19/07/2026
La comunidad bahá’í mundial ha iniciado recientemente una ambiciosa serie de planes, que abarcan el próximo cuarto de siglo y se centran en «un único objetivo: la liberación del poder constructor de sociedad de la Fe en medidas cada vez mayores».
Estos planes de largo alcance, formulados por el órgano de liderazgo mundial de los bahá’ís elegido democráticamente, la Casa Universal de Justicia, incluyen el primero de la serie, el actual Plan de Nueve Años, que destaca la importancia de «trascender las diferencias» y habla de la necesidad humana de «armonizar perspectivas».
¿Qué significa realmente «poder constructor de la sociedad»? Significa construir un orden mundial que dé prioridad a la paz, la justicia y la armonía entre todos los pueblos, culturas y religiones. Debido a la actual oleada de guerras, injusticias, racismo, tiroteos en escuelas, crímenes de odio, asesinatos en masa y tribalismo violento, los mandatos del Plan de Nueve Años son cada vez más urgentes. Abdu’l-Bahá, hijo y sucesor de Bahá’u’lláh, dijo:
No llaméis a nadie extraño; a nadie consideréis enemigo. Comportaos como si todos los hombres fueran parientes cercanos y honorables amigos. Caminad de modo tal que este mundo fugaz sea transformado en esplendor y este sombrío montón de polvo llegue a ser un palacio de delicias.
La afirmación de Abdu’l-Bahá de «no considerar a nadie como enemigo» y de «ser como si todos los hombres fueran parientes cercanos» nos proporciona una declaración sucinta y clara de lo que las ciencias sociales denominan tu «postura» hacia los demás. Tu postura –tu actitud y tus suposiciones– determina la naturaleza de tus relaciones con los demás.
Si te ves a ti mismo como el centro de tu propio universo y a los demás como «allá afuera», diferentes y distantes de ti, o tal vez incluso los ves como una amenaza, significa que estás operando desde una perspectiva de primera-persona/tercera-persona: yo contra ellos. De inmediato, esta perspectiva «ajena» aumenta la probabilidad de conflicto.
Cuando no te conozco realmente, pero decido formarme una opinión sobre ti, literalmente tengo que inventarme cosas sobre ti basándome en mis ideas preconcebidas. Puede que te juzgue erróneamente por el color de tu piel, por dónde vives o por lo que he oído hablar de ti. Puede que sean mis propias experiencias del pasado las que aparezcan e impulsen mis prejuicios y nociones preconcebidas. La lista de elementos que pueden sembrar la semilla de un «otro» imaginario es interminable. Como nuestros instintos primitivos de supervivencia nos dicen que lo desconocido asusta, a menudo la tendencia a ver a los demás como una amenaza se vuelve automática.
Pero hay otra perspectiva disponible, la sugerida por Abdu’l-Bahá, una perspectiva que no parte de una postura de separación. No clasifica a los demás ni crea imágenes enemigas. Es la perspectiva de los niños inocentes cuando se encuentran con otros niños. Es la perspectiva que todos adoptamos automática, instintiva e inconscientemente cuando interactuamos con un amigo. Es la llamada «perspectiva de segunda persona».