Parroquia Nuestra Señora de las Américas

Parroquia Nuestra Señora de las Américas Parroquia de la Iglesia Católica en Madrid. Los sacerdotes pertenecen a la Fraternidad Misionera Verbum Dei. Sábados a las 19:30.

Las eucaristías son a las 10:00 y 19:30 de lunes a viernes. Domingos a las 10:30; 12:30 y 19:30.

21/04/2025

"Llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos."(Mt28,8-15). ¿Se puede estar al mismo tiempo llenas de miedo y de alegría? Pues sí, miedo por no ser capaces de entender lo que está pasando. La posibilidad de la resurrección de Jesús llenaba de preguntas y de perplejidad la vida de las mujeres. Y si es verdad que el amor no muere. Y si el fracaso, el sufrimiento, la pérdida no es lo definitivo de lo humano. Y si estamos invitados a soñar que no tenemos techo. Es imposible no llenarse de alegría cuando Dios cumple sus promesas. ¡Aleluya!

VigiliaPascual
20/04/2025

VigiliaPascual

Pascua 2025. Verbum Dei Siete Aguas

20/04/2025

Pascua 2025. Verbum Dei Siete Aguas

28/10/2024

6. DAVID (CAÍDA Y REDENCIÓN)
Introducción. La historia de David nos enseña la preferencia que Dios siempre tiene por lo pequeño y lo último. David es el más pequeño de todos los hijos de Jesé. Después del fracaso que supuso el reinado de Saúl, el pueblo sigue pidiendo a Dios la figura de un rey que les gobernase y les dirigiera. Samuel, inspirado por Dios, elige a David, el hijo pequeño de Jesé, como el sucesor de Saúl. Él va a ser el protagonista de la historia de Israel durante los años siguientes. David no estaba en la casa cuando los visita Samuel. Después de presentarle los 6 hermanos mayores que David, y que Dios no los había elegido pregunta Samuel: «Pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a estos». Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿No hay más muchachos?». Y le respondió: «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño». Samuel le dijo: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa, mientras no venga». Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este» (1Sam 16,10-12). Nosotros miramos las apariencias, pero Dios mira el corazón. Y David es el elegido por su fe, por su confianza puesta en el Señor. Un momento evidente es cuando tiene que enfrentarse a Goliat.
«David añadió: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo». Entonces Saúl le dijo: «Vete, y que el Señor esté contigo» (1Sam 17,37).
Sorprende que la pequeñez, la vulnerabilidad puesta en las manos del Señor se convierte en fortaleza y en manifestación del poder de Dios, que muestra su fuerza en nuestra debilidad humana. El éxito de vencer a Goliat encumbró a David a ser el nuevo rey de Israel. Ese paso de pastor del rebaño a vivir entre palacios no le sentó bien a David. Se convirtió en un poderoso que en vez de servir a su pueblo empezó a servirse de él.
