Los desfiles procesionales han corrido a cargo de la Cofradía de la Vera Cruz desde tiempos muy remotos; hoy día la Hermandad Pro Semana Santa se encarga de la coordinación de los desfiles y del transporte de pasos. El primer acto de la Semana Santa tiene lugar el Domingo de Ramos. En éste se bendicen los ramos, que suelen ser de olivo y laurel, en la plaza de la Farola yendo después en procesión
hasta el templo donde se celebra la Santa misa. Los actos más importantes, no tienen lugar hasta los cuatro últimos días de la semana. Dan comienzo el Jueves Santo a las cinco de la tarde con los Santos Oficios y el traslado del Santísimo al Monumento. A las diez de la noche sale la primera procesión: la Dolorosa, que desfila acompañada por sus Damas, que visten riguroso luto negro y siguen al paso de Cristo crucificado. Los cofrades visten túnica morada con la caperuza del mismo color y un rústico farol metálico. Termina el Jueves con la Hora Santa, tras la procesión ya dentro del templo. El Viernes Santo a las once de la mañana sale la procesión del Vía crucis, en la que desfilan las imágenes de El Cristo de Medinaceli, seguido del Nazareno, adquirido por cuestación popular en 1999 y cierra la procesión el hermoso calvario. Cristo en la cruz acompañado por la Virgen y por san Juan, el apóstol predilecto de Jesús, este paso fue donado por un matrimonio de la parroquia y bendecido con motivo de una Misión Popular, el 25 de octubre de 1942. A las cuatro de la tarde, y tras los Santos Oficios, el sagrado Cristo de la Cofradía de la Vera Cruz, que es una bella talla barroca de hondo dramatismo y la antiquísima Urna con el cuerpo de Cristo Yacente, talla de notable perfección, con los brazos articulados para escenificar el Descendimiento de la Cruz, hacen un recorrido por las calles de la villa, en la mayor de las procesiones, el Santo Entierro, acompañan a Cristo yacente la dolorosa y San Juan. La Urna de la que aquí se habla fue adquirida en el siglo XIX a la Cofradía de la Vera Cruz de Astorga, en la provincia de León. Portan en esta procesión los niños, vestidos con túnica morada y la cabeza descubierta, las nueve tablas con los signos de la Pasión. Al finalizar es costumbre convocar la Asamblea General de la Cofradía de la Vera Cruz, en la que se renuevan los cargos de la Junta para el año siguiente. A las diez de la noche del mismo día recorre las calles de la villa la procesión de La Carrera o de la Soledad, en la que dicha virgen sigue en el silencio de la noche el paso de El Santo Sudario. El Sábado a las once de la mañana se reza un vía crucis en la iglesia, este fue comprado por la Asociación de los Corazones en el año 1955. A las nueve la cofradía de las animas hace su procesión al cementerio,posteriormente,a las nueve y media se celebra en el interior del templo y bajo riguroso silencio la solemne Vigilia Pascual. El Domingo a las doce y media de la mañana tiene lugar la procesión del Encuentro, en la que salen hombres y mujeres desde el templo, separados en dos procesiones, una formada por los hombres que acompañan al Cristo Resucitado, imagen donada por un devoto en 1987 y recorre algunas calles de la Villa hasta la plaza de la Farola, en la que coincide con la otra procesión compuesta únicamente por mujeres, que acompañan a la Virgen y que ha realizado un recorrido diferente, y en el punto de confluencia tiene lugar el Acto del Encuentro; una vez terminado éste se funden las dos procesiones en una sola que sigue hasta la iglesia parroquial. A las cinco de la tarde del mismo día se reúne en Magna Asamblea el Consejo de la Hermandad, dándose por finalizados los actos. Un hábito cuyo suceder a través de los tiempos lo ha anclado en la tradición, es el redoblar de los tambores. Es imprescindible para el buen desarrollo de las procesiones y el causante de ese entorno solemne y mágico que se crea sobre ellas. El ritmo es esencial para el discurrir disciplinado de todos los pasos y corre a cargo de la banda de la hermandad. También desde lo alto de la torre son acompañados algunos actos, como la Vigilia Pascual, por el resonar de las campanas, que cantan a manos de unos pocos virtuosos. El canto es quizás el sonido más importante, otorga el valor y la solemnidad de antaño a las procesiones. En 2000, fue recuperado el Rosario de la buena muerte gracias a la Hermandad pro Semana Santa. En la antigüedad era entonado por los hombres de la Vera Cruz en un desfile desde la casa de la cofradía hasta la iglesia mayor, momentos antes de la procesión de la Soledad. Hoy en día es entonado por sesenta cofrades en el transcurso de otro desfile, con fin en el templo mayor de la villa y con inicio en la sede de dicha organización. Son muchos más los cantos de procesión, pero si existe uno más relevante, con más tradición, con mayor antigüedad y solemnidad, ese es el Miserere en latín. Cantado por un coro de hombres, recorre la noche del Jueves Santo las calles de la villa enmudeciendo las gargantas. Si en Hispalis cantan saetas, en Monte Boe recitan poesías. Con ellas, los devotos muestran su gratitud o admiración hacia Cristo o hacia la virgen y la procesión se paraliza en algún momento de la noche para escucharlas. Otra gran tradición es la de las carracas. Consiste en hacer sonar estos instrumentos minutos antes del comienzo de las procesiones que se encuentran dentro del tiempo yacente de Cristo. Durante esos días está prohibido el toque de campanas y es la forma de aviso utilizada. Todos o casi todos los niños, jóvenes y no tan jóvenes poseen en sus casas una de estas preciadas joyas construidas antaño. Merece la pena destacar el carrascón de seis "roquiles", fabricado a mano allá en los años 60 por el gran maestro de las carracas D. Agustín, y que hoy se encuentra bien cuidado y custodiado en la sede de la Hermandad. Posiblemente la mayoría de las carracas de Mombuey tengan su firma anónima y altruista.