15/05/2017
BEATIFICACIÓN DE LA PRIMERA MUJER GITANA MÁRTIR: EMILIA “LA CANASTERA”
“ORGULLOSOS DE SER GITANOS Y SER CRISTIANOS”
El 25 de marzo de 2017 la Iglesia se vistió de fiesta. Fue en Almería, presidida por el representante del Papa Francisco, el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Aguadulce.
A las 10 de la mañana comenzó la celebración de la Eucaristía, en la que se procedió a la declaración de 115 Beatos, entre ellos, la primera mujer gitana, Emilia “la Canastera”.
Un grupo de la Pastoral Gitana de nuestra diócesis, emprendió viaje hasta Almería el viernes, día 24 con el deseo de participar de una Celebración que iba a marcar un antes y un después en nuestro grupo.
A las seis de la mañana salíamos de la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar de Echavacoiz, después de haber pedido al Señor la bendición en esta peregrinación. Nos unimos en Madrid a otros grupos de Pastoral Gitana de Zaragoza, Barbastro, León, Burgos y Madrid. Hacia las siete de la tarde llegábamos a Almería y, después de acomodarnos en las habitaciones, un autobús nos trasladaba al Auditorio de Roquetas de Mar, donde a las nueve de la noche nos acogieron calurosamente a todos los peregrinos.
Toda la vigilia fue maravillosa nos decía Julia Jiménez. Mª José Santiago, que nos emocionó con diferentes cantos al Cristo que nos salva; la participación de la orquesta y Coro de Roquetas de Mar que interpretó el Himno compuesto para los mártires de Almería. La banda de música y otras actuaciones fueron calentando el ambiente para lo que iba a ser el momento central de esta peregrinación: la beatificación de 115 mártires. Escuchamos también los testimonios de algunos de los mártires de Almería. Impresionaba escuchar a personas que vivieron de cerca con estos mártires. Otro momento inolvidable fue cuando se dio paso a la bendición del cuadro de la gitana Emilia realizado por Raúl Berzosa y que se colocará a partir del día 25 en la catedral de Almería. Necesitábamos descansar para estar bien despiertos la mañana del 25 de marzo.
Al despertar y, después de desayunar y varios avisos, para una mejor organización de la jornada, fuimos al Palacio de Congresos de Aguadulce. Allí se nos dio un precioso libro preparado con semblanzas de los nuevos Beatos y que nos permitiría participar activamente en la celebración. Alrededor de cinco mil personas llenábamos el Palacio de Exposiciones y Congresos de Aguadulce en Almería y, fue emocionante ver que alrededor de un millar, eran gitanos y gitanas llegados de todos los puntos de nuestra geografía. “En este lugar que transmitía cariño, unión y hermandad” nos dice uno de los nuestros.
Un elemento esencial que motivó y realzó la liturgia fue la música, las voces de tantos coros venidos de diferentes zonas de Andalucía para amenizar este momento tan lleno de contenido. Los cantos nos ayudaron a interiorizar, a meternos de lleno en algo muy nuevo para nosotros.
“El día en que la Iglesia celebra la Anunciación del Señor, nos reunimos para celebrar la obra de la salvación realizada en el Verbo Encarnado y reconocer el testimonio de vida de los mártires del S.XX en Almería, que hoy la Iglesia nos propone como modelos”. Así iniciamos esta celebración. La asamblea entona el Amén mientras se descubre un cuadro de los nuevos Beatos, y se llena el recinto de aplausos y los ojos de muchos de lágrimas de emoción y de alegría. Pachus y Sagrario Clavería expresaban: “Qué misa tan bonita… y que emoción ver a la gente que hasta lloraba con hipo….”.
