25/06/2026
(2ªparte) EL IDEAL MONÁSTICO DE SANTA TERESA DE JESÚS EN LAS FUNDACIONES DE DOÑA BEATRIZ RAMÍREZ DE MENDOZA (1554-1626), CONDESA DE CASTELLAR.
𝐕𝐢𝐜𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐁𝐞𝐧𝐢́𝐭𝐞𝐳 𝐁𝐥𝐚𝐧𝐜𝐨.
𝐴𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝐶𝑜𝑛𝑔𝑟𝑒𝑠𝑜 𝐼𝑛𝑡𝑒𝑟𝑢𝑛𝑖𝑣𝑒𝑟𝑠𝑖𝑡𝑎𝑟𝑖𝑜 "𝑆𝐴𝑁𝑇𝐴 𝑇𝐸𝑅𝐸𝑆𝐴 𝐷𝐸 𝐽𝐸𝑆𝑈́𝑆, 𝑀𝐴𝐸𝑆𝑇𝑅𝐴 𝐷𝐸 𝑉𝐼𝐷𝐴"; 𝐴́𝑣𝑖𝑙𝑎, 1-3 𝑑𝑒 𝑎𝑔𝑜𝑠𝑡𝑜 2015
𝟑. 𝐄𝐋 𝐏. 𝐉𝐄𝐑𝐎́𝐍𝐈𝐌𝐎 𝐆𝐑𝐀𝐂𝐈𝐀́𝐍 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐌𝐀𝐃𝐑𝐄 𝐃𝐄 𝐃𝐈𝐎𝐒, 𝐈𝐌𝐏𝐔𝐋𝐒𝐎𝐑 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐑𝐄𝐅𝐎𝐑𝐌𝐀 𝐓𝐄𝐑𝐄𝐒𝐈𝐀𝐍𝐀 𝐘 𝐒𝐔 𝐂𝐎𝐋𝐀𝐁𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐂𝐎𝐍 𝐃ª 𝐁𝐄𝐀𝐓𝐑𝐈𝐙 𝐑𝐀𝐌𝐈́𝐑𝐄𝐙 𝐃𝐄 𝐌𝐄𝐍𝐃𝐎𝐙𝐀
Vamos a hacer un breve esbozo de la vida de este gran religioso carmelita, el 𝐏. 𝐉𝐞𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨 𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐌𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬, que destacó por sus escritos, su ciencia y vida azarosa. Y dicho en palabras de santa Teresa, fue «ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑑𝑒 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑎𝑠 𝑙𝑒𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑦 𝑒𝑛𝑡𝑒𝑛𝑑𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑦 𝑚𝑜𝑑𝑒𝑠𝑡𝑖𝑎, 𝑎𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎𝑛̃𝑎𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑔𝑟𝑎𝑛𝑑𝑒𝑠 𝑣𝑖𝑟𝑡𝑢𝑑𝑒𝑠 𝑡𝑜𝑑𝑎 𝑠𝑢 𝑣𝑖𝑑𝑎».
𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚́𝐧, 𝐞𝐥 𝐥𝐮𝐜𝐞𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚
𝐉𝐞𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨 𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚́𝐧 𝐃𝐚𝐧𝐭𝐢𝐬𝐜𝐨 nació en Valladolid, el 6 de junio de 1545. Estudió en su ciudad natal, Toledo y Alcalá de Henares, donde sobresalió en las materias de griego y teología, siendo ordenado diácono (23-09-1569) y, unos meses más tarde, presbítero. Un joven sacerdote de 24 años, que ejercía ya el oficio de púlpito y confesionario. En Alcalá, continúa sus estudios de doctorado, pero, antes de finalizarlos, en abril de 1572, entra en el convento de Pastrana, en la nueva orden de los carmelitas descalzos. Su nombre religioso, Gracián de la Madre de Dios, lo toma del colegio alcalaíno donde estudiaba, dedicado a la Virgen: Colegio de la Madre de Dios. Gracián había tratado a Teresa de Jesús por carta, y conocía bien su proyecto de reforma de la vida monástica. Una vez dentro de la Orden, la Madre Teresa de Jesús puso bajo su obediencia a las carmelitas de Pastrana, este fue el primer signo del mucho aprecio con que fue distinguido por parte de la Santa.
