13/04/2016
En estos días estamos tan llenos de nosotros mismos, que casi no nos damos cuenta de ello, y lo que necesitamos con urgencia es ser llenos con Cristo. A menudo es aún difícil de discernir que tan diferentes son nuestros caminos de los Suyos porque, sin importar la clase de hogar en que hayamos crecido, Cristianos o no Cristianos, y debido al pecado que mora en nosotros y a que crecimos en una cultura donde la iglesia forma parte, hemos adquirido hábitos, comportamientos, patrones de pensamiento, y argumentos de fuentes diferentes a Jesucristo, y aún muchas veces sin siquiera saberlo.
Este era el objetivo de Pablo: "Porque para mí el vivir es Cristo" (Filipenses 1:21). Pablo no siempre vivió para Cristo. Él sólo comenzó a hacerlo cuando Jesús lo confrontó en el camino a Damasco y lo convenció de su pecado, y cuando por gracia fue llevado a ver a Jesús por lo que Él era (Hechos 9: 1-19). Haga de Jesús su oración y clame a Él. Pídale a Jesús la capacidad para buscarlo primero a El como lo ordenó en Mateo 6: 25-33."Jesús, Yo te necesito." Yo no puedo vivir mi vida sin ti.
Jesús, tú no eres sólo una idea, una lista de qué hacer y qué no hacer, una doctrina, o un motivo. ¡Te necesito y me haces falta! Quiero conocerte tan bien que te conozca mejor que a nadie — mi familia, mis amigos, mi mejor amigo — hasta a mi mismo. Quiero que estés conmigo aquí mismo, ahora mismo. Anhelo poder sentarme a tu lado, pasar el tiempo en su presencia, y hacerte las preguntas que llenan mi mente y mi corazón. Quiero poder correr hacia ti, descansar mi cabeza en tu hombro, derramar mi corazón a ti y tener tus brazos alrededor de mí y que me digas la verdad — incluso la dura verdad. Necesito tu ayuda, tu gracia, tu misericordia. Yo no puedo hacer mi vida solo."
«Porque Cristo es la razón de mi vida, y la muerte, por tanto, me resulta una ganancia.»
FILIPENSES 1:
«Entre tanto, Saulo *, que seguía respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se dirigió al sumo sacerdote y le pidió cartas de presentación para las sinagogas de Damasco. Su intención era conducir presos a Jerusalén a cuantos seguidores del nuevo camino del Señor encontrara, tanto hombres como mujeres. Se hallaba en ruta hacia Damasco, a punto ya de llegar, cuando de pronto un resplandor celestial lo deslumbró. Cayó a tierra y oyó una voz que decía: — Saúl *, Saúl, ¿por qué me persigues? — ¿Quién eres, Señor? —preguntó Saulo—. — Soy Jesús, a quien tú persigues —respondió la voz—. Anda, levántate y entra en la ciudad. Allí recibirás instrucciones sobre lo que debes hacer. Sus compañeros de viaje se habían quedado mudos de estupor. Oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, cuando abrió los ojos, no podía ver. Así que lo llevaron de la mano a Damasco, donde pasó tres días privado de la vista, sin comer y sin beber. Residía en Damasco un discípulo llamado Ananías. En una visión oyó que el Señor lo llamaba: — ¡Ananías! — Aquí estoy, Señor —respondió—. El Señor le dijo: — Vete rápidamente a casa de Judas, en la calle Recta, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Ahora está orando y acaba de tener una visión en la que un hombre llamado Ananías entra en su casa y le toca los ojos con las manos para que recobre la vista. — Señor —contestó Ananías—, muchas personas me han hablado acerca de ese hombre y del daño que ha causado a tus fieles en Jerusalén. Y aquí mismo tiene plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para prender a todos los que te invocan. — Tú vete —replicó el Señor—, porque he sido yo quien ha elegido a ese hombre como instrumento para que anuncie mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes y al pueblo de Israel. Yo mismo le mostraré lo que habrá de sufrir por mi causa. Ananías partió inmediatamente y tan pronto como entró en la casa, tocó con sus manos los ojos de Saulo y le dijo: — Hermano Saulo, Jesús, el Señor, el mismo que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo. De repente cayeron de sus ojos una especie de escamas y recuperó la vista. A continuación fue bautizado, tomó alimento y recobró fuerzas. Saulo se quedó algún tiempo con los discípulos que residían en Damasco,»
HECHOS 9:1-19
«Por lo tanto les digo: No anden preocupados pensando qué van a comer o qué van a beber para poder vivir, o con qué ropa van a cubrir su cuerpo. ¿Es que no vale la vida más que la comida, y el cuerpo más que la ropa? Miren las aves que vuelan por el cielo: no siembran, ni cosechan, ni guardan en almacenes y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¡Pues ustedes valen mucho más que esas aves! Por lo demás, ¿quién de ustedes, por mucho que se preocupe, podrá añadir una sola hora a su vida? ¿Y por qué preocuparse a causa de la ropa? Aprendan de los lirios del campo y fíjense en cómo crecen. No trabajan ni hilan y, sin embargo, les digo que ni siquiera el rey Salomón, con todo su esplendor, llegó a vestirse como uno de ellos. Pues si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy está verde y mañana será quemada en el horno, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué débil es la fe que ustedes tienen! Así pues, no se atormenten diciendo: “¿Qué comeremos, qué beberemos o con qué nos vestiremos?”. Esas son las cosas que preocupan a los paganos; pero el Padre celestial ya sabe que las necesitan. Ustedes, antes que nada, busquen el reino de Dios * y todo lo justo y bueno que hay en él*, y Dios les dará, además, todas esas cosas.»
MATEO 6:25-33