Una alegría enorme llenó el corazón de la Iglesia española, esa Iglesia Universal que no conoce fronteras. Sagrario, llena de emoción nos dijo: “he visto de cerca a la Iglesia y me siento orgullosa de ser gitana y de ser cristiana” y “el obispo de Solsona, Xavier Novel me tomó del brazo y me acompañó, que cercano y qué humano…” y es que así nos sentimos, cercanos y hermanos en un clima que seguramente Emilia, la nueva beata nos propició, y que nos unió en la fe y en la fiesta.
Se trató de un momento de gracia para este pequeño pueblo gitano que también se vio envuelto en la persecución religiosa de una época que marcó a muchas familias, entre ellas la de Ceferino Jiménez Maya “el Pelé” y la de Emilia Fernández Rodríguez “la Canastera”.
Aquél 13 de enero de 1939 y sin ninguna atención médica, tras emprender el camino del perdón, el corazón de Emilia, dejó de latir. Con muchos que sufrieron en carne propia el dolor del pueblo.
Biografía de Emilia.
Quizás una breve biografía de esta pequeña mujer nos ayude a entender que Jesús fue el centro de su vida y que el conocerle y amarle, le ayudó a Emilia a ser una cristiana auténtica en el ambiente que le tocó vivir.
Su nombre es Emilia “la Canastera”, nacida el 13 de abril de 1914 y criada en las casas-gruta que los gitanos pueblan en la parte alta de Tíjola (Almería). Y fallecida en enero de 1939, a los veintitrés años de edad, en la cárcel de “Gachas Colorás” de Almería. Fue detenida, junto a su esposo, Juan Cortés, por negarse este último a ir a la guerra y provocarse, una ceguera transitoria no se sabe con qué artes. Algunos dicen que con un líquido venenoso que servía para sulfatar los campos y que su enamorada derramó en los ojos. Éste fue encarcelado en la cárcel de “El Ingenio”. Ella, como queda dicho, ingresó en la Prisión de Mujeres de “Gachas Colorás” para cumplir una condena de seis años a pesar de estar embarazada.
Emilia, conversa con mujeres que la cuidan compasivamente. Por ejemplo con Lola a quien la gitana pide que le enseñe a rezar y a hacer la señal de la cruz. Emilia era una mujer “fascinante”, cuenta María de los Ángeles Roda Díaz en aquella cárcel donde “por la mañana nos daban agua sucia” (café) y un trozo de pan; al mediodía, lentejas con gusanos, habas cocidas con sus cáscaras y una torta de arroz cocido; Y por la noche, pan y agua”. Emilia aprende el padrenuestro, el avemaría y el Gloria, las letanías del Rosario.
Rezar, para la directora de la cárcel, es un delito y pide a Emilia que delate a su catequista. A cambio le quiere engatusar con engaños: mejor alimentación, gestiones para liberarle a ella y a su marido. Pero Emilia calló y nunca delató a Lola. Su castigo: una celda de aislamiento. Y ahí el alumbramiento de una hija, prácticamente sola -con la solidaridad de los pobres, la de sus compañeras reclusas- tirada en el suelo en la estera de esparto sobre la que duerme. Cuatro días de hospital y de nuevo a la cárcel donde muere. Y su cuerpo arrojado a una fosa común.
Emilia es un símbolo de lo que puede llegar a hacer la fe en Dios en los momentos más difíciles por los que se puede llegar a pasar.
Ella, siendo mujer de fe llegó a una profundidad en la misma y a ser consciente de lo que suponía serlo en unas circunstancias muy difíciles por las que tuvo que pasar estando, además embarazada…
Emilia fue bautizada el mismo día de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de Santa María. La vida de Emilia es la propia de una familia gitana de la zona: vive en una casa-cueva, en la parte alta de la ciudad (y separada de la parte central del barrio) y colabora con la familia fabricando cestos de mimbre (de ahí el sobrenombre de “la Canastera”). Los llevaban a los pueblos cercanos o a mercados más alejados (en este caso sobre algún animal de carga recorriendo la orilla del río Almanzora).