Lo que Dios nos dice. «Una tarde David se levantó de la cama y se puso a pasear por la terraza del palacio. Desde allí divisó a una mujer que se estaba bañando, de aspecto muy hermoso. David mandó averiguar quién era aquella mujer. Y le informaron: «Es Betsabé, hija de Elián, esposa de Urías, el hitita». David envió mensajeros para que la trajeran. Llegó a su presencia y se acostó con ella, que estaba purificándose de sus reglas. Ella volvió a su casa. Quedó encinta y mandó este aviso a David: «Estoy encinta» (2Sam 11,2-5).
La infidelidad de David ocasionó muchos efectos colaterales. Por un lado, violó sin su consentimiento a Betsabé, fruto de esa violación se engendró un hijo que al final murió. Urías el marido legitimo de Betsabé y amigo personal de David, murió para que ella pudiera quedar viuda y David se pudiera casar con ella. La fuerza destructiva del pecado es así, es una espiral creciente de maldad que acaba dejando muchas víctimas, solo por el deseo insano de los poderosos. El pequeño David pastor, pobre, sin pretensiones, mudó en un poderoso depredador de vidas. Todo comienza con una infidelidad, la del rey David, que en tiempos de guerra en vez de estar en con su ejército, estaba durmiendo la siesta. Le sigue un capricho unilateral, no es amor, no hay consentimiento, ve a Betsabé, la desea y la obligan a prestarse a la lujuria del rey. Y todo acaba en la muerte del bebé y de Urías. Cuando David se hace consciente de su pecado gracias a Natán el profeta que es capaz de confrontarle, de hacerle ver que sus decisiones has afectado a la paz y a la convivencia de su pueblo. «David respondió a Natán: «He pecado contra el Señor». Y Natán le dijo: «También el Señor ha perdonado tu pecado. No morirás (2Sam 12,13). De esa experiencia de caída, de profunda decepción del propio comportamiento, nace una renovada experiencia de Dios. Cuando lo que pensamos de nosotros mismos, es el final, la desgracia, la muerte, Dios es capaz de recrearnos y darnos un nuevo inicio. David compuso la oración más redentora que nunca se ha pronunciado en forma de salmo. «Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad en tu presencia. En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente. Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre. Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve. Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti» (Sal 50).
Cómo podemos vivirlo. Aprendamos del dolor de David a no vivir excesivamente centrados en nosotros mismos, en nuestros gustos, en nuestro interés y aprendamos a vivir en la confianza del joven David el pastor. El mismo que se enfrentó a Goliat con la ingenuidad de dos piedras, pero la confianza intacta en el Señor.

21/10/2024

5. MOISÉS (RENACIDO DE LAS AGUAS)
Introducción. Moisés significa el rescatado por las aguas y su nombre es reflejo de toda su vida. Se convierte para todos nosotros en padre de la fe y nos ayuda a vivir envueltos en nuestras propias paradojas. Es el hombre de las grandes paradojas: siendo hijo de una familia judía, oprimida, esclava, es rescatado por la hija del faraón egipcio. De la pobreza máxima, el destino le lleva a ser educado en el palacio del faraón. Educación exquisita, ambientes palaciegos, pero al ver la injusticia que sufre un hermano suyo hebreo, se ve obligado a defenderlo lo que le exige huir, salir de su palacio, de su privilegio, de su opulencia e ir al desierto. A Jesús le presenta el evangelio de Mateo como el “nuevo Moisés”. Y desde el desierto, vive el episodio más transformante de su vida: la zarza ardiente se convierte el en encuentro personal con Dios. Otra paradoja que acompaña su vida es que después de caminar durante cuarenta años, nunca llegó a pisar la tierra prometida. Tanto esfuerzo para no completar su misión. Pero la vida, según Jesús no es tanto “la meta”, como la forma de recorrer el “camino” (cf. Jn 14,6).
«El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Moisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver por qué no se quema la zarza». Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: «Moisés, Moisés». Respondió él: «Aquí estoy». Dijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado». Y añadió: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob». Moisés se tapó la cara, porque temía ver a Dios. El Señor le dijo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo de los egipcios, a sacarlo de esta tierra, para llevarlo a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel, la tierra de los cananeos, hititas, amorreos, perizitas, heveos y jebuseos. El clamor de los hijos de Israel ha llegado a mí y he visto cómo los tiranizan los egipcios. Y ahora marcha, te envío al faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel» (Ex 3,2-10).
Se convierte en el liberador del pueblo durante cuarenta años. Aprende a ser su pastor. ¿Escuchamos nosotros la opresión de nuestro pueblo? ¿Sentimos la necesidad que Dios tiene de nuevos Moisés que encabecen proyectos de liberación? Moisés pasa del desánimo, ante la terquedad del pueblo, a la esperanza depositada en el Dios providente de cómo cuida de cada paso del pueblo. ¿Hay un mar que impide la huida? Moisés abre caminos en el mar por la acción de Dios. ¿Falta agua y muere el pueblo de sed?, pues la hace brotar de en medio de la roca. ¿Tiene necesidad de carne? desciende un montón de codornices. Les alimenta de maná en el desierto. Es testigo de la fidelidad de Dios en la cumbre del Sinaí, y es testigo de la dureza e infidelidad crónica de su pueblo. Se encuentra cara a cara con Dios en la tienda del encuentro. Moisés nos anima a los creyentes del hoy en día a buscar nuestra propia intimidad, nuestra tienda del encuentro. Buscar personas que sean tiendas de encuentro, comunidades, lugares, momentos, que nos acerquen a Dios cuando nos alejamos de Él.
Lo que Dios nos dice. «Moisés levantó la tienda y la plantó fuera, a distancia del campamento, y la llamó «Tienda del Encuentro». El que deseaba visitar al Señor, salía fuera del campamento y se dirigía a la Tienda del Encuentro. Cuando Moisés salía en dirección a la tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, mirando a Moisés hasta que este entraba en la tienda. En cuanto Moisés entraba en la tienda, la columna de nube bajaba y se detenía a la entrada de la tienda, mientras el Señor hablaba con Moisés. Cuando el pueblo veía la columna de nube a la puerta de la tienda, se levantaba y se postraba cada uno a la entrada de su tienda. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo» (Ex 33,7-11).
Moisés fue viviendo el proceso de encontrarse con el Dios desconocido, al que le pregunta todo, su nombre, su identidad y a lo largo de su vida va encontrando las respuestas. Luego de transcurridos tres meses (Éxodo 19) desde que los hebreos habían salido de Egipto y durante la travesía por el desierto, Dios confirió los Diez Mandamientos directamente a Moisés y lo hizo en el monte Sinaí. Cuando Moisés bajó a notificar a su pueblo, descubrió que en su ausencia los israelitas habían fundido metales preciosos y construido un becerro de oro, y comprendió que lo veneraban.
Cómo podemos vivirlo. La idolatría cometida por el pueblo provocó la ira de Dios e, indignado, Moisés montó en cólera y arrojó las Tablas de la Ley, destruyendo asimismo el ídolo de oro. Sigue siendo muy actual que pongamos nuestra confianza y nuestros deseos en proyectos alejados de Dios. Con facilidad nos despistamos y seguimos a otros señores. Por eso necesitamos a un Moisés que nos recuerde la necesidad de volver a Dios. Las prescripciones divinas fueron adoptadas por el pueblo. Llegó a ser amigo de Dios. Su cuerpo exhausto después de caminar cuarenta años descansa con la convicción de haberlo puesto todo.

13/10/2024

15. AGAR.
Introducción. Hoy os presento a Agar, que es la madre del primogénito de Abraham, de Ismael, aquel que: «Bendecirá a todos los pueblos de la tierra» (Gen 12,3). Agar significa “recompensa”, “la que emigra”, “la huida. Quizá su vida no coincida con la nuestra, pero resuena en nuestras propias emociones y experiencias de dolor, de búsqueda, de Dios, de la felicidad. Toda la Biblia está en cada persona. Somos Adán y Eva, el mal y el bien, y también somos Agar. La experiencia religiosa supone un viaje de ida y vuelta, un camino interior, a lo profundo y un camino hacia la realidad, hacia el mundo, hacia el encuentro y el compromiso. Agar está relacionada íntimamente con Sara, ella era la esclava, y Sara la señora. Esclava es una palabra que no precisa adjetivo. Deja de ser persona, es un objeto. Era una egipcia esclava, curiosamente siglos después los esclavos en Egipto serán los israelitas, los descendientes de Abraham. La vida da muchas vueltas y los primeros a veces se vuelven últimos, y muchos últimos serán primeros. Agar siendo esclava llegó a ser matriarca de sangre y espíritu de un gran linaje que se ha desplegado por los siglos y por toda la tierra. Es la matriarca directa y única de la etnia árabe, y del Islám. Es la mujer que saliendo de la casa donde es maltratada y donde entran en conflicto por su linaje, superando los peores problemas, alcanza la tierra de liberación y un agua sin final.
Lo que Dios nos dice. «Al ver que el hijo de Agar, la egipcia, y de Abrahán jugaba con Isaac, Sara dijo a Abrahán: «Expulsa a esa criada y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa criada con mi hijo Isaac». Abrahán se llevó un disgusto, pues era hijo suyo. Pero Dios dijo a Abrahán: «No te aflijas por el muchacho y la criada; haz todo lo que dice Sara, porque será Isaac quien continúe tu descendencia. Pero también al hijo de la criada lo convertiré en un gran pueblo, pues es descendiente tuyo». Abrahán madrugó, tomó pan y un odre de agua, lo cargó a hombros de Agar y la despidió con el muchacho. Ella marchó y fue vagando por el desierto de Berseba. Cuando se agotó el agua del odre, colocó al niño debajo de unas matas; se apartó y se sentó a solas, a la distancia de un tiro de arco, diciendo: «No puedo ver morir al niño». Se sentó aparte y, alzando la voz, rompió a llorar. Dios oyó la voz del niño, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo; le dijo: «¿Qué te pasa, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del chico, allí donde está. Levántate, toma al niño y agárrale fuerte de la mano, porque haré que sea un pueblo grande» (Gn 21,9-18).
Dios es capaz de acoger la condición de egipcia y de esclava y darle una dignidad común a todo ser humano. Agar es maestra para todos aquellos que nos hemos sentido “la otra”, “el otro”, “los nadie”. Se sentía excluida por extranjera, por esclava, por mujer. Es la que comprende a todos los quer alguna vez nos sentimos extraños, sin encajar en los diferentes ambientes de nuestra vida. Agar es la que emigra, como los millones de refugiados e inmigrantes que en la actualidad se desplazan buscando un futuro mejor. Cada hombre y cada mujer de la historia y del mundo es hijo e hija de Dios, es su imagen viva (Gn 1,26). Somos Teofanías, manifestación viva de Dios. No hay nada más sagrado que una vida humana.
«Saray, la mujer de Abrán, no le daba hijos; pero tenía una esclava egipcia llamada Agar. Saray dijo a Abrán: «El Señor no me concede hijos, llégate, pues, a mi esclava a ver si tengo hijos por medio de ella». Abrán aceptó la propuesta de Saray. Así, a los diez años de habitar Abrán en Canaán, Saray, la mujer de Abrán, tomó a Agar, la esclava egipcia, y se la dio a Abrán, su marido, como esposa. Él se llegó a Agar y ella concibió. Al verse encinta, le perdió el respeto a su señora» (Gn 16,1-4).
En la antigüedad nacer estéril era una maldición. Que una mujer no pudiera engendrar era señal de castigo de Dios. Por eso nace la rivalidad entre Sara y Agar. Sara decidió abandonar a Agar y a su hijo en el desierto.
«Abrán dijo a Saray: «En tu poder está tu esclava, trátala como te parezca». Saray la maltrató y ella se escapó. El ángel del Señor la encontró junto a una fuente en el desierto, la fuente del camino de Sur, y le dijo: «Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y adónde vas?». Ella respondió: «Vengo huyendo de Saray mi señora». El ángel del Señor le dijo: «Vuelve a tu señora y sométete a su poder». Y el ángel del Señor añadió: «Haré tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar». Y el ángel del Señor concluyó: «Mira, estás encinta, darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu aflicción» (Gn 16,6-11).
Cómo podemos vivirlo. En esta historia de aparente fracaso Agar se muestra como la que se encuentra con Dios de forma experiencial. Muchas veces los caminos intrincados y complejos son los que nos hacen acercarnos existencialmente a la fe. Dios nos encuentra a través de sus ángeles. Convierte el desierto en un oasis, en pozos de agua viva. Dios sale a nuestro encuentro, como al de Agar y nos da un nombre y una nueva dignidad. De la huida a la aceptación confiada de unos caminos que nos trascienden, pero que Dios habita.

07/10/2024

4. ABRAHAM (DIOS PROVEERÁ)
Introducción. Si le preguntamos a Abrahán que le gustaría contarnos a los creyentes de Dios en la actualidad nos iluminaría con su propia experiencia. Abraham significa «padre de multitudes», es el progenitor de los judíos y el padre del judaísmo, el primer judío. Dios es el que le sacó de su tierra, de sus planes y le llevó a una tierra nueva, desconocida en la que reconocería a ese Dios que le llama y le promete un futuro fértil y lleno de abundancia. La narración de su vida gira en torno al origen del pueblo de Israel, pueblo elegido, frente a los demás pueblos. Dios se revela a un habitante de Mesopotamia, extranjero y le ordena establecerse en la región de Israel., tierra ocupada por los cananeos, Yahveh promete a Abraham y su progenie. «Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande» (Gn 12,1-5)
Abraham fue el padre de Ismael e Isaac, origen del pueblo árabe de los ismaelitas y del pueblo de Israel por medio de Jacob, hijo de Isaac y nieto de Abraham, quien tuvo doce hijos que fundaron las doce tribus de Israel. De tres de ellas, Judá, Benjamín y Leví, bisnietos de Abraham procede el pueblo judío. De la línea de Judá descendió el rey David y, según los cristianos, Jesús de Nazaret.
Abraham no puede relacionarse con ninguna época histórica concreta, la Era patriarcal, es una construcción literaria. La historia de Abraham sirve para que reconozcamos nuestro propio camino de fe. Nosotros también somos llamados en un momento de nuestra historia personal e invitados a salir del espacio conocido y a confiar en una nueva tierra, una nueva vida que Dios nos regala. Somos llamados y elegidos por parte de Dios para establecer una Alianza amorosa entre él y nosotros hasta reconocerlo cómo nuestro único Dios. Esta Alianza implica la seguridad de estar acompañados continuamente por el cuidado providente de nuestro Dios y la acogida de la fecundidad que Dios nos tiene preparada. Abraham se casó con Sara, quien era estéril. Es la paradoja de una fecundidad enorme lograda a través de medios tan pobres como nuestra esterilidad. Es Dios quien lo hace posible, no nuestras capacidades y recursos. Cuando Abraham tenía 75 años, Dios le ordenó salir de su tierra y viajó hasta Canaán, donde, en el encinar de Siquém, el Señor le dio tierra a él y su descendencia. Allí Abraham construyó un altar dedicado al Señor y siguió viajando hacia el sur por el desierto.
Lo que Dios nos dice. «El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo: «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz». (Gn 22,15-18)
Abraham y Sara recibieron la visita de los tres ángeles en forma humana que los visitan como prefiguración de la Trinidad. La conocemos como la Teofanía en el encinar de Mambré, es cuando Abrahán adoptar la actitud del que acoge a Dios como huésped de la propia vida. Acoge a estos huéspedes en su casa y en la comida uno de ellos le reitera que Sara tendrá un hijo de ahí en un año. Acoger a Dios es recibir su promesa de que va a tener un hijo: Isaac. El Señor se le aparece y confirma su Alianza con él: Sara da a luz a un hijo que será llamado Isaac. Entonces le dice que no se llamará Abram sino Abraham y, dirigiéndose a Sarai, le dice que ya no se llamará así más, sino que su nombre será Sara. Dios nos cambia le nombre, porque nos regala una nueva forma de vivir.
Abraham intercede ante Dios diciendo que no destruya a toda la ciudad de Sodoma por un puñado de pecadores. Pide a Dios que no la destruya si encuentra primero cincuenta, luego cuarenta y cinco, después cuarenta, treinta, veinte y así hasta diez hombres justos dentro de la ciudad. En cada una de las ocasiones, Yahvé le responde que, si los encuentra, perdonará a todo el lugar en consideración a ellos. «Insistió Abrahán: «Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran allí veinte?». Respondió el Señor: «En atención a los veinte, no la destruiré». Abrahán continuó: «Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?». Contestó el Señor: «En atención a los diez, no la destruiré». (Gn 18,31-32).
Cómo podemos vivirlo. Abraham vivió una gran crisis de fe ente la petición de Dios de que ofrezca a su hijo. ¿Cómo Dios va a pedir lo que él mismo ha posibilitado? El Señor ordenó a Abraham que le ofreciera a su hijo en sacrificio. La exégesis explica este texto busca facilitar la abolición del sacrificio humano que había en los pueblos vecinos. Isaac pregunta una y otra vez a Abraham dónde estaba el animal para el holocausto. Abraham respondía que el Señor proporcionaría uno. Justo cuando Abraham iba a sacrificar a su hijo, se lo impidió un ángel diciendo: «No extiendas tu mano contra el niño, ni le hagas nada; pues ahora conozco que eres temeroso de Dios» y en ese lugar le dio un carnero que sacrificó en lugar de su hijo. Así se dice, «El monte de Yahvé provee». (Gn 22, 12-18). La recompensa de nuestra fe es vivir con la seguridad de que Dios nos regala en cada momento lo que necesitamos para vivir. Confiémonos y alegrémonos de que es así.

