22/05/2026
EL IDEAL MONÁSTICO DE SANTA TERESA DE JESÚS EN LAS FUNDACIONES DE DOÑA BEATRIZ RