06/09/2016
Quisiera lanzarte un desafío ahora que está empezando septiembre y los distintos eventos que ha vivido la Asociación este verano quedan cada vez más lejos en el tiempo (no en la memoria del corazón): ¿te atreverías a vivir, con igual intensidad y entusiasmo, cada uno de los días del curso?
La intensidad y profundidad con que se vive y se expresa la fe y la comunidad en estas situaciones "artificiales" es un maravilloso motor para prolongarlo luego durante todo el curso, pero igual esas fuerza se va poco a poco perdiendo con la rutina de los días y su carga de obligación. Es fácil rezar Laudes en la Escuela, pero ¿comienzas así también cada uno de tus días durante el curso?, ¿reservas al menos un espacio para la oración personal cada día, 5 minutos de calidad para Dios? Es fácil celebrar la Palabra o la Eucaristía en los encuentros JMV, y aunque sé que eso de celebrar la eucaristía a diario igual no está muy extendido entre los jóvenes, deja que te pregunte si la celebras al menos cada domingo, sin justificar tu ausencia y dando lo mejor de ti en cada celebración. Igual la respuesta es no (felicidades y sigue así si tu respuesta fue positiva). Celebrar el sacramento de la reconciliación en cada encuentro es un espacio donde poder desahogar el corazón y sentir el amor de Dios hecho perdón, pero ¿lo celebras frecuentemente durante el curso?, ¿buscas ese momento de encuentro contigo mismo y con Dios, reconociéndote pecador, necesitado de su misericordia?, ¿buscas de la misma manera a algún sacerdote o adulto en la fe para que ilumine algún aspecto de tu vida o te oriente ante decisiones existenciales?
Sea cual sea tu respuesta, ahí está el desafío. Es fácil vivir la fe de manera intensa en periodos cortos, la verdadera prueba consiste en mantener esa misma tensión todos los días del año, pues somos JMV 365 días, 24 horas al día. La fe no es un adorno que puedo poner o quitar a conveniencia. Acepta el desafío y todo cambiará, tú el primero, ya verás.