25/03/2013
Agua y cofrade, mala tarde. Y así ha sido. Que no hemos salido.
La Hermandad de los Estudiantes no ha podido salir a causa del tiempo y la posibilidad de que lloviera durante el recorrido.
A las cuatro menos cuarto llovía aliviadito. Y desde nuestra cuenta de twitter anunciábamos que era lo esperado y que la previsión decía que pararía de llover a eso de las cinco.
A esa hora lucía un espléndido sol en la plaza del Conde de Barajas, lugar de acceso a la Basílica en los Domingos de Ramos. Todo parecía ir según lo previsto.
Mucha gente en la Basílica. Túnicas, capirotes, damas de mantilla, ciriales, monaguillos, costaleros… Todos en su sitio cambiándose y ayudando al Hermano. A las seis menos cuarto, misa y a eso de y media empezaba a formarse la cofradía.
Pero (ma***to pero) desde el interior del Paso, al acabar de revirar para dejar el Cristo encarado a la salida, mientras ap***s has metido el costal en la trabajadera para hacer la cuna, se oye a alguien desde fuera susurrar: “está lloviendo” y a los pocos segundos se manda salir del Paso.
Y sabes que algo no va bien. Y aunque la Cruz de Guía se sitúa en el dintel y detrás el Senatus (vaya un portante bueno que llevábamos este año) y el Diputado Mayor de Gobierno sigue diciendo nombres… sabes que algo no va como tendría que ir. Las cuadrillas deberían estar dentro y se les ha mandado salir.
Poco a poco se va corriendo la voz, fuera está lloviendo. Incredulidad de casi todos, porque habíamos consultado muchas páginas del tiempo y casi todas decían lo mismo, que a esa hora no llovía. Curiosamente sólo una lo ha clavado (por si vale para otra vez), “eltiempo.es”
“Es una nube”, dicen unos. “Está cayendo fuerte” dicen otros. La gente aguanta, nos aseguran desde fuera los pocos teléfonos móviles que se conectan con el interior.
No pasa nada, pensamos. Nos retrasamos un rato y ya está. El Hermano Mayor pide paciencia y el Capataz, oh Capataz mi Capataz, se acerca a decirnos que tranquilos y que tengamos fe. Nos habla de las diferentes posibilidades. Naranjín, grande como siempre, le pide al Capataz que transmita a la Junta que se tome la decisión que se tome, estamos con ella.
La espera no es que sea angustiosa, porque no es para eso, pero sí tenemos nuestra preocupación, hacemos nuestras cábalas, comentamos unos con los otros. Pero no se puede hacer nada mejor, cuando estás delante del Señor, que hincar rodillas al suelo y rezar. Y así lo hace la Cuadrilla del Señor. Fiscalín, el hijo del Fiscal, manda el rezo y la emoción por la responsabilidad del encargo hace que pierda un poquito de voz en algún momento. Pero toda una cuadrilla responde desde el fondo de la Basílica. No se pide por salir, si no para que los que tienen que tomar la decisión, tomen la mejor decisión. La cuadrilla del Palio responde también con sus oraciones. En otro momento dado la Basílica entera reza.
De todas las decisiones que tiene que tomar un Cabildo y una Junta de Hermandad, ha tocado hoy la más difícil de todas. Entre otras cosas porque la de hoy es la peor de las situaciones: llueve no llueve, sale el sol, se nubla, vuelve a llover cuando no está previsto… Es preferible que caigan chuzos de punta durante horas y saber que la cosa es imposible. Y ya está. Pero la inseguridad, es lo peor.
La cuadrilla del Cristo, nuevamente, reza. De rodillas. Somos uno.
Al poco de terminar, la realidad. Realidad hecha palabras de un Hermano Mayor que casi pidiendo perdón comunica la decisión de no salir. Las previsiones no aseguran nada y las consecuencias de que nos pille la lluvia durante el recorrido podrían ser graves.
Do todas las realidades que puede vivir un cofrade, esta es la más dura y la que, seguramente, se encaja peor y con mayor resignación. Pero es la confianza ciega en que se hace lo mejor para la Hermandad lo único que en ese momento puede aliviar el espíritu.
No corresponde aquí si no apoyar la decisión tomada. El patrimonio que tenemos hay que cuidarlo como oro en paño. Porque se tenga mucho (que no es el caso) o se tenga poco es responsabilidad de todos cuidarlo. Unos tomando las decisiones, como las de hoy. Otros acatando y apoyando las decisiones tomadas.
A ninguno le habrá gustado no salir, está claro. Pero todos somos conscientes de que se arriesga mucho. A toro pasado es fácil hablar y efectivamente no ha caído una sola gota en Madrid desde las ocho de la tarde. Pero (ma***to pero) también estamos seguros de que a ninguno nos hubiera gustado estar en la piel de los que han tenido que solventar tan difícil papeleta.
No podemos dejar de dar las gracias a los que han decidido. Nuestra oración ha estado con ellos durante todo el tiempo que han estado reunidos. Estamos seguros de que se ha hecho lo mejor para la Hermandad.
Es realmente difícil explicar lo que se siente cuando el Hermano Mayor anuncia por el micrófono que se ha decidido suspender la Estación de Penitencia. Como en otras muchas cosas, sabemos que desde fuera es difícil entender el mundo de las cofradías y la intensidad de cómo se vive todo.
Hoy he visto a tíos como castillos llorar como niños, a nazarenos con los ojos llenos de lágrimas, a damas de mantilla descorazonadas por no salir. He visto, lector, niños acurrucados en el regazo de los padres buscando consuelo y he visto a esos mismos padres intentar reconfortar al hijo como nunca mientras intentaban no romper a llorar. Para nadie había alivio en esos primeros momentos.
Y si no estabas dentro, lector, es probable que no lo entiendas. Y te lo digo, porque yo también estuve muchos años fuera y no lo entendía. Y de esas lecciones que te da la vida, hubo una primera vez, lejos de Madrid, allí donde nunca cae el agua, que llovió y yo no pude salir. Y lloré. Y lo entendí. Y alguien me abrazó, la Galdona, y no se me olvida aquello.
Recibida la noticia, se anuncia un solemne Via Crucis dentro de la Basílica. Para ello, se colocará el Paso de Cristo en el altar y la Virgen cerca de la entrada. Enfrentados. Y en el pasillo, los ciriales.
Antes de que esto ocurra, habremos de sacar al dintel a nuestros titulares. El pueblo de Madrid no merece menos.
Gracias a todos los que han venido a vernos. Gracias infinitas a los que han aguantado la lluvia. A los que han pasado hora y horas (desde las cinco había gente) esperando. Esa emoción transmitida a los de dentro con un aplauso, un “¡Viva!” o un “¡Guapa!” ha sido reconfortante. Gracias. Gracias. Gracias.
Solemne Via Crucis. Imágenes que pocas veces podremos volver a contemplar, como la de los titulares en el pasillo de la Basílica, el incienso inundándolo todo, la luz justa para dar intimidad al acto, las velas encendidas, el silencio, la oración…
Paso y Palio a sus respectivos sitios. Y palabras finales, cariñosas, sentidas del Cardenal Rouco. Cofradía disuelta.
Al poco rato, se han abierto las puertas de la Basílica para que quien quisiera entrar a contemplar a los titulares pudiera hacerlo. Es un honor que tanta gente haya estado esperando para entrar. Gracias. Gracias. Gracias. Sinceras. Sentidas. Porque han sido muchas las personas que ya dentro del templo nos han dado palabras de ánimo.
Tercer tiempo, que ha empezado antes de tiempo. Reencuentro con muchos familiares que nos han abrazado como todos los años, diciéndonos tanto con tan poco. Un Lizan, que ya no es el Lizan, abarrotado. Y aunque al principio se nota cierta tristeza, la vianda y la bebida animan el alma y de lo malo y la amargura se saca enseñanza y fortaleza de espíritu. Al final risas y anécdotas que sirven para aliviar el pesar.
Sin embargo, quedan p***s que tardarán unos días en irse. Porque son un poquito más intensas. Pero sobre todo tres: el hermano que por primera vez hacía Estación de Penitencia y no pudo salir; el pueblo de Madrid que acudió a vernos y poco pudo ver; y los niños, siempre los niños, que vinieron con tanta ilusión y tuvieron que marchar sin comprender.
También quedan momentos intensos de cuadrilla. El rezo conjunto antes de las peores noticias. El consuelo de un costalero a otro porque el primero lloraba. El abrazo silencioso de un Capataz, grande Viseras, con sus hombres. La voz quebrada de ese mismo Capataz dando las gracias por el trabajo de Cuaresma.
Gracias a Madrid y a sus gentes por su cariño. No solo hoy, si no también en tantos ensayos de jueves y viernes.
Gracias a todas nuestras familias que durante una Cuaresma inolvidable han aguantado ausencias y han soportado tantas mentiras piadosas. Porque en el fondo saben que llegamos a casa machacados. Felices, pero machacados.
Gracias a los mensajes de cariño que hemos recibido de otras Hermandades de Madrid. Esperamos de corazón que podáis hacer vuestras Estaciones de Penitencia sin contratiempos. Rezaremos por ello.
Gracias a los Hermanos de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Fe y del Perdón, María Santísima Inmaculada, Madre de la Iglesia y Arcángel San Miguel, vulgo Los Estudiantes, de Madrid. Que hoy, más que nunca, han demostrado que allí, en medio de todos, estaba Él y estaba Ella.
Y sí, lector, así son las cosas cofrades: intensas, íntimas, llenas de sentido. Y el que no lo pueda entender, que se acerque a nosotros dentro de unos días y sepa lo que hacemos en la Hermandad durante todo el año. Porque, con la tranquilidad que da el paso de las horas, podemos decir que esto no pasa de ser una anécdota dentro de un trabajo que nos lleva todo el año. Si tienes ganas de entenderlo de verdad, ven y acércate. Te quedarás.
Próxima Estación de Penitencia, domingo 13 de abril de 2014, Domingo de Ramos.
Mañana, un día menos.
Ahí queó.