16/10/2023

6. DEL CIELO
Introducción. El cielo, lo hemos asociado a lo infinito, los datos de la astronomía así lo informan. La bóveda celeste, el firmamento, es la imagen que se ha utilizado para representar el Cielo. El cielo es inabarcable, desconocido, lejano, pero que nos rodea y lo recubre todo. Un universo desconocido que sirve de imagen y metáfora de la vida de Dios que quiere compartir con sus hijos. En el Evangelio, no se puede separar «esta vida» y «la otra». Solo hay una vida. Se podría comparar a las etapas de nuestra vida biológica: la del feto en el seno de la madre, la del recién nacido, la del adolescente, la de la persona adulta: no son exactamente iguales, porque evolucionan y crecen: la del feto es una vida casi vegetativa; la del niño es casi puramente animal; después habrá vida racional, y más adelante será una vida amorosa y de relación humana y social. La vida se enriquece continuamente. De alguna manera, estas etapas son imágenes de la vida de Dios.
El cielo es el horizonte definitivo al que todos estamos llamados a vivir gozosamente. Dios nos ha destinado a entrar en una comunicación gradual en su vida, que se va realizando en nuestra tarea y responsabilidad de ser hombres en este mundo creado, hasta que lleguemos a la plenitud, cuando Dios nos llame a participar de su gloria. San Ireneo dice: "Gloria Dei vivens homo". La gloria de Dios es la vida del hombre. Pero la gloria de Dios es que los hombres vivan y que su vida tenga sentido. Que vivan bien, sobre todo, aquellos que no pueden vivir, aquellos que están en unas condiciones que no son vida; que éstos sean liberados de esas opresiones.
Dios, sin dejar de ser Dios, puede vivir también una vida plena y verdaderamente humana como la nuestra, que será la vida humana en su máxima plenitud y perfección, la vida humana modelo de todas las demás. La definición del Cielo del Catecismo de la Iglesia Católica es: "El Cielo es la participación en la naturaleza divina, g***r de Dios por toda la eternidad, la última meta del inagotable deseo de felicidad que cada hombre lleva en su corazón. Es la satisfacción de los más profundos anhelos del corazón humano y consiste en la más perfecta comunión de amor con la Trinidad, con la Virgen María y con los Santos. Los bienaventurados serán eternamente felices, viendo a Dios tal cual es." CIC, 1023-1029, 1721-1722. El Cielo no es un lugar, sino un estado en el cual los hombres encontraremos la felicidad buscada y la conservaremos por toda la eternidad.
Lo que Dios nos dice. «Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo. Y oí una gran voz desde el trono que decía: «He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios». Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido. Y dijo el que está sentado en el trono: «Mira, hago nuevas todas las cosas». Y dijo: «Escribe: estas palabras son fieles y verdaderas». Y me dijo: «Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente. El vencedor heredará esto: yo seré Dios para él, y él será para mí hijo» (Ap 21,1-7).
El Cielo es algo así como la suma de todos los momentos felices, de todos los deseos cumplidos, de todos los "hobbies" realizables. En esta tierra ya podemos gustar lo que será el cielo. Como en la canción de Ana Belén: “Para entrar en el cielo no es preciso morir”. En el Cielo no habrá sufrimiento, no habrá hambre, ni sed, ni cansancio, ni injusticias, no existirá el dolor y tampoco la muerte. No basta con describir el Cielo como la ausencia del mal, pues el Cielo es eso y mucho más. El Cielo es felicidad que rebasa nuestros deseos, actividad sin cansancio, descanso sin aburrimiento, conocimiento sin velos, grandeza sin exceso, amor sin afán de posesión, perdón sin memoria, gratitud sin dependencia, amistad sin celos, compañía sin estorbos. En el Cielo, Dios nos concederá mucho más de lo que podemos pedir o imaginar y aún aquello que no nos atrevemos a pedir.
«Por tanto, si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis mu**to; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. 4Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él» (Col 3,1-4).
Cómo podemos vivirlo. No lo podemos ubicar ni arriba ni abajo, ni delante ni detrás. Dios nos ha creado como personas y nos ama como a sus hijos, por eso, la eternidad junto a Él será dotados de alma y cuerpo. Disfrutaremos de estar en contacto con Dios y, también disfrutaremos con un cuerpo, aunque será un cuerpo distinto, un cuerpo glorioso que ya no estará limitado por el espacio y el tiempo, como el de Jesús resucitado.

