Iglesia Salazar Almiradio

Iglesia Salazar Almiradio Una Unidad Parroquial conformada por las comunidades cristianas de Aspurz, Navascués, Ustés, Uscar

21/06/2025
Comunidad de Vida en el Valle de Salazar y Almiradío de Navascués, Navarra
21/06/2025

Comunidad de Vida en el Valle de Salazar y Almiradío de Navascués, Navarra

El sábado 14 de junio en la Parroquia San Cristóbal de Navascués, hemos disfrutado un concierto de la Coral del Sagrado ...
16/06/2025

El sábado 14 de junio en la Parroquia San Cristóbal de Navascués, hemos disfrutado un concierto de la Coral del Sagrado Corazón de Jesús. Cantaron en la misa, luego 10 canciones y al final un ameno compartir

NUESTROS POLÍTICOS... UNA VERGÜENZAY no me digas que la derecha o la izquierda son peores, basta con esa reflexión tan m...
14/06/2025

NUESTROS POLÍTICOS... UNA VERGÜENZA
Y no me digas que la derecha o la izquierda son peores, basta con esa reflexión tan mediocre
Es verdad que donde dos o más se reúnen en nombre de Dios, ahí está ÉL (Mt 18,20); también es verdad que donde dos o tres se juntan, hay diversidad y puede haber conflicto. Pero, no hay que temer al conflicto; ni a las diferencias. Hay que temer, más bien, a cerrarnos al diálogo y al encuentro, vemos nuestro mediocres políticos, corruptos y siguen… Ver más

03/02/2025

Curso básico de Teología. Tema 1. Ciclo introductorio. Lección 1

A principios de los sesenta el sociólogo canadiense Marshall McLuhan profetizó que el mundo sería una aldea global. Su a...
12/10/2024

A principios de los sesenta el sociólogo canadiense Marshall McLuhan profetizó que el mundo sería una aldea global. Su augurio, que algunos tacharon de la extravagante chifladura, se ha quedado corto. Hoy la humanidad posee los instrumentos de comunicación más poderosos de su historia. ¿Estamos mejor comunicados? En apariencia sí, pero con frecuencia las fronteras entre oportunidades y peligros, entre utopía y distopía, entre libertad y caos se difuminan.

Algunos dirán que el problema no radica en las herramientas, sino en su empleo, y defenderán su férreo control. Otros apelarán al sagrado derecho de la libertad individual y clamarán contra cualquier intención de establecer límites. La polarización da estos amargos frutos. Las redes sociales -alimentadas por oscuros y adictivos algoritmos- se han convertido en una jungla, sin normas ni reglas. Una tupida malla en la que todos, especialmente los más jóvenes, podemos quedar atrapados.

La virtud, como defendía Aristóteles (por favor, más filosofía en clase), se encuentra en el justo medio. Entre la restricción asfixiante y la anarquía hay un amplísimo territorio en el que manejarse sin dañar, sin dañarnos. ¿Cuál sería la brújula que nos debería guiar? La educación.

La educación exige empeño, sacrificio, búsqueda. No conformarse. La educación -en las aulas, pero también en casa- forja un espíritu crítico, que te lleva a distinguir la verdad de los bulos, la información de la comunicación. A respetar, a comprender, a preguntar y a escuchar. A ser mejor persona, ciudadano.

Una educación cimentada sobre la lectura. En un mundo hipertecnologizado e hiperconectado, en el que la soledad gana cada día más terreno; en el que nunca se ha hablado tanto y se ha escuchado tan poco… quizá el mayor acto de rebeldía sea LEER. La senda que conduce hacia la libertad. ¿Estamos dispuestos a recorrerla? Pues, en marcha.

Hace unos años recorría internet una foto de un niño sirio de unos tres años herido de muerte en la guerra fratricida de...
30/09/2024

Hace unos años recorría internet una foto de un niño sirio de unos tres años herido de muerte en la guerra fratricida de aquel país. La foto venía acompañada por el testimonio de quienes habían escuchado su última frase: «cuando muera, voy a contarle a Dios todo».
El espíritu de Justicia brotó de la boca de este niño cuando invocó a aquel que se había convertido en su único valedor. En la inocencia de un niño, son palabras que se vuelven sagradas, porque la paternidad de Dios se sitúa por encima de la injusticia. Y, a la vez, son palabras que resultan una amenaza. El asesino, el instigador, el interesado en esta guerra, podrá pretender mirar para otro lado y pensar que su causa es la justa y este un daño colateral; pero la simple sospecha de que las palabras hayan podido ser escuchadas por el Padre se clava en la conciencia.

