Jesuitas Murcia

Jesuitas Murcia Compañía de Jesús en Murcia Espacio en el que nos encontramos personas e instituciones vinculadas a la Compañía de Jesús en la ciudad de Murcia.

Son muchos proyectos e iniciativas en las que un grupo numeroso de jesuitas y laicos compartimos el sueño de colaborar, juntos, en el trabajo por la fe y la justicia. Cuenta de Twitter:

El Evangelio nos sitúa junto a Jesús en el templo, un lugar de enseñanza y también de preguntas, donde hoy es Él quien i...
05/06/2026

El Evangelio nos sitúa junto a Jesús en el templo, un lugar de enseñanza y también de preguntas, donde hoy es Él quien interpela con una cuestión sencilla pero profunda que invita a ir más allá de una lectura superficial. Detrás de sus palabras aparece la imagen de un Mesías distinto del esperado, pues el pueblo aguardaba un restaurador poderoso, mientras Jesús abre a la novedad de un Dios que salva de otra manera. Así, sin negar las esperanzas humanas, ensancha el horizonte y revela que Él no es solo un personaje más, sino el Señor que transforma la historia y nuestra forma de mirarla. También nosotros corremos el riesgo de reducirlo a nuestras ideas y seguridades, como quienes no supieron reconocerlo. Por eso, se nos invita a abrir el corazón y a preguntarnos sinceramente quién es Jesús para nosotros, dejándonos conducir por Dios y no por nuestros esquemas. Como la gente sencilla que lo escuchaba con agrado, estamos llamados a una actitud humilde y disponible, donde Cristo se hace camino, verdad y vida cuando lo dejamos ser realmente el Señor de nuestra vida. (Marcos 12, 35-37)

   .O.   Para escuchar en la oración de hoy, viernes, 5 de junio (Viernes IX del T.O.)_
05/06/2026

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Para escuchar en la oración de hoy, viernes, 5 de junio (Viernes IX del T.O.)_

Escuchá estas canciones en Spotify! https://spoti.fi/3ziNiUAContac...

   .O.   El Evangelio de este día nos sitúa y nos invita a contemplarnos junto a Jesús en el templo. Es un lugar de ense...
05/06/2026

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El Evangelio de este día nos sitúa y nos invita a contemplarnos junto a Jesús en el templo. Es un lugar de enseñanza, preguntas, discusiones. Incluso alguno se acerca a Jesús con la intención de ponerlo a prueba como contemplábamos ayer: Pero hoy es Él quien toma la palabra… y quien hace una pregunta. Una pregunta sencilla en apariencia, pero muy profunda: ¿cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David, si el mismo David lo llama Señor? No es una trampa, sino una invitación a ir más allá de una comprensión demasiado superficial de las escrituras. Detrás de estas palabras se esconde una imagen del Mesías, que no se corresponde demasiado con aquel que tienen delante. Porque el pueblo esperaba un Mesías fuerte, un descendiente de David que restaurara Israel, expulsara a los invasores y devolviera el esplendor perdido. Y aunque esta imagen es manifestación de una esperanza legítima, Jesús quiere que sus contemporáneos se abran a la novedad de Dios. El Mesías va a sanar y liberar, salvará, pero de una manera diferente. Así, Jesús, con delicadeza, abre nuestro horizonte sin negar nuestras esperanzas humanas, pero nos llama a esperar algo más grande, algo que va más allá de nuestros limitados esquemas. Porque Él no es solo un personaje importante dentro de la historia. No es solo un líder, ni un maestro más. Es el Señor. Y nos llama a contemplar la vida, la historia misma de una manera diferente. También nosotros, muchas veces, reducimos a Jesús a lo que entendemos, a lo que nos resulta cómodo. Lo encajamos en nuestras ideas, en nuestras expectativas, incluso en nuestras necesidades. Como aquellos que, aferrados a sus propias seguridades, no lograban reconocer lo que tenían delante. Por eso, Jesús nos llama a abrir nuestra mente y nuestro corazón y nos invita a experimentarle no desde nosotros, sino desde Dios mismo. De ahí surge la pregunta que le hacía Jesús a sus discípulos: «¿quién decís vosotros que soy yo?». Y esto lo preguntaba después de haberles anunciado su pasión. Nos dice el evangelio que la gente sencilla lo escuchaba con agrado, no porque lo entendieran todo, sino porque no se aferraban a las seguridades intelectuales de aquellos que eran sabios y entendidos. Esa es también la actitud que Jesús pide de nosotros: no salir al encuentro de Jesús con las respuestas hechas, sino con el corazón dispuesto a dejarnos sorprender, con la sencillez de quien sabe que necesita ser guiado. Y es entonces cuando Jesús se convierte en camino, verdad y criterio de vida. Ahí comienza todo: cuando dejamos que Él sea verdaderamente el Señor de nuestra vida. Buenos días!!! (Juanjo Martínez, sj)

Hay momentos en los que sobran las palabras y el silencio nos dispone a escuchar, como aquel escriba que se acercó a Jes...
04/06/2026

Hay momentos en los que sobran las palabras y el silencio nos dispone a escuchar, como aquel escriba que se acercó a Jesús con un corazón sincero buscando lo esencial. Su pregunta es también la nuestra: qué es lo más importante y qué sostiene nuestra vida. Jesús responde con el Shemá, recordándonos que el centro es amar a Dios con todo el ser, aunque tantas veces lo hayamos oído sin dejar que transforme nuestra vida. A este mandamiento une el amor al prójimo, que solo se comprende desde la experiencia de sabernos amados por Dios y dejar que ese amor se desborde en los demás. No es una carga, sino una invitación que da sentido a la vida, vivida plenamente por Jesús en su entrega total. Desde ese amor recibido, aprendemos a amarnos y a ser cauce de ese don, pidiendo un corazón abierto que haga de toda nuestra vida una respuesta concreta de amor. (Marcos 12, 28b-34)

   .O.   Para escuchar en la oración de hoy, jueves, 4 de junio (Jueves IX del T.O.)_
04/06/2026

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Para escuchar en la oración de hoy, jueves, 4 de junio (Jueves IX del T.O.)_

inspirada en Deuteronomio ...

   .O.   Hay días en los cuales huelgan las palabras y se deberían hacer presentes los silencios. Hoy es uno de esos día...
04/06/2026

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Hay días en los cuales huelgan las palabras y se deberían hacer presentes los silencios. Hoy es uno de esos días ante el Evangelio que contemplamos esta mañana. Y, sin embargo, incluso en el silencio, el corazón sigue buscando, como aquel escriba que se acercó a Jesús con una pregunta sincera, abierta, nacida del deseo de encontrar lo esencial. No creo que haya que decir muchas más cosas que lo que dice Jesús ante esa pregunta que le hace aquel doctor de ley, una pregunta sincera que intenta poner orden a la gran cantidad de mandamientos de la ley judía: «¿qué mandamiento es el primero de todos?». En el fondo, es la misma pregunta que también nosotros llevamos dentro cuando oramos: ¿qué es lo verdaderamente importante?, ¿qué sostiene nuestra vida? La respuesta de Jesús no es demasiado original porque utiliza algo suficientemente conocido, el Shemá. No deja lugar a dudas, pone ante nosotros lo que es el centro, el principio y fundamento de toda su predicación y todas sus actuaciones, lo que interpreta todo el resto de los mandamientos y todo lo dicho por los profetas: «amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». Palabras que hemos escuchado muchas veces, quizá tantas que corremos el riesgo de no dejarlas entrar de verdad en la vida. La originalidad viene de añadir un segundo mandamiento, ante el cual solemos poner la conjunción copulativa «y» para unir ambos, como lo hace el mismo escriba, con lo cual lo ponemos casi al mismo nivel: «y al prójimo como a ti mismo». Pero en realidad, este segundo no se entiende sin el primero, porque solo quien se sabe amado por Dios puede aprender a amar de verdad. Solo cuando acogemos ese amor que Dios derrama en el corazón, el amor comienza a expandirse, a hacerse vida concreta en la relación con los demás. El mandamiento o los mandamientos «primeros» de Jesús no son propiamente un mandato, sino una invitación que deberíamos de acoger porque de ella depende nuestra felicidad y salvación. No es una carga añadida, sino el camino mismo de la vida. Jesús no solo lo enseñó, lo vivió: toda su existencia fue una entrega continua, un amor que no se guardó para sí, sino que se dio hasta el extremo. Este amor no surge desde el esfuerzo, sino de experimentar el amor de Dios y dejar que éste nos vaya transformando por dentro. Desde ahí, estoy convencido una de las primeras cosas que deberíamos hacer es amarnos a nosotros mismos como Dios nos ama, porque éste es el punto de partida para amar a los demás. Dios nos ama para que nos amemos desde la humildad de sabernos queridos y regalados por el Padre, siendo cauces de ese amor hacia los demás. Es un amor que no se retiene, que no se administra con miedo, sino que se comunica, porque solo así permanece vivo. Pidamos un corazón sincero, un corazón abierto, capaz de acoger el amor de Dios y de dejarlo pasar a través de nosotros hacia los demás. Y que, poco a poco, nuestra vida entera se convierta en una respuesta a esa invitación sencilla y exigente de Jesús: amar. Buenos días!!! (Juanjo Martínez, sj)

San Pablo nos exhorta a reavivar el don de Dios que habita en nosotros, recordándonos que hemos recibido un espíritu de ...
03/06/2026

San Pablo nos exhorta a reavivar el don de Dios que habita en nosotros, recordándonos que hemos recibido un espíritu de fortaleza, amor y templanza, lo que nos lleva a vivir en constante agradecimiento por el don supremo de Cristo, entregado para darnos vida. En Él descubrimos con certeza que nuestro Dios es Dios de vivos, que desea nuestro bien y nuestra felicidad, y que no envió a su Hijo para condenar, sino para salvar desde la fe. Por eso, hemos sido llamados, perdonados y enviados a anunciar la vida nueva que hay en Cristo, levantándonos con ánimo para dar testimonio de su misericordia. El Evangelio nos muestra cómo algunos se acercan a Jesús desde la incredulidad y la cerrazón, intentando reducir el misterio de Dios a sus esquemas humanos. Sin embargo, Jesús revela que quien vive en Dios posee Vida verdadera, una vida que ya comienza aquí y se prolonga más allá de la muerte, manifestándose en esperanza y alegría. Así comprendemos que la resurrección no es solo una realidad futura, sino una experiencia presente que estamos llamados a gustar, creando espacios de vida en medio de nuestras realidades. Por ello, oramos y nos comprometemos a acompañar el sufrimiento con esperanza, siendo testigos de una Vida que no es solo promesa, sino gracia viva que brota del amor de Dios por todos. (Marcos 12, 18-27)

   .O.   «Reaviva el don de Dios que hay en ti […], pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza,...
03/06/2026

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«Reaviva el don de Dios que hay en ti […], pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza», le dice Pablo a Timoteo. Recogiendo ese consejo dirigido a nosotros, reconocemos que hemos de poner nuestro corazón en clave de agradecimiento por tanto que Dios ha hecho por nosotros, sobre todo por habernos entregado a su propio Hijo, que entregó su vida para que nosotros tengamos vida. Porque en Cristo intuimos, experimentamos con una certeza inextinguible, que nuestro Dios «no es Dios de mu***os, sino de vivos», que apuesta por la vida y quiere, antes que todo, nuestro bien y nuestra felicidad. Como le decía Jesús a Nicodemo, Dios no ha enviado a su Hijo para juzgar y condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él desde la fe. Y es Él el que nos ha llamado, perdonado y enviado a ser «apóstoles llamados a anunciar la promesa de la vida que hay en Cristo». Nos toca levantarnos, llenos del ánimo y la fuerza de la vida que hay en nosotros para dar testimonio de la misericordia del Viviente, y, así, que otros también se levanten, tomen sus camillas y retomen el camino de una vida nueva en el Espíritu. Es ésta la huella que deja el Evangelio de hoy en nuestros corazones, en el que un grupo de saduceos se acerca a Jesús para plantearle una pregunta absurda derivada de la ley del levirato, desconfiando de él y ridiculizando la resurrección. No se acercan a él desde la fe, ni siquiera desde la legítima duda ante el misterio de la muerte, sino desde la cerrazón ideológica y manipuladora, que intenta reducir la imagen de Dios a sus propios esquemas. Ante esta pregunta, Jesús nos transmite que quien está en Dios tiene Vida, ahora y después de esta existencia terrena, y transmite Vida, encarnada en la esperanza y la alegría que se pueda transmitir. Porque es el Dios que apuesta por la humanidad, apuesta por cada uno de nosotros. El verdadero problema, aunque no deja de serlo, no es morir sino vivir en Dios, que es en esencia la Resurrección, que no podemos observarla con categorías meramente temporales y limitadas, ni tan siquiera como algo a vivir después de esta vida solamente, es algo que hemos de gustar aquí y ahora, creando ámbitos de resurrección que nos hagan pregustar lo que puede ser vivir en la presencia de Dios, aunque limitadamente. Oremos esta mañana para que el Señor que derrame su gracia sobre nosotros para que seamos capaces de transmitirles la vida que el Señor nos ha llamado a vivir. No dejemos de esforzarnos por crear espacios de vida, espacios de resurrección en nuestras realidades cotidianas. Viviendo nuestro propio sufrimiento y acompañando el sufrimiento de los demás desde una certeza y una luz nuevas. Porque la Vida que estamos llamados a comunicar no es simplemente una promesa, sino una gracia que actúa desde un amor apasionado por el bien de mis hermanos. Buenos días!!! (Juanjo Martínez, sj)

Para escuchar en la oración de hoy, martes, 2 de junio (Martes IX del T.O.)_
02/06/2026

Para escuchar en la oración de hoy, martes, 2 de junio (Martes IX del T.O.)_

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