Cristo vive y te quiere vivo, Dios es el Dios de la vida que nos quiere felices, plenos, viviendo abundantemente.Sin emb...
27/06/2021

Cristo vive y te quiere vivo, Dios es el Dios de la vida que nos quiere felices, plenos, viviendo abundantemente.

Sin embargo, en la vida, experimentamos dolores, sufrimientos, heridas y experiencias de muerte; ¿Qué hacer ahí? Acercarse a Jesús con fe y confianza, al Dios de la vida, tocar su manto para que nuestras heridas sane y oír su voz que nos dice "A ti te digo, ¡levántate!"

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Cristo vive y te quiere vivo, Dios es el Dios de la vida que nos quiere felices, plenos, viviendo abundantemente.Sin embargo, en la vida, experimentamos dolo...

No duerme ni reposa Dios, nuestro amigo, Papá, compañero de la vida y guardián de cada uno de nosotros.Experimentamos to...
20/06/2021

No duerme ni reposa Dios, nuestro amigo, Papá, compañero de la vida y guardián de cada uno de nosotros.

Experimentamos tormentas en nuestra vida, pero despierta a Dios y deja que él, en su momento, calme esas tormentas de tu vida y vuelva a salir el sol radiante.

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No duerme ni reposa Dios, nuestro amigo, Papá, compañero de la vida y guardián de cada uno de nosotros.Experimentamos tormentas en nuestra vida, pero despier...

La vida supone constantes cambios, nunca nos mantenemos constantemente iguales, a veces experimentamos la vida como una ...
13/06/2021

La vida supone constantes cambios, nunca nos mantenemos constantemente iguales, a veces experimentamos la vida como una montaña rusa con altos y bajos.

Ojalá, al experimentar la vida en cambio, esos cambios siempre sean de mejora y crecimiento, crecer en amor, empata, solidaridad, cercanía, acogida, etc.

Que nuestra vida, como grano de trigo, crezca y se transforme en un gran arbustos acoge y cobija a muchos.

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La vida supone constantes cambios, nunca nos mantenemos constantemente iguales, a veces experimentamos la vida como una montaña rusa con altos y bajos.Ojalá,...

Pentecostés, salgamos de los encierros movidos por el Espíritu Santo al encuentro de todos.
23/05/2021

Pentecostés, salgamos de los encierros movidos por el Espíritu Santo al encuentro de todos.

Este tiempo nos hemos dado cuenta de algo: ¡no nos gustan los encierros ni las restricciones!Las restricciones para controlar la pandemia es necesario, pero ...

Dirección

Calle Espirea 1
Madrid
28042

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Martes 18:00 - 19:00
Viernes 18:00 - 19:00

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