Dado su talento y capacidad organizativa y de trabajo, es nombrado pronto visitador de calzados y descalzos. Y, unos años más tarde, es elegido provincial de Andalucía. Es en esta etapa, cuando conoce personalmente a 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬, fue en Beas de Segura (Jaén), un encuentro que marcará la vida de ambos y los unirá en la tarea fundadora y reformadora emprendida por la abulense. La Santa le prometió obediencia y así, aunque ella quería fundar en Madrid, puso rumbo hacía Sevilla por consejo del P. Gracián.
La vida del P. Gracián, una vez fallecida la madre Teresa, también conoció las sombras. Tras un proceso difamatorio, es expulsado de su propia orden en 1592, decreto firmado por el P. Doria.
Gracián, entonces, marcha a Roma en busca de auxilio, en el viaje de Gaeta a Roma es apresado por piratas turcos que lo llevan a Túnez, donde padece dos largos años de cautiverio. En 1595, es rescatado y de vuelta a Roma, Clemente VIII, apiadado de él, le manda vestir el hábito del Carmen Calzado.
Hacía 1600, regresa a España, como una etapa de su viaje a Marruecos, adonde el papa le había enviado para predicar el jubileo. Estaba en Madrid en 1601, cuando fallece su madre, Ana Dantisco. En estas fechas, conoce a la 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐬𝐭𝐞𝐥𝐥𝐚𝐫, ya viuda, dedicada a la educación de sus hijos, a la administración de sus bienes y obras de caridad y, sobre todo, a una profunda vida espiritual, razón por la cual, por su palacio pasaban los más destacados predicadores y confesores de la ciudad. Debió tratar al P. Gracián de forma epistolar, a partir de 1598-99, siendo en 1600, cuando tuvo lugar el encuentro personal; para esas fechas el antiguo carmelita descalzo había vivido las glorias y miserias de su carrera eclesiástica.
Sus encuentros con Gracián son habituales y surge entre ellos una gran amistad, tanto a nivel religioso, como personal. En los escritos de doña Beatriz hay testimonios de este intercambio espiritual. A través de Gracián, conocerá a mercedarios y trinitarios, que buscaban la reforma en sus propias órdenes, y encontraron, en la condesa apoyo espiritual y material para llevar a cabo sus proyectos. En 1601, el P. Gracián estaba en Madrid en el convento de los carmelitas calzados y permaneció hasta octubre, predicando en varios conventos de religiosas: bernardas, dominicas, del Sacramento, del Corpus Christi, agustinas y comendadoras de Santiago.
𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚́𝐧 𝐲 𝐝𝐨𝐧̃𝐚 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳 𝐑𝐚𝐦𝐢́𝐫𝐞𝐳 𝐝𝐞 𝐌𝐞𝐧𝐝𝐨𝐳𝐚
La amistad y colaboración entre estos dos personajes, doña Beatriz Ramírez de Mendoza y el P. Gracián, podemos seguirla a través de los escritos de este, donde, tanto en sus cartas, como en su obra más famosa, "𝐋𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐞𝐠𝐫𝐢𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐀𝐧𝐚𝐬𝐭𝐚𝐬𝐢𝐨", la condesa es citada en repetidas ocasiones. Es evidente que doña Beatriz también se relacionó con sus padres y hermanos. Este es el caso de la hermana de Gracián, 𝐬𝐨𝐫 𝐀𝐝𝐫𝐢𝐚𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐄𝐬𝐩𝐢́𝐫𝐢𝐭𝐮 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐨 (1544-1631), monja desde 1574 en la Concepción Jerónima, cuyo patronato ejercía la condesa de Castellar. También tuvo cercanía con los hermanos que prestaban servicio en la Secretaria Real, Antonio y Tomás. Será Tomás el que mantenga una importante relación con la condesa, al ser el albacea de Jerónimo, a la muerte de este en 1614. La condesa se convierte en la depositaria y la salvaguarda de los documentos y memoria de Gracián, y es la que ayudó a la publicación de sus