03/09/2026
CONFESIÓN DE SAN GREGORIO MAGNO EN EL COLOFÓN DE SUS ’Moralia in Job'.
Al concluir su extenso comentario al libro de Job —los Moralia in Iob, una de las obras más copiadas y que más influyó a lo largo de toda la Edad Media—, Gregorio Magno (m. 604) nos brinda este bello y conmovedor colofón en el que, en un tono penitencial, nos abre su corazón y muestra las heridas del mal en él.
"Terminada, por tanto, esta obra, veo que debo volver a mí mismo, pues mi mente, al esforzarse por hablar correctamente, se ha dispersado demasiado fuera de sí misma. Mientras pensamos en qué palabras utilizar para expresarnos, la integridad del alma disminuye, pues es saqueada desde dentro.
Por eso es preciso volver del discurso público al tribunal del corazón, para, como en un consejo consultivo para discernir sobre mí mismo, convocar a los pensamientos de mi corazón y así examinar si he dicho malas palabras sin cautela, o palabras buenas de manera inapropiada. Se dice bien el bien cuando aquel que habla lo hace con la intención de complacer solo al que la recibe. Y, ciertamente, aunque no encuentro que haya dicho nada malo, no aseguro no haberlo dicho en absoluto. Sin embargo, si he dicho algo bueno recibiéndolo de Dios, confieso haberlo dicho menos bien debido a mi error.
Al volver hacia mí mismo, dejando a un lado el follaje de mis palabras y el ramaje de mis opiniones, al examinar sutilmente la raíz misma de mi intención, reconozco ciertamente haber deseado complacer mucho a Dios, pero, al mismo tiempo, que mi intención humana de obtener elogios se ha interpuesto furtivamente, no sé cómo, a esa intención de complacer a Dios. Ahora que lo examino, me doy cuenta de que he actuado de forma diferente a como empecé. Así como comemos por necesidad, pero en el acto de comer se mezcla furtivamente el placer, de forma que a menudo lo que empezó por causa de la salud lo completamos por causa del placer, del mismo modo sucede a menudo que a nuestra intención, que comienza rectamente ante los ojos de Dios, se le suma ocultamente, como atrapándola en el camino, el deseo del elogio humano. Es necesario, por tanto, reconocer que, mientras nuestra intención recta busca complacer solo a Dios, se ha visto a veces acompañada y acechada por esa intención menos recta que con los dones de Dios busca complacer a los hombres.
Pero si somos examinados estrictamente por Dios en estos asuntos, ¿qué refugio nos quedará en medio de todo esto cuando vemos que nuestro mal es siempre mal puro, pero el bien que creemos tener nunca llega a ser un bien puro?
Mas creo que vale la pena que confiese abiertamente a los oídos de mis hermanos todo lo que ocultamente reprocho en mi interior. Y, puesto que comentando el libro de Job no he ocultado mi opinión, ahora, al confesar, no escondo aquello de lo que sufro. Por medio de la exposición sobre el libro de Job, revelé mis dones; por medio de esta confesión descubro mis heridas. Y, puesto que en el ancho género humano no faltan ni pequeñuelos que deban ser instruidos por mis palabras, ni grandes que puedan conmiserarse de mi debilidad una vez conocida, por ello, con mi exposición ofrezco a algunos hermanos cuanta ayuda me es posible y con mi confesión la espero, a su vez, de otros hermanos. A los primeros, mediante mi exposición, les he dicho lo que deben de hacer; a los segundos, mediante mi confesión, les muestro lo que han de perdonarme. A aquellos no les he negado la medicina de las palabras, y a estos no les escondo mis heridas y laceraciones.
Por eso ruego que quien esto lea me brinde ante el estricto juez el consuelo de su oración y que lave con lágrimas todo lo que de despreciable halle en mí. Al comparar la potencia de mi comentario y la potencia de la oración, veo que mi lector me superará con creces en la recompensa si a cambio de las palabras que de mí recibe ofrece sus lágrimas por mí."
Foto de Alfa y visión de Isaías en la copia de los Moralia in Iob realizada por Florencio de Valeránica