11/08/2025
Crónica de una peregrinación de esperanza.
Octava y última etapa, domingo 10 de agosto: "Peregrinos de esperanza".
Todo camino tiene un final, pero los caminos que se hacen con Dios… nunca terminan del todo. Todo lo que hemos vivido estos días cabe en una palabra: gracias. Y todo lo que nos llevamos se resume en un nombre: esperanza.
Ayer, el CDV25 llegó a su meta. Han sido días intensos, llenos de juegos, oraciones, encuentros, risas, eucaristías y momentos que quedarán grabados en la memoria y en el corazón. Y lo cerramos con el mismo latido con el que empezamos: la esperanza.
El lema de la jornada y el propio campamento, “Peregrinos de la Esperanza”, nos recordó que Jesús es la puerta siempre abierta, la que nos envía a llevar luz y alegría “a todos, todos, todos”.
El momento central fue la Eucaristía de Acción de Gracias, vivida junto a las familias de los acampados. Por segunda vez en esta semana, los niños y adolescentes procesionaron desde nuestra particular Plaza de San Pedro, pasando por la Puerta Santa, hasta llegar al lugar de la misa al aire libre. Allí nos esperaba el signo que daba sentido a todo delante del altar: la puerta del sepulcro abierta, símbolo de que la esperanza nunca se encierra y que la vida vence siempre.
Fue una celebración alegre, emotiva y profundamente agradecida, el corazón de la jornada. Le dimos gracias a Dios por cada paso, por cada encuentro, por cada persona que ha formado parte de este camino. Cantamos con fuerza, oramos con alegría y sentimos que, de verdad, Jesús camina con nosotros.
Al finalizar la misa se entregó la “Cedeuvensis” a los acampados y animadores, reconociendo no solo lo que han hecho, sino lo que han vivido y compartido. Cada diploma era un “gracias” y un “cuenta conmigo” para seguir caminando juntos.
Tras la misa, compartimos una comida fraterna con las familias, en un ambiente bonito, distendido y lleno de reencuentros, risas, anécdotas y el sabor de la alegría de haber vivido algo grande juntos.
Y, como todo buen final, llegó la hora de la despedida. Hubo abrazos largos, fotos apresuradas, promesas de verse pronto, intercambios de contactos y alguna lágrima que decía más que mil palabras. Porque cuando Dios se cuela en el camino, la esperanza ya no es una idea… es un vínculo que une corazones.
Ayer cerramos el CDV25.
Hoy seguimos siendo peregrinos.
Porque la esperanza que hemos recibido…
está llamada a llegar a todos, todos, todos.
Gracias, Señor, por este campamento.
Por cada persona que ha formado parte.
Por todo lo que hemos aprendido y recibido.
Haznos peregrinos de la esperanza allí donde nos envíes.
Rezad para que lo vivido no se quede solo en fotos, sino que se convierta en vida.
Que cada uno, en su casa, en su centro educativo, en su grupo, en su parroquia siga siendo peregrino de la esperanza.