obras. Como ocurrió en la primera edición, en Madrid, en 1616, y que fueron dedicadas a «𝑆𝑜𝑟 𝐽𝑢𝑎𝑛𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝐶𝑜𝑟𝑝𝑢𝑠 𝐶ℎ𝑟𝑖𝑠𝑡𝑖, 𝑓𝑢𝑛𝑑𝑎𝑑𝑜𝑟𝑎 𝑦 𝑝𝑟𝑖𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑚𝑜𝑛𝑎𝑠𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒 𝐶𝑜𝑟𝑝𝑢𝑠 𝐶ℎ𝑟𝑖𝑠𝑡𝑖 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑑𝑟𝑖𝑑 𝑑𝑒 𝐷𝑒𝑠𝑐𝑎𝑙𝑧𝑎𝑠 𝐽𝑒𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑚𝑎𝑠». Dos ideas destacan en esta dedicatoria, la primera, el estar dirigida a la hija de la condesa, que era priora del mismo monasterio donde había profesado su madre y la segunda subraya que esta casa está adherida a la recolección o descalcez. También hay otra dedicación implícita en la decoración de la portada: la adoración Eucarística, de la parte superior, advocación del monasterio y, en la inferior, el escudo con las cinco Llagas, claro homenaje al nombre de religión de la condesa de Castellar, sor Beatriz de las Llagas.
En cuanto a su amistad con el Padre Gracián, era ya plena en 1601, si tenemos en cuenta el testamento que redactó antes de partir a su misión en Marruecos. El documento enumera cómo se han de repartir sus libros y propiedades, todas ellas de carácter religioso. Entre los beneficiarios, está la condesa de Castellar: «los ornamentos para decir misa que le fueron regalados por la Duquesa de Sessa, y que dejó en poder de la condesa de Castellar, se entreguen al convento de frailes o monjas que la dicha señora acordase».
Se acuerda también, en este documento, de la hija carmelita de doña Beatriz, sor 𝐌𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐀𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐒𝐚𝐜𝐫𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨, a quien deja «la imagen de Nuestra Señora del Pópulo que le dio doña Ana de Castro, monja de Santa Cruz, en Valladolid».
Doña Beatriz tuvo en cuenta las recomendaciones de Teresa de Jesús para pensar que, el nuevo convento debería tener pocas monjas, dado que, en la Concepción Jerónima, cuyo patronazgo tenía, llegaron a ser más de ochenta. Hay un paralelismo con el convento de la Encarnación —y sus ciento cincuenta monjas—, como monasterios masificados y los nuevos aires de los reformados, y su reducido número de religiosas como en la primera fundación de la Santa. La reforma teresiana implicó muchos cambios a favor de las clausuras femeninas, con respecto a una vida espiritual más intensa y plena. Y, esta cuestión del número de monjas seria, a partir de entonces, una adecuación más y el fin de los grandes monasterios medievales y sus numerosas monjas profesas. La adhesión de doña Beatriz a la descalcez y su proyecto fundacional, no gozó del beneplácito de la Orden Jerónima, que no la admitió ante el temor de que la Orden se dividiera en dos: observantes y reformados, como había ocurrido ya, para esas fechas, en las demás órdenes religiosas.
Gracián redactó la escritura fundacional y la presentó al cardenal-arzobispo de Toledo, a finales de 1603. También, por esas fechas, en carta conservada en las carmelitas de Consuegra, el P. Gracián da consejos y advertencias a doña Beatriz Ramírez de Mendoza acerca de sus planes fundacionales:
[…] estando por este tiempo en la misma ciudad de Toledo —donde había ido a concertar la compra de una casa que habían dejado vacía los Carmelitas Descalzos para fundar allí las Bernardas Descalzas— solicité con el Arzobispo y con los de su Consejo la licencia para fundar la Condesa de Castelar su monasterio de Corpus Christi de Madrid, con lo que se dio principio a la reformación de Jerónimas Descalzas, que antes habíamos tratado los dos para introducir en aquella Orden el modo de la madre Teresa.
Advierte Gracián a doña Beatriz de los contratiempos y oposición que va a encontrar si funda nueva religión con hábito de jerónimas, regla de san Agustín y constituciones de Carmelitas Descalzas, distinta por tanto a todas las que había hasta ese momento, y, en consecuencia, necesitaría la aprobación del Papa.
𝐋𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐬𝐭𝐞𝐥𝐥𝐚𝐫 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐭𝐞𝐱𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐏𝐞𝐫𝐞𝐠𝐫𝐢𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐀𝐧𝐚𝐬𝐭𝐚𝐬𝐢𝐨.
Este libro, La peregrinación de Anastasio, es considerado la autobiografía del P. Gracián de la Madre de Dios, donde, en forma de diálogo, describe su azarosa vida, tanto los trabajos y tribulaciones, como las mercedes que de Dios recibió.
A través de esta narración, la figura de la condesa de Castellar aparece en varias ocasiones y nos facilita el conocimiento de la relación entre ambos y la ayuda que el padre carmelita la prestó, en forma de consejos y asesoramiento, en aras de las fundaciones emprendidas por aquella. Gracián, después de haber sido liberado y estando en Roma, ocupado en fundar el primer convento de Carmelitas Descalzas, cita por primera vez a doña Beatriz: «𝐸𝑠𝑐𝑟𝑖𝑏𝑖́ 𝑎 𝑙𝑎 𝐶𝑜𝑛𝑑𝑒𝑠𝑎 𝑑𝑒 𝐶𝑎𝑠𝑡𝑒𝑙𝑙𝑎𝑟, 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑢𝑙𝑡𝑜́ 𝑒𝑛 𝑞𝑢𝑒́ 𝑏𝑢𝑒𝑛𝑎 𝑜𝑏𝑟𝑎 𝑒𝑚𝑝𝑙𝑒𝑎𝑟𝑖́𝑎 𝑐𝑖𝑒𝑟𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑖𝑛𝑒𝑟𝑜𝑠, 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑓𝑢𝑛𝑑𝑎𝑠𝑒 𝑒𝑙 𝑚𝑜𝑛𝑎𝑠𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜 𝑑𝑒 𝑆𝑎𝑛 𝐽𝑜𝑠𝑒́ 𝑑𝑒 𝐶𝑎𝑟𝑚𝑒𝑙𝑖𝑡𝑎𝑠 𝐷𝑒𝑠𝑐𝑎𝑙𝑧𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝐴𝑙𝑐𝑎𝑙𝑎́». Consejos y parecer que da a doña Beatriz Ramírez de Mendoza acerca de sus planes fundacionales tratados, también, de forma epistolar.
En una segunda mención, escribe lo siguiente:
"𝐷𝑒𝑠𝑝𝑢𝑒́𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜, 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑦𝑜 𝑖𝑏𝑎 𝑎 𝑙𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑖𝑠𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝐴́𝑓𝑟𝑖𝑐𝑎, 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑀𝑎𝑑𝑟𝑖𝑑 𝑝𝑟𝑜𝑐𝑢𝑟𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑐𝑎𝑟𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑒𝑦, 𝑠𝑒 𝑜𝑓𝑟𝑒𝑐𝑖𝑜́ 𝑎 𝑣𝑒𝑛𝑖𝑟 ℎ𝑎𝑏𝑙𝑎𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝐶𝑜𝑛𝑑𝑒𝑠𝑎 𝑑𝑒 𝐶𝑎𝑠𝑡𝑒𝑙𝑙𝑎𝑟 𝑢𝑛 𝑠𝑎𝑐𝑟𝑖𝑠𝑡𝑎́𝑛 𝑑𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑀𝑒𝑟𝑐𝑒𝑑𝑎𝑟𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑑𝑟𝑖𝑑, 𝑙𝑙𝑎𝑚𝑎𝑑𝑜 𝑓𝑟𝑎𝑦 𝐽𝑢𝑎𝑛, 𝑦 𝑙𝑒 𝑝𝑖𝑑𝑖𝑜́ 𝑙𝑒 𝑓𝑎𝑣𝑜𝑟𝑒𝑐𝑖𝑒𝑠𝑒 𝑝𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑖́𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑒𝑛𝑧𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑂𝑟𝑑𝑒𝑛 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑀𝑒𝑟𝑐𝑒𝑑. 𝐿𝑙𝑎𝑚𝑜́𝑚𝑒 𝑙𝑎 𝐶𝑜𝑛𝑑𝑒𝑠𝑎, 𝑦 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑒𝑟𝑡𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 ℎ𝑖𝑐𝑖𝑒𝑠𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑓𝑖𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑑𝑒 𝑠𝑢 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜 𝐺𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎𝑙 𝑦 𝑠𝑒 𝑙𝑒 𝑝𝑖𝑑𝑖𝑒𝑠𝑒 𝑙𝑖𝑐𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑓𝑢𝑛𝑑𝑎𝑟 𝑐𝑎𝑠𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑀𝑒𝑟𝑐𝑒𝑑𝑎𝑟𝑖𝑜𝑠 𝐷𝑒𝑠𝑐𝑎𝑙𝑧𝑜𝑠; 𝑦 𝑎𝑙𝑙𝑖́ 𝑠𝑒 𝑙𝑒 𝑜𝑓𝑟𝑒𝑐𝑖𝑜́ 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑓𝑢𝑛𝑑𝑎𝑟𝑙𝑒 𝑑𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑑𝑜𝑠 𝑝𝑢𝑒𝑏𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑢𝑦𝑜𝑠. 𝑌𝑜 𝑙𝑒𝑖́ 𝑠𝑢 𝑅𝑒𝑔𝑙𝑎 –𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑆𝑎𝑛 𝐴𝑔𝑢𝑠𝑡𝑖́𝑛– 𝑦 𝑠𝑢𝑠 𝐶𝑜𝑛𝑠𝑡𝑖𝑡𝑢𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠; 𝑦 𝑗𝑢𝑛𝑡𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑙𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝐶𝑎𝑟𝑚𝑒𝑙𝑖𝑡𝑎𝑠, 𝐴𝑔𝑢𝑠𝑡𝑖𝑛𝑜𝑠 𝑦 𝑇𝑟𝑖𝑛𝑖𝑡𝑎𝑟𝑖𝑜𝑠 𝐷𝑒𝑠𝑐𝑎𝑙𝑧𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑒𝑠 ℎ𝑎𝑐𝑖́𝑎𝑛 𝑚𝑎́𝑠 𝑎𝑙 𝑐𝑎𝑠𝑜, 𝑠𝑒 𝑜𝑟𝑑𝑒𝑛𝑎𝑟𝑜𝑛 𝐶𝑜𝑛𝑠𝑡𝑖𝑡𝑢𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑟𝑒𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎𝑑𝑎𝑠, 𝑦 𝑎𝑠𝑖́ 𝑡𝑢𝑣𝑜 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜 𝑙𝑎 𝑅𝑒𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑀𝑒𝑟𝑐𝑒𝑑𝑎𝑟𝑖𝑜𝑠 𝐷𝑒𝑠𝑐𝑎𝑙𝑧𝑜𝑠."
En las dos citas, el asunto tratado, son los proyectos fundacionales de la condesa y las gestiones que, para estas metas, realizaba el P. Gracián. (𝒄𝒐𝒏𝒕𝒊𝒏𝒖𝒂𝒓𝒂́)
• 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑎 𝑇𝑒𝑟𝑒𝑠𝑎 𝑑𝑒 𝐽𝑒𝑠𝑢́𝑠. 𝐵𝑒𝑛𝑖𝑡𝑜 𝑀𝑒𝑟𝑐𝑎𝑑𝑒́ (𝑀𝑢𝑠𝑒𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑃𝑟𝑎𝑑𝑜), 1868.
• 𝑃𝑜𝑟𝑡𝑎𝑑𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑝𝑖𝑙𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑜𝑏𝑟𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑃𝑎𝑑𝑟𝑒 𝐺𝑟𝑎𝑐𝑖𝑎́𝑛 𝑠𝑢𝑓𝑟𝑎𝑔𝑎𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝐿𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑠𝑎 𝑑𝑒 𝐶𝑎𝑠𝑡𝑒𝑙𝑙𝑎𝑟.