Podemos decir que Emilia, desde el momento de su nacimiento hasta la llegada de los años 30 del siglo XX, creció entre lo que eran alegrías propias de su edad y los sufrimientos que las especiales circunstancias de su existencia la llevaban a padecer.
La vida de aquellos gitanos, incluida Emilia y sus hermanos, no debió sufrir más alteración que la propia de las circunstancias. Es decir, que no huyeron ni nada por el estilo sino que continuaron viviendo donde lo habían estado haciendo.
Por otra parte, Emilia pensaba lo mismo que su marido y de ninguna manera quería que se incorporase a filas.
Es bien cierto que Emilia Fernández Rodríguez tenía una fe sencilla y que lo esencial lo conocía, pero aquellos meses que pasó en la cárcel le ayudaron a conocerla mejor y a llevarla a la práctica más cercana. Es más, como suele pasar con los santos, aquellos malos momentos, aquellos sufrimientos que padecía, le ayudaron a acercarse a Dios de una forma sencilla pero, también, profunda.
Y así llegó el 12 de enero de 1939. Era el momento del parto y, ayudada por algunas compañeras de cautiverio, pudo dar a la luz, el día 13 a las 2 de la madrugada, a una niña a la que bautizaron (el mismo día a las 5 de la tarde) y pusieron el nombre de Ángeles.
Emilia, como podemos comprender, se encontraba muy mal. Físicamente estaba en las últimas y el mismo día 13 se las llevaron al hospital (a la niña y a ella) del que volvieron a la cárcel cuatro días después.
Sin embargo, las condiciones de de vida de Emilia eran más que malas. Por eso el 24 de enero se le vuelve a comunicar al Gobernador Civil que sería necesario que ejerciera la “gracia” y la liberara de prisión. Como respuesta: ninguna.
Y fue el 25 de enero de aquel año de 1939 (apenas unos meses antes de que terminara la Guerra Civil) cuando la volvieron a llevar al hospital. De nada sirvió aquel viaje, que sería el último que haría en este mundo la gitana Emilia, porque moriría.
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Para nosotros, desde que salimos el viernes 24 de marzo rumbo a Almería, a pesar de los casi 2.000 kilómetros recorridos, no pesaron, ya que fue la experiencia más bonita y profunda que habíamos vivido hasta ahora en la Pastoral Gitana. “Uf, el Cristo y el momento en que introdujeron el cuadro de la Emilia, fue impresionante, decía Julia Jiménez.
Macarena Cobos expresaba: “Todo fue muy bonito. No hubo ni norte ni sur”. Y Angelines Echeverría continuaba “…los gitanos no sabemos de fronteras. Somos una familia”.
La representación de la vida de la Emilia por una de nuestras gitanicas, Ariadne Clavería, la “Ari”, también de 23 años, nos emocionó, nos ayudó a comprender más la vida de alguien que cuando conoce a Jesús , nuestro Salvador, ya no lo quiere soltar, así lo expresaba Pachus Clavería.
Jesús Echeverría, José Antonio Hernández y Teodoro Antimasveres, con una alegría inmensa decían “DIOS ES GRANDE” y lo repetían Rosa Mari y Sagrario Clavería.
El día 26 al recorrer las cuevas de Guadix y ver cómo vivía nuestra gente hasta hace poco, nos hizo pensar en esa verdad del Evangelio de que Dios se manifiesta a la gente sencilla, a los pobres.
Tuvimos una Misa Gitana de acción de gracias en la catedral de Guadix, y que curioso escuchar a unas mujeres muy engalanadas de lo pesada que les había resultado esa Eucaristía… y qué bueno oír la respuesta del mendigo que pedía a la salida de la catedral: “Ya era hora de que aquí hubiera una Misa así, tan bonita y tan sentida….”. Y es que los gitanos expresamos los sentimientos muy desde el corazón, desde el cante, desde el baile….
Que la vida de los nuevos mártires nos ayude a vivir nuestra fe con valentía, que no nos cansemos de anunciar a Jesús.