dónde estamos y de lo que somos la dice nuestro cuerpo.

El cuerpo es nuestra presencia, epifanía de nuestra persona, revelación; es un lenguaje no verbal: es la palabra que pronunciamos con nuestra actitud, nuestra mirada, nuestra conducta… Nuestros deseos y proyectos llegan a ser verdad cuando pasan por el cuerpo, cuando se hacen cuerpo y se verifican.

Al igual que el cuerpo de Jesús, nuestro cuerpo es lugar de la manifestación de nuestra persona, valores, ideales, de nuestra fe. En este sentido puede mostrarse como revelación no sólo de nuestra persona, sino de Dios; se hace acogida para la presencia del Invisible.

Somos cuerpo… somos cuerpo de Cristo. Nuestro tiempo busca mujeres y hombres testigos que, a través de su cuerpo, griten cotidianamente que Jesús nos ha hecho libres, nos ama hasta el extremo y permanecerá con nosotras para siempre.

Domingo de la Santísima TrinidadPor: Ana Cristina Ocaña. IS. Servi Trinitatis. Madrid Textos Litúrgicos:Ex 34, 4-6.8-9Da...
24/05/2026

Domingo de la Santísima Trinidad
Por: Ana Cristina Ocaña. IS. Servi Trinitatis. Madrid


Textos Litúrgicos:
Ex 34, 4-6.8-9
Dan 3, 52-56
2Cor 13, 11-13
Jn 3, 16-18



“Su Manera de Amarnos y de Salvarnos”


En Jn 3,16-18 nos encontramos con uno de los pasajes más condensados y decisivos del cuarto evangelio. No es una simple enseñanza sobre Dios, sino una especie de “núcleo” donde se expresa su modo de actuar, su lógica profunda, su manera de amarnos y de salvarnos.

El texto comienza con una afirmación que, si la tomamos en serio y con toda su profundidad, reordena toda la imagen de Dios: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3,16). Aquí no se describe un amor genérico, sino un amor que se traduce en un gesto concreto, histórico y radical. Dios no se mantiene al margen de la historia humana, ni observa desde fuera el drama del mundo: entra en él.

El destinatario de ese amor es “el mundo”. En el evangelio de Juan, este término no tiene un sentido idealizado. Designa la humanidad real, compleja, herida, ambigua, capaz de abrirse a la luz o de resistirla. Y lo sorprendente es precisamente esto: no se trata de un mundo previamente purificado o digno, sino del mundo tal como es el que es amado.

San Agustín lo expresa con gran claridad cuando comenta este pasaje: «Dios no nos ama porque seamos buenos, sino para hacernos buenos»[1].

El amor de Dios, por tanto, no es consecuencia del mérito humano, sino origen de la transformación y conversión del hombre. Ese amor no se queda en una simple intención, sino que se expresa en una verdadera entrega. En este pasaje el verbo “entregar” es decisivo porque hace referencia a todo el camino de la vida de Jesús, que culmina en la cruz. Dios no da algo externo, sino que se da a sí mismo en su Hijo. San Ireneo lo formula en estos términos: «La gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios»[2].

La Encarnación y la muerte en cruz del Hijo no son un gesto marginal, sino la revelación de lo que Dios quiere para el ser humano: una vida en plenitud.

El evangelio continúa con una aclaración: Jesús no ha sido enviado para condenar al mundo, sino para salvarlo. Esta afirmación es clave porque corrige una imagen muy arraigada de Dios como juez primero y salvador después. Aquí el orden es inverso: la intención primera es la salvación.

San Juan Crisóstomo lo expresa con fuerza pastoral: «No vino Cristo para pedir cuentas del pasado, sino para asegurar el futuro»[3]. Y también en otra homilía añade: «No temamos a Dios como a un juez severo, sino amémoslo como a un médico que sana nuestras heridas»[4].

Sin embargo, el texto no elimina la importancia y seriedad de la libertad humana. El juicio no desaparece, pero aparece de un modo muy particular: no como iniciativa de castigo por parte de Dios, sino como consecuencia de la respuesta del hombre ante la luz. San Cirilo de Alejandría lo explica así: «El juicio no consiste en que Dios condene al hombre, sino en que el hombre se condena a sí mismo al rechazar la luz»[5]. Por eso el drama del texto no está en un Dios que excluye, sino en la posibilidad real de rechazar la vida que se ofrece.

San Agustín vuelve sobre esta idea con una frase muy conocida: «El que te creó sin ti, no te salvará sin ti»[6]. La salvación implica por tanto una respuesta libre por parte del hombre. Creer en Jesús no es solo aceptar una doctrina concreta, sino abrirse a una relación de amor, dejarse alcanzar, confiar en Él que tanto nos ha amado.

El evangelio lo expresa con sobriedad: «El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado» (Jn 3,18). No porque Dios cambie, sino porque el ser humano puede cerrarse a la fuente de la vida. San Gregorio Magno lo resume de este modo: «Dios no rechaza a nadie, pero nadie se salva sin querer ser salvado»[7]. Toda la tradición cristiana insiste en que el cristianismo no comienza con una exigencia moral, sino con un acontecimiento de amor recibido. No es primero norma, sino encuentro.

Benedicto XVI lo formuló de esta manera: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona»[8]. Y el Papa Francisco insiste en esta misma idea: «Dios nunca se cansa de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón»[9].

En el fondo, el evangelio de este domingo de la Santísima Trinidad nos sitúa ante el centro mismo de la fe cristiana: Dios no es alguien que primero exige y luego ama, sino alguien que ama primero y desde ese amor llama a la vida.

La cruz de Cristo aparece entonces no como el signo de la ira de Dios, sino como la expresión más extrema de un amor que no se retira ni siquiera ante el rechazo de sus criaturas.

Terminamos nuestra reflexión de hoy con una pregunta que no es teórica, sino profundamente personal: ¿qué hago yo con este amor que se me ofrece? ¿Lo recibo, o me cierro a él?

[1] San Agustín, Tratados sobre el Evangelio de Juan, Tract. 102, 5.
[2].San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, IV, 20, 7.
[3]San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de Juan, hom. 27, 1.
[4]San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de Mateo, hom. 15, 3.
[5]San Cirilo de Alejandría, Comentario al Evangelio de Juan, libro II.
[6]San Agustín, Sermón 169, 11.
[7]San Gregorio Magno, Homiliae in Evangelia, hom. 29.
[8]Benedicto XVI, Deus caritas est, 1.
[9]Papa Francisco, Evangelii gaudium, 3.

Domingo de PentecostésPor: M. Victoria Cañas. IS. Vita et Pax in Cj. PamplonaTextos Litúrgicos:Hch 2, 1-11Sal 1031Cor 12...
19/05/2026

Domingo de Pentecostés
Por: M. Victoria Cañas. IS. Vita et Pax in Cj. Pamplona
Textos Litúrgicos:
Hch 2, 1-11
Sal 103
1Cor 12, 3-7. 12-13
Jn 20, 19-23

Un Master En Reconciliación y Hermandad


Nuestra humanidad sufre hoy dolores de parto, no nos faltan alianzas, treguas, negociaciones, pareciera somos muy capaces de provocar conflictos, pero incapaces de llegar a verdaderos acuerdos de reconciliación.

El respeto, la acogida del diferente, la vida del otro no parece entrar en la lista de nuestras prioridades. ¿Cómo saldremos de esta?

El Espíritu nos viene a socorrer en nuestra debilidad, es anticipo y promesa de nueva creación.

Hoy también como relatan los hechos de los Apóstoles, nuestras sociedades son plurales y diversas; culturas y etnias diferentes caminamos por las calles conjuntamente. Y ante la realidad mundial vivimos con miedo por las consecuencias que puedan derivarse: pendientes de si sube o baja el petróleo, la bolsa, si podremos irnos de vacaciones…si me llegara la cita para regularizar los papeles, si encontraré casa…si podré volver a mi lugar de origen, como empezar la reconstrucción, llorando por los que la violencia y la guerra se los llevo con las bombas y drones…

En estas circunstancias celebramos la fiesta de Pentecostés vinculada totalmente a la Resurrección, donde se nos llama a ahuyentar los miedos, salir de nuestra cerrazón, ser artesanos de reconciliación y sembradores de vida nueva. ¡Que paradoja!

Confiamos que con el Espíritu todo es posible, El es el único capaz de derribar las barreras que nos separan respetando la diversidad y permitiendo la unidad como nos dice la segunda lectura, nos da diferentes dones para formar un solo cuerpo.

Él es nuestro motor: es el “aliento” o la “gasolina” que nos pone en marcha haciéndonos superar nuestros miedos y desalientos. Nos transforma nuestra cerrazón invitándonos a salir hacia afuera, ilumina el camino, consuela, sostiene en la adversidad”, nos lo narra Jn en su evangelio.

El espíritu hoy se hace presente en toda la humanidad y nos envía a construir puentes de comunicación y empatía, a centrar nuestra atención en lo que nos hermana, a tirar muros y construir reconciliación.

Su promesa se cumplirá.

“Ven Espíritu, y renueva nuestra esperanza, danos
la capacidad de creer que el mundo puede
ser un hogar para todos.
Haznos reconocer tu presencia y
acción en medio de nosotros.”

VII Domingo de Pascua. La Ascensión del SeñorPor: P**y Lillo. IS. Vita et Pax in cj. Madrid Textos Litúrgicos:Hch 1, 1-1...
15/05/2026

VII Domingo de Pascua. La Ascensión del Señor
Por: P**y Lillo. IS. Vita et Pax in cj. Madrid


Textos Litúrgicos:
Hch 1, 1-11
Sal 46
Ef 1, 17-23
Mt 28, 16-20

“La Promesa de Una Presencia Permanente”


En las lecturas de este domingo de la Ascensión se nos presenta un claro mensaje:
– Mateo nos dice que Jesús nos hace una promesa: Su Presencia será Permanente.
– En Hechos nos anuncia que su Ascensión no significa su Ausencia
– Y el Salmo nos canta que desde hace siglos Dios acompaña a su pueblo, en medio de guerras, terremotos, vaivenes y caos. Dios no promete ausencia de desgracias, conflictos, …lo que promete es una presencia en medio de todas ellas.

“Ell*s no Eran Tan Distint*s de Nosotros”


El Resucitado se encuentra con sus discípulos, seguro que tambien estaban las discipulas aunque no se nombren, de nuevo y ell*s siguen con sus dudas, Jesús nos demuestra que no rechaza a los que dudan, a los que buscan un sentido para sus vidas lejos de Él, ni a los que viven temerosos de un futuro que solo les ofrece incertidumbre, ni a los que sufren una crisis de fe, ni a los desconfiados y ansiosos, … es al contrario, los atrae y les confía una misión, les pide un compromiso y una presencia en el mensaje del Reino de su Padre y para ello nos ofrece su compañía … “yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”

Según nos relata Mateo, Jesús nos ofrece una invitación: “Vayan”, es una invitación a “no quedarse mirando el cielo” (como nos dice en Hechos) y no claudicar ante el riesgo de vivir solo en lo virtual, a llegar a ser indiferente al sufrimiento ajeno, a encerrarse en uno mismo. Jesús invita a escuchar, a vivir la paz, a defender la dignidad humana, en una palabra, a acompañar, igual que hizo y hace Él. A no quedarse únicamente en la palabra si no a actuar con honestidad, a vivir la solidaridad, a cuidar a los más vulnerables, en conclusión, a trabajar por la justicia y la fraternidad.

Así la misión que nos relata Mateo junto con la narrativa de Hechos de la Ascensión de Jesús, ilumina el día de hoy. Jesús nos envía y aunque Asciende, Jesús Permanece. La esperanza no es retener a Jesús, no es optimismo ingenuo sino confianza en una presencia fiel y activa que atraviesa toda nuestra historia hasta el final de los tiempos y en particular de nuestro tiempo.

En una sociedad donde da la impresión de que cada vez hay más individualismo y relativismo, estas lecturas nos recuerdan el mensaje del Reino que inspiró Jesús con su vida y refresca dónde está lo importante, más que en imponer ideas, es salir al encuentro de los demás, no dejarse vencer por el miedo, vivir con esperanza, transmitir valores a través de nuestra vida, y confiar en que no estamos sol*s en medio de los desafíos del mundo de hoy.

“Que Poco Hemos Cambiado”

Domingo VI de PascuaPor: Rocio Novo. IS Hijas de la Natividad de María. A CoruñaTextos Litúrgicos:Hch 8,5-8.14-17Sal 651...
06/05/2026

Domingo VI de Pascua
Por: Rocio Novo. IS Hijas de la Natividad de María. A Coruña
Textos Litúrgicos:
Hch 8,5-8.14-17
Sal 65
1Pe 3, 15-18
Jn 14, 15-21

“Ser Buena Noticia:
Ver y Vivir Como Resucitados”


En este tiempo se nos recuerda que la Pascua es el paso de Dios por nuestra vida, pero muchas veces no sabemos, no queremos o no podemos verlo… la Palabra de Dios que se nos regala en este domingo nos muestra cómo Jesús Resucitado se hace presente no de una forma espectacular, sino a través de instrumentos sencillos, de pequeños signos (una palabra, un gesto, una circunstancia, un acontecimiento, un café compartido…) y se produce un efecto nuevo en aquel que VE: María Magadalena al verle, corre a comunicarlo, Juan cuando entra en el sepulcro “vio y creyó”, los doce cuando se les aparece se llenan de alegría y paz, los dos de Emaús al verlo y reconocerlo vuelven a casa y lo anuncian… ALEGRÍA, GOZO, PAZ, ESPERANZA, VALENTÍA… ¿Y tú que efectos de la Resurrección percibes?

En el proceso/recorrido de la Pascua celebramos la Resurrección de Jesús y nos preparamos para la venida del Espíritu Santo. ¿Cómo nos preparamos? La primera lectura nos da las claves:

Escuchar la Palabra de Dios.
Orar en comunidad por otros y con otros. (El poder de la intercesión)
Estar abiertos a recibir el Espíritu.
Jesús no sólo nos ofrece una vida nueva, sino su misma Vida: “entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros” y el Espíritu: “Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. Lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros”.

San Ireneo explica esta comunión trinitaria, que leemos en el Evangelio de San Juan, de una forma muy bella, lo denomina LAS DOS MANOS DE DIOS: “El Padre actúa por medio de sus dos manos: el Verbo (el Hijo) y el Espíritu Santo. Las dos manos son iguales en fuerza y valor. Las dos manos actúan conjuntamente. No son idénticas. Cada una produce una acción diferente, pero las dos se complementan y de ellas se produce un resultado final”. Podríamos continuar tan hermosa imagen colocando entre esas dos manos un corazón, pues el que está en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu, “será amado por el Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él”. La victoria del Resucitado es el Amor.

Jesús nos invita hoy a poner nuestro corazón de barro entre estas “dos manos de Dios” para que seamos buena noticia que veamos, vivamos y amemos.

“Id y abrirán los ojos, escucharán vuestra voz, seréis medicina, seréis luz” (Venerable Baltasar Pardal Vidal).

V DOMINGO DE PASCUAPor: Luisa Azor. IS Hija del Corazón de María. SevillaTextos Litúrgicos:Hch 6, 1-7Sal 321Pe 2, 4-9Jn ...
29/04/2026

V DOMINGO DE PASCUA
Por: Luisa Azor. IS Hija del Corazón de María. Sevilla
Textos Litúrgicos:
Hch 6, 1-7
Sal 32
1Pe 2, 4-9
Jn 14, 1-12

“Tiempo De Gracia”


“Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí…”

Hay muchas situaciones en nuestra vida personal y en el mundo que posiblemente nos hacen temblar, como si nos quedáramos sin suelo donde pisar de manera firme… Y cuando razonamos y queremos vivir desde nuestra lógica humana, perdemos de vista a Jesús y nos sentimos perdidos. Como Tomás y Felipe, queremos a Jesús, queremos seguirle, pero a veces, sin darnos cuenta, queremos ‘encajar’ a Dios en nuestros esquemas, en nuestra lógica:

“Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”, le dice Tomás.

“Señor, muéstranos al Padre y nos basta”, le dice Felipe.

La invitación de este domingo es una invitación a la fe, a fiarnos del que ha enamorado nuestro corazón y cumple su Palabra. Tantas veces queremos saber la ruta, el camino, ‘controlar’ a Dios, su presencia, su acción amorosa, que perdemos de vista que Jesucristo Resucitado es la respuesta a nuestra existencia y a nuestras preguntas. ¿Qué más necesitamos? La resurrección del Señor es la respuesta definitiva y misteriosa a la muerte, al dolor, al sufrimiento, al sinsentido. La relación personal e íntima con Jesús nos hace arder el corazón-como a los discípulos de Emaús-, nos enciende el amor, que fortalece nuestra fe y nuestra esperanza.

Con el salmo de este domingo repetimos: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti” (Sal 32).

Yo me pregunto: ¿Qué espero de Él? ¿Él es mi esperanza? ¿en Él, que es fiel hasta la muerte y ha resucitado, confío mi vida? ¿vivo con la certeza de que mi vida y la historia está en sus manos? Porque si lo espero todo de Él, lo recibiré todo de Él y no necesitaré más certezas que la seguridad de que Dios es, Dios está. Él es el camino, la verdad y la vida.

Dejemos que este tiempo de Pascua que es tiempo de Gracia, nos siga transformando; ¡cuidemos nuestra relación personal con Jesús, dejemos que nos hable al corazón, que nos abrace, que nos hable, que fortalezca nuestra pobre fe! Que el encuentro con Jesús Vivo vaya transfigurando nuestro corazón, nuestra mente y vivamos como resucitados. Ese será el testimonio más creíble de la Buena Noticia del Evangelio que podemos entregar en este mundo herido e infinitamente amado por Dios.

DomingoIV de PascuaPor: M. Jesús Laveda. IS. Vita et Pax. Guatemala Textos Litúrgicos:Hch 2, 14. 36-41Sal 221Pe 2, 20-25...
20/04/2026

DomingoIV de Pascua
Por: M. Jesús Laveda. IS. Vita et Pax. Guatemala


Textos Litúrgicos:
Hch 2, 14. 36-41
Sal 22
1Pe 2, 20-25
Jn 10, 1-10

“Yo he Venido para que Tengan Vida
y la Tengan en Abundancia”




Jesús en su experiencia vivida como uno más entre nosotros y nosotras, se empeñó en hacernos comprender, con su actuar, con sus palabras y gestos que estamos llamadas y llamados a la vida plena. Se sigue empeñando en ello a través del tiempo. Pasó haciendo el bien, pero no lo entendieron; lo mataron, porque ponía al ser humano por encima de leyes y preceptos. Sus grandes preocupaciones fueron que las gentes no pasaran hambre. “dadles vosotros de comer…” que tuvieran una vida sana: “Jesús les dijo*: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos”, que hubiese buenas relaciones entre todas y todos “amaos unos a otros como Yo…”

Pero no lo entendieron. Seguimos sin entenderlo. Nuestro primer objetivo somos nosotros mismos, los demás no interesan, molestan, estropean el paisaje, sobre todo los más pequeños, indefensos y vulnerables. Nos preocupa lo nuestro, que no nos falte de nada, cuidarnos por dentro y por fuera hasta la exageración. Y que cada quién resuelva sus problemas.

Hemos dañado la vida de nuestra casa común y de todos los seres vivientes, humanos y no humanos. Hemos hecho, y seguimos haciendo, la guerra y matado la vida de tantos cientos de miles de personas, frente a la indiferencia de quienes vemos y escuchamos estas informaciones. La vida no importa, importa lo mío, lo nuestro.

No nos arriesgamos en favor de la vida de los demás, por si acaso nos quitan la nuestra. Y así seguimos, sin escuchar su voz que nos dice ·Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia”.

Claro, lo que ocurre es que lo hemos entendido mal. Jesús no está hablando del más allá, de la otra vida. Jesús está hablando de esta, la que ahora llevamos entre manos, la única de la que podemos responder hoy.

Jesús nos habla de que Él es el pastor bueno que se preocupa de cada una y uno de nosotros. Está cercano y acompañando nuestros proyectos, sueños, esperanza, necesidades, sufrimientos, inseguridades. Nos llama a vivir la vida a su estilo, con sus prioridades por nuestro bien y el de los demás. Porque solo una vida regalada y acogedora de la vida de los demás es la que nos puede plenificar y hacer felices.

Tenemos tantas oportunidades de acoger las mismas preocupaciones que tuvo Jesús y a las que procuró dar respuesta: hambre, enfermedad, desnutrición, violencia, guerras entre pueblos, países. Tenemos tantas oportunidades de conversión y vuelta al redil del Pastor Bueno: de nuestra intolerancia, intolerancia, exclusión, pobreza, desigualdades. Pero no escuchamos la voz del Pastor.

Y Jesús hoy, en su estrenada vida Pascual, nos da la clave: Jesús nos habla de una vida resucitada ya aquí y ahora, en nuestra experiencia diaria, en nuestra relación con los demás, en nuestra posibilidad de ayuda al próximo, al cercano, al lejano, invitándonos a la fraternidad y sororidad entre los pueblos, las comunidades, las familias. Dar de comer, sanar, abrazar, perdonar, trabajar por mejorar nuestro mundo. En cada uno de estos gestos y acciones es donde vamos a descubrir esa vida plena y resucitada de la que Jesús nos regala e invita a compartir, la vida que Él mismo descubrió en el amor incondicional del Padre Bueno, el Trascendente, el Soplo de vida, la RUAH de Di*s. Jesús es la puerta que nos permite penetrar en este misterio de amor y donación. Entrar por otro lado nos lleva a la muerte, el olvido, la insolidaridad. Por eso su Palabra sigue resonando en nosotras y nosotros: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

III Domingo de PascuaPor: Maite Menor Esteve IS. Vita et Pax. Guatemala Textos Litúrgicos:Hch 2, 14. 22-23Sal 151Pe 1, 1...
15/04/2026

III Domingo de Pascua
Por: Maite Menor Esteve IS. Vita et Pax. Guatemala


Textos Litúrgicos:
Hch 2, 14. 22-23
Sal 15
1Pe 1, 17-21
Lc 24, 13-55

“Todo Tiene sus Consecuencias”


Las lecturas de este III domingo nos adentran en la experiencia Pascual, una experiencia que es tan profunda que necesitamos tiempo para procesarla. Lucas en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, utiliza un lenguaje directo y sin contemplaciones para dirigirse a los vecinos y judíos de Jerusalén, recordándoles que Jesús fue entregado y que ellos lo mataron. Lucas no menciona y olvida que los discípulos también le abandonaron en los momentos más críticos y que, una vez más, fueron las discípulas las que le siguieron, aunque fuera de lejos. Claro que esto no interesaba a las autoridades de entonces ni tampoco a las de ahora, que siguen no teniendo en cuenta el papel fundamental que desempeñamos las mujeres en las comunidades eclesiales, excepto para lo que a ellos les interesa y les conviene.

La lectura nos puede invitar a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cual tenemos con nuestras acciones y omisiones. Todo tiene sus consecuencias y, a veces, nos cuesta asumir nuestra propia responsabilidad. Estamos acostumbradas, por los medios y redes sociales, a echar la responsabilidad a los y las otras, siempre son los demás los responsables de lo que no nos gusta y de lo que pasa a nuestro alrededor.

El evangelio nos presenta a los discípulos de Emaús, un texto rico en contenido y enseñanza para nuestra vida de hoy. Ellos caminaban tristes y deprimidos porque sus expectativas de liberación, se habían esfumado y eso mismo, es lo que les impedía reconocer a Jesús que les acompañaba en su camino. ¿Cómo caminamos nosotras en este momento histórico en el que estamos y en la etapa de la vida en la que vivimos? ¿También añoramos viejos tiempos cuando estábamos en nuestro mejor momento, o vivimos desde la experiencia profunda de que Jesús nos acompaña en todo momento, sea como sea lo que estamos viviendo?

Recordemos que la resurrección de Jesús es una experiencia interior profunda, que nos hace vivir la vida con otro estilo, con otra actitud. La realidad histórica que vivimos no ayuda precisamente, a estas experiencias profundas, más bien nos invitan a la superficialidad, a lo inmediato que impide profundizar y analizar lo que pasa a nuestro alrededor, algo parecido a lo que les pasó a los discípulos de Emaús que no reconocieron lo que pasaba delante de ellos.

Creo que, si los y las seguidoras de Jesús vivimos la experiencia de la resurrección en profundidad, podemos hacer la diferencia en un mundo plagado de muerte, egoísmos, rivalidades y violencia. En esta “oscuridad” tendría que destacar con fuerza la luz de los y las discípulas actuales de Jesús. La Vida tiene que destacar por encima de todo y nos podemos preguntar si apostamos por la vida para todos y todas las que en este mundo la tienen amenazada y violentada. Hay muchas maneras de apostar por la vida y ojalá, las prisas o la inmediatez en la que vivimos no nos distraigan en el camino, como a los de Emaús.

Jesús sigue acompañándonos, abramos los ojos para reconocerle hoy, en tantos gestos de humanidad que a lo largo y ancho del mundo, manifiestan su presencia. Que nosotras sigamos haciendo gestos de humanidad para animar, levantar y liberar a todos los deprimidos y desesperanzados que encontremos en el camino de la vida.

Dios Es Misericordia”Abr 9, 2026II Domingo de la Divina MisericordiaPor: Sagrario Olza. IS Vita et Pax Cj. Pamplona Text...
09/04/2026

Dios Es Misericordia”
Abr 9, 2026

II Domingo de la Divina Misericordia
Por: Sagrario Olza. IS Vita et Pax Cj. Pamplona


Textos Litúrgicos:
Hch 2, 42-47
Sal 117
1Pe 1, 3-9
Jn 20, 29-31

Seguimos celebrando con alegría la Resurrección de Jesús. En este Tiempo Pascual, a este Segundo Domingo llamábamos “Domingo in Albis”. En la Iglesia primitiva, los bautizados el Día de Pascua recibían una túnica blanca; a los ocho días, dejaban ese vestido “de neófitos” y se incorporaban a la Comunidad Cristiana.

En el año 2000, el Papa Juan Pablo II estableció la Celebración del “Domingo de la Misericordia” en este mismo Segundo Domingo. Posteriormente, el Papa Francisco proclamó un Año de “Jubileo Extraordinario de la Misericordia” que tuvo lugar desde el 8 de diciembre de 2015, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, hasta el 20 de noviembre de 2016, Fiesta de Cristo Rey.

Para definir “Quién es Dios” decimos: “Dios es Amor” …,” es Santo” …, es “Misericordia” … y podemos decir que en Dios se unifican éstas y TODAS nuestras definiciones.

Amor: nos ha creado y nos cuida como un PADRE que nos acoge, nos perdona y hace fiesta cuando “volvemos a casa”- (Lc. 15,11-31)
Santo: que ofrece el sol y la lluvia “a buenos y malos”. (Mt. 5,43-48)
Misericordia: “el que esté sin pecado que tire la primera piedra…Tampoco yo te condeno…” (Jn. 8,1-11)
Podemos decir que le conocemos y decimos que éste es nuestro Dios, el Dios de Jesús; sus obras eran un reflejo de ese Dios. Y Jesús pidió, a los que queremos seguirle, que también lo reflejemos en nuestras vidas; después de contar la Parábola del Buen Samaritano, respondió al Doctor de la Ley: “Vete y haz tú lo mismo”. (Lc. 10,25,37)

Sigamos celebrando con gozo esta nueva Pascua que el Señor nos concede vivir. Celebremos hoy a nuestro Dios que es Misericordia, Santidad, Amor… Y, recordando las Bienaventuranzas, (Mt, 5,1-12) hagamos vida y oración, hoy especialmente, la que proclama:

¡¡ Bienaventurados los misericordiosos

porque ellos alcanzarán Misericordia!!

Domingo de Pascua de la Resurrección del SeñorMar 30, 2026“El Regreso del Maestro”Por: P**y Lillo. IS Vita et Pax in Cj....
30/03/2026

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Mar 30, 2026

“El Regreso del Maestro”
Por: P**y Lillo. IS Vita et Pax in Cj. Madrid
Textos Litúrgicos:
Hch 10, 34.37-43
Sal 117
Col 3, 1-4
Jn 20, 1-9



El Evangelio nos sitúa en una escena aparentemente sencilla, pero profundamente reveladora y humana: una mujer que camina en la oscuridad, un sepulcro vació y unos discípulos que corren a pesar de que no entienden lo que está pasando.

María Magdalena camina al sepulcro cuando aún está oscuro y lo encuentra vacío. Tras su asombro piensa que todo ha terminado peor de lo que imaginaba: “Se han llevado al Señor”. Ha perdido a Jesús, a su Amigo, que era su esperanza y todo se derrumba, la vida pierde su sentido.

Muchas veces, confundimos el vacío con la ausencia. Pensamos que D*s no está, que todo se ha acabado, que ya no hay nada que hacer y nos derrumbamos.

Siendo sincer*s, todos hemos pasado por momentos de pérdida, algo se rompe en nuestra vida y no sabemos cómo seguir. Pero el Evangelio de hoy nos invita a mirar más allá, a profundizar, a llegar más hondo.

Pedro y el otro discípulo corren al sepulcro. Pedro entra, observa, intenta entender. Después entra el otro, ve… y cree.

Los dos corren, se aceleran, como nuestro corazón humano en búsqueda cuando nos arrecian las dudas, porque necesitamos respuestas y a ser posible rápidas, a ser posible para “ayer”.

Pero, lo más importante de la fe es saber reconocer los signos, no únicamente encontrar todas las respuestas; incluso cuando, esos signos, no son evidentes y/o nos parecen garabatos.

Hay una frase en la Escritura que me parece muy actual “Todavía no habían entendido la Escritura”. La importancia que le damos a “entenderlo todo”, ellos no lo entendieron todo. A veces pensamos que creer significa no tener dudas, tenerlo todo claro; pero hoy el Evangelio nos muestra lo contrario: La fe es un camino, no un punto de información, no un punto de llegada.

El sepulcro vacío no es una ausencia; es una llamada, una invitación a empezar de nuevo, a mirar la vida con otros ojos, a descubrir que D*s actúa incluso cuando no lo vemos.

Reconozcamos y aceptemos que nuestra mirada se queda corta y que la Pascua nos intenta, un año tras otro, invitar a arriesgarnos a mirar de otra manera, Porque resulta que D*s va por delante y:

Donde nosotros vemos oscuridad, ya ha empezado a amanecer.
Donde nosotros vemos el vacío, D*s está preparando vida.
Donde nosotros vemos un final, D*s está comenzando algo nuevo.
Hoy no solo celebramos que Jesús, el Maestro, ha regresado, ha resucitado, celebramos que la Vida tiene la última palabra; que el Amor no muere en la cruz, que la Esperanza no es una ilusión.

Y quizá hoy no lo entendamos todo. Quizá sigamos con las mismas preguntas, pero No Pasa Nada. Hagamos como el discípulo que entra detrás: entremos, miremos… y demos un pequeño paso hacia la fe.

Porque la Pascua no es entenderlo todo, es descubrir, poco a poco, que D*s ya está actuando en tu vida.

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