El espíritu de Justicia visita el corazón cuando se siente una necesidad: Dios no se puede quedar al margen cuando su pueblo sufre. El Señor no abandona a sus preferidos. ¡No puede ser! La tentación es enfadarnos con Dios. Pero este espíritu compasivo nos empuja a querer estar más cerca del Señor, es decir, a acercarnos al hermano solo y desamparado, al pobre, al hambriento y al desnudo, al hermano que sufre la guerra y al que duerme en las calles de la ciudad.

Y este será nuestro juicio para saber si hemos sido justos o no: ¿dónde estábamos cada uno de nosotros cuando los pequeños invocaban a Dios?

¿Alguna vez has imaginado que te llamaba alguien al que admiras para que puedas seguirle y sumarte a su proyecto? ¿Esa l...
10/09/2024

¿Alguna vez has imaginado que te llamaba alguien al que admiras para que puedas seguirle y sumarte a su proyecto? ¿Esa llamada que sueñas y que pensarías: sí, aquí estoy para todo lo que necesites? Pues esa es la llamada que nos hace Jesús a cada uno de nosotros. Una llamada que nos lleva a salir de nosotros mismos, a ponernos en camino, a hacer de nuestra vida una gran aventura.

Y es que el mundo sigue necesitando de nosotros. De personas comprometidas, compasivas, conscientes y competentes, capaces de complicarnos la vida por los demás, especialmente por los que más sufren. Una llamada que nos hace felices de verdad y hace que todo cobre sentido, porque estamos llamados a ser hombres y mujeres para los demás. Es sentir, que cada uno tiene un lugar en el mundo, una vocación. Tan sólo necesitamos escuchar la llamada y pensar dónde podemos dar más fruto, con lo que somos y con los talentos que tenemos, cada uno los suyos.

Y quizás esta llamada es una invitación para el futuro, pero también para el presente, para este curso que comienza. Ir hacia las fronteras del mundo, de la ciencia, de la geografía y de la Iglesia entre otros. A las fronteras de nuestros colegios, de nuestras ciudades y de nuestras familias. Hacia aquellos lugares donde nadie quiere estar y donde todo se confunde, sabiendo que allí hace falta una respuesta desde el Evangelio que abogue por el bien y la verdad, por la justicia social y por el amor, por la belleza y por la reconciliación, por la fe y por la defensa de aquellos que más lo necesitan.

Ojalá podamos sentir su llamada y seguir a Jesús hacia las fronteras del mundo. Hoy, mañana y siempre.

Es la situación en Venezuela, pero también en Tierra Santa, en Ucrania, en Sudán y en otras tantas zonas calientes de nu...
16/08/2024

Es la situación en Venezuela, pero también en Tierra Santa, en Ucrania, en Sudán y en otras tantas zonas calientes de nuestro mundo. Lugares donde reinan la injusticia, la represión o la guerra, donde la democracia se tiñe de violencia, la verdad se mancilla entre tanta ideología y el número de víctimas no cesa de aumentar. Son los lugares donde emergen las tensiones de un mundo enfrentado, y donde sangra la humanidad mientras pregunta al cielo qué sentido tiene la guerra y el porqué de tanto dolor.

A veces, nuestra mirada «ideologizante» se queda en la crueldad del tirano de turno o en aquello que nos interesa, pero conviene no olvidar que ratas y asesinos ha habido siempre, los hay y los habrá, porque es algo inherente a la naturaleza del poder que busca perpetuarse sin control. Sin embargo, la mirada de Dios, por otra parte, está puesta en el dolor de un pueblo que sufre en silencio. Que ve cómo sus niños mueren entre el hambre, las bombas o la pura desolación. Que contempla cómo el anhelo más profundo pasa por la huida. Que ven que la esperanza les ha dado la espalda y que el mundo mira para otro lado mientras finge una cínica consternación. Que la tragedia persigue a cada familia y que su sangre es derramada sin mucha explicación.

El conocido por todos «he escuchado el clamor de mi pueblo» del Éxodo sigue estando vigente hoy. Y es que Dios no es arbitrario ni se acomoda en una estéril equidistancia como acostumbramos a hacer nosotros. Dios toma partido por su pueblo –no se aprovecha de él–, y nos invita a mirar con misericordia al débil, al que sufre, al que no encuentra consuelo entre tanta incomprensión. Es la mirada del que se compadece y se pregunta en el silencio de la oración, y también con obras y con palabras, ¿qué puedo hacer, Señor, por este mundo tan roto? ¿Y qué podemos hacer, con nuestra vida, para calmar tanto dolor?

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