29/05/2026
Día II *26 de mayo por la tarde*: Écija, el Crisol de la Luz y el Desagravio.
El segundo día de nuestra *peregrinación* nos condujo hacia *Écija*, una tierra que no solo resguarda los ecos de la historia, sino las huellas profundas y vivas de nuestro *Fundador, el Padre José Gras y Granollers*.
Caminar por sus calles fue adentrarse en el escenario de la labor del Padre Gras como *preceptor de los Marqueses de Peñaflor*, una misión que trascendió las aulas palaciegas para quedar cincelada eternamente en el corazón de la nobleza. Con la firme convicción de que «solo la educación ilumina la mente y hermosea los corazones», el fundador transformó la enseñanza en un acto de amor puro, demostrando que la verdadera nobleza reside en el alma que se cultiva para el bien.
Sin embargo, Écija no fue solo un lugar de siembra intelectual; fue también una ciudad de profundos desafíos espirituales para nuestro fundador. Allí, donde Jesús nuestro Rey fue herido en lo más sagrado —Su divinidad—, brotó en el corazón del Padre Gras un celo ardiente de reparación.
Ante el dolor de la ofensa, el amor respondió con fuerza. Conmovidos, rememoramos aquel hito histórico y espiritual: el Primer Triduo de desagravio que el Padre Gras elevó en la íntima solemnidad de la Iglesia de Santa María. En ese mismo espacio donde el silencio se hizo oración y la herida se transformó en ofrenda, nosotros, como herederos de su carisma, unimos nuestras voces y corazones al mismo grito de amor y reparación:
¡Cristo reina! Ayer, como reina hoy y reinara mañana.