Cofradia De Nuestra Señora De La Soledad De Palencia

Cofradia De Nuestra Señora De La Soledad De Palencia Esta pagina es de la cofradia palentina de Nuestra Señora de la Soledad de Palencia. fundada en 1657

23/04/2026

➡️ A pocas semanas de que el Papa aterrice en nuestro país, la Pastoral Juvenil Diócesis de Palencia tiene abierto el periodo de inscripción para participar en la que se celebrará en Madrid el sábado de 2026.

El lema elegido para la visita de León XIV es (Jn, 4,35), una llamada a la sociedad española a salir de sus preocupaciones diarias e ir más allá, a través de la contemplación y la apertura a los demás.

La edad de participación está planteada para los nacidos entre #1991 y #2011, al tratarse de una Vigilia Juvenil. Está previsto fletar 2 autobuses y el regreso a Palencia se hará después de finalizar la Vigilia esa misma noche, sin pernoctación en Madrid.

El precio será de 25€ e incluye viaje de ida y vuelta a Madrid y seguro de viaje. La comida y la cena será asumida por cada participante.

La puede hacerse hasta el a través del siguiente enlace: https://forms.gle/6ZtytGFnABdnxBubA

Segundo Domingo de Pascua
12/04/2026

Segundo Domingo de Pascua

Queridos lectores, paz y bien.

Un grito atraviesa las iglesias cristianas por los cinco continentes, tanto las católicas, como las evangélicas y las ortodoxas. Decenas de miles de catecúmenos se bautizaron en la Vigilia Pascual, y celebrarán durante siete domingos la belleza y la verdad de una fe que no es una mera mística, o una moral, o una filosofía. Es más, infinitamente más. Es Jesús resucitado que vuelve a poner en pie definitivamente a su comunidad golpeada por su crucifixión. Me pregunto cuántos experimentamos, celebramos y vivimos esto.

Porque tal vez una de las rémoras que más lastran a nuestra Iglesia católica occidental es la débil vivencia de la resurrección de Cristo tanto personal como comunitariamente. La fe de la Iglesia tenía un firme soporte social en la época de la cristiandad, y una vez desaparecido el mutuo andamiaje en el que se sostenía la sociedad y la Iglesia, ésta ha tenido que aprender a vivir en una libertad y una intemperie nuevas. La llamada modernidad tenía un aspecto positivo, que consistía en la superación de los estados confesionales, en los que el poder tutelaba la religión.

Gracias a que la Iglesia celebró el Concilio Vaticano II (1962-1965), hizo una relectura nueva acerca de la identidad de la fe y su lugar en el mundo, en nuestro mundo. Hoy, el reto viene más bien del retorno de lo religioso, y la tarea de los creyentes consiste en realizar una nueva síntesis en la de la espiritualidad cristiana sea encarnada y verdaderamente profética. Celebrábamos el domingo pasado la Resurrección del Señor, y los creyentes tenemos nada menos que cincuenta días para incorporarnos a la nueva vida que Dios Padre nos ha dado por medio de su Hijo Jesucristo en el Espíritu.

Como pastor de la Iglesia católica en Palencia, sueño con que nuestra vivencia de fe, de esperanza y de amor sean cada vez más genuinas, más gozosas, más transformadoras. Las comunidades cristianas estamos discerniendo a través del Sínodo el modo de purificar nuestra vivencia de fe para transmitir el fuego del Amor de Dios, no las cenizas que otros fuegos han ocasionado en el pasado. Hoy ser católicos requiere ir a lo esencial, eliminar aspectos accesorios y rutinas, y recuperar el aliento que Jesús nos trae hoy.

Una buena síntesis de lo que es nuestra fe nos la regaló el Papa Benedicto XVI en su primera carta en cíclica, Deus caritas est, que comenzaba justamente así: «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él».

Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna» (cf. 3, 16)”.

Estos cincuenta días de tiempo pascual, no han de ser como una resaca tras la intensidad de la Semana Santa, sino su continuación y su consumación. Porque precisamente lo mejor de ser católicos es la cosecha, el fruto madurado, el cáliz de la Alianza que bebemos juntos, la confidencia del Resucitado que te dice: “paz a vosotros”, “no tengáis miedo”, “alegraos”, “soy yo”, “recibid el Espíritu Santo” y “llevad mi perdón”, anunciad”.

En su genuino realismo, el Evangelio no trata de maquillar la historia. Reconoce que desde el principio había desconexiones y abandonos de la comunidad. Tomás nos representa en ese sentido a todos. Paradójicamente, nos es más sencillo vivir las p***s de los otros que sus alegrías. Miles de personas se conmueven y lloran por las calles con el flagelado, el que carga con la cruz, con el traspasado por la lanza, el descendido y el sepultado en un sepulcro nuevo: en definitiva, con Cristo crucificado.

Hoy se trata de hacer experiencia del Cristo vivo, del que nos emplaza cada ocho días a estar con Él. Dios es feliz y anhela que nos encontremos con su Hijo, a quien nos ha devuelto resucitado. Tenemos otras seis semanas para acogerlo con su Espíritu. ¡Feliz Pascua!

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia

05/04/2026

Queridos lectores, paz y bien.

“Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado”. Así cantan hoy en su hermosa liturgia nuestros hermanos de las distintas iglesias ortodoxas. Así lo proclama Pedro a aquellos romanos que vivían en Cesarea Marítima en casa de Cornelio. «Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él... Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado». Aquellos paganos acogieron su anuncio y lo transmitieron a su vez a otros.

Unos años después Pablo hará lo propio con la comunidad de Corinto y tantas otras de oriente: «si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo. Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación». Aquella pequeñísima comunidad del siglo I, “viralizó” ese mensaje cumpliendo, encarnando esas palabras, mostrando que sólo el Evangelio trae vida y salvación para todos.

Hoy nos toca a nosotros recoger el testigo y pasarlo a cuantos nos han pedido el bautismo, y a cuantos lo harán los próximos años. Porque, en definitiva, en la Iglesia se trata de eso, porque existe para evangelizar, transmitir la alegría que irradia un sepulcro vacío, y anuncio de un ángel del Señor a dos mujeres: «vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: HA RESUCITADO».

Durante esta semana hemos buscado con la mirada al sentenciado, al flagelado, al cargado con la cruz, al finalmente crucificado, al descendido de la cruz y al sepultado. Hoy consumamos esa contemplación, o de lo contrario todas las celebraciones de la Semana Santa habrán sido en vano.

Esta semana me he animado a escribir una carta pastoral de Pascua, que he titulado “Puentes de misericordia”. Con ella he querido recordarme y recordaros cómo toda la iniciativa de nuestra salvación proviene de Dios Padre, que es quien nos reconcilió consigo por medio de Cristo. Desde ahí es desde donde las comunidades cristianas y cada uno de sus miembros somos verdaderos puentes de vida y salvación para los demás.

En la síntesis de las aportaciones de la diócesis para la Asamblea Eclesial de la Iglesia en Castilla que se celebrará el mes que viene, todos los grupos consultados han remarcado cómo «el encuentro personal y comunitario con Jesucristo es el punto de arranque de cualquier proceso de renovación». También han señalado que «antes que cualquier cambio estructural, los grupos reclaman un cambio de mentalidad en sacerdotes y laicos que apueste de verdad por este nuevo estilo (sinodal y misionero)».

Continúo comentando la cita de Pablo: «si alguno está en Cristo, es una criatura nueva». Pablo resucitó en su fe al encontrarse con Jesús. Justamente por eso su vida fue esperanzadora y muy luminosa. De inicio puede parecer que hablar de cambio y de novedad es algo positivo y hasta agradable. Pero si somos sinceros, hemos de tener la honestidad y el coraje de reconocer que la novedad implica incomodidad e incertidumbre, y más para un modo de ser cristianos que se había vuelto a veces rutinario, rígido, cerrado. Por naturaleza nos resistimos a lo que nos es desconocido.

Sólo salimos del atolladero de nuestra atonía si acogemos con espíritu abierto y humilde aquí y ahora lo que Jesús resucitado dice a María Magdalena y a la otra María: «no tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Ellas lo hicieron y fueron apóstoles de los apóstoles. Hoy el eco del que verdaderamente ha resucitado renovará el mundo. Porque el Espíritu nos está inspirando en estos momentos que seamos creativamente fieles y fielmente creativos para cumplir la misión que nos dejó el Señor: «id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 19-20).

Decía Charles de Foucauld: «Dios es feliz y ha resucitado por mí». Se nos abre un horizonte inédito, estamos ap***s estrenando el cristianismo. Siempre lo dijo San Francisco de Asís: «ap***s hemos comenzado». No tiene sentido mirar hacia atrás si no es para hacer memoria de lo que comenzó en Galilea. Dios existe en el presente, aquí mismo, en cada uno, para todos. Se nos abren cincuenta días anuncio y esperanza, de comunidad y de vida. Estamos comenzando, somos puentes, muchos nos esperan. Porque verdaderamente ha resucitado.

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia

05/04/2026



La plaza de la Inmaculada acoge el encendido del Cirio Pascual, que marca el tránsito del silencio a la luz. Participan cuatro cofradías de la provincia y siete advocaciones marianas con la organizadora

05/04/2026

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La tradicional procesión reúne advocaciones marianas, incorpora novedades y refuerza la participación de cofradías de toda la provincia

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