05/05/2026
Queridos hermanos y amigos todos:
Hay momentos en los que uno tiene la sensación de que el mundo pesa demasiado. Demasiadas noticias que inquietan, demasiados titulares que cansan el alma. Y, sin embargo, hoy estamos aquí. En esta Misa de la Escalera, cuando ya se siente en el aire que falta menos, que el corazón de Pamplona empieza a latir de otra manera.
Y eso no es poca cosa.
Porque esta misa no es solo un acto. Es un refugio. Es memoria viva. Es raíz. Es identidad. Es una forma de decir, en medio del ruido del mundo: sabemos quiénes somos y de dónde venimos.
Y hoy, además, con un motivo especial: 50 años de la jota de San Fermín.
Cincuenta años poniendo voz a lo que no cabe en un discurso. Cincuenta años cantando lo que el corazón siente cuando nombra a San Fermín. Porque la jota no es solo música… es oración hecha pueblo, es fe que se vuelve canto, es alegría que no olvida lo sagrado.
La jota navarra tiene algo único: no pide permiso. Entra directa al alma. Tiene fuerza, tiene verdad, tiene raíz. No es artificial. Es como nuestra tierra: sobria y apasionada a la vez. Y cuando se canta a San Fermín… entonces ya no es solo tradición: es devoción que se desborda.
Hoy queremos dar gracias de un modo especial a la Coral de Santiago.
Cincuenta años de fidelidad no se improvisan. Cincuenta años son ensayo tras ensayo, celebración tras celebración, estar cuando toca y cuando no toca, sostener la belleza incluso cuando cuesta. Eso es vocación.
Gracias por poner música a nuestra fe.
Gracias por ayudar a que lo invisible se haga audible.
Gracias por enseñarnos que cantar también es rezar.
Y cómo no recordar con emoción y gratitud a su fundador, don Joaquín Madurga. Sacerdote, músico, sembrador. De esos hombres que no hacen ruido, pero dejan huella. De los que entienden que la belleza es también un camino hacia Dios.
Hoy, mirando atrás, uno se da cuenta de algo: las cosas verdaderamente importantes no hacen titulares… pero sostienen la vida.
Como esta misa.
Como esta jota.
Como esta coral.
Como esta fe sencilla y firme de nuestro pueblo.
En un mundo que cambia deprisa, nosotros hoy afirmamos algo con serenidad: hay cosas que merecen permanecer. No por nostalgia, sino porque contienen verdad. Porque nos hacen mejores. Porque nos recuerdan que no estamos solos.
Y entre todas ellas, San Fermín.
San Fermín no es solo una fiesta. Es un referente, un intercesor, un hermano en la fe que nos recuerda que se puede vivir con valentía, con alegría y con fidelidad hasta el final.
Por eso, hoy, en esta escalera que mira al cielo y a la historia, queremos pedirle:
Que no nos falte la esperanza.
Que no nos falte la alegría limpia.
Que no nos falte la fe que canta, que celebra, que resiste.
Y que cuando llegue el momento —que ya se acerca— podamos volver a cantar con toda el alma:
Porque hay cantos que no se gastan.
Porque hay tradiciones que no envejecen.
Porque hay un pueblo que, cuando canta, cree.
Y hoy, hermanos, lo hemos vuelto a comprobar.
"Dicen que dijo el juglar: pueblo que canta no muere, y si es verdad lo que dijo; Navarra no morirá".
Así sea. VIVA SAN FERMÍN
(Homilía 5ªmisa escalera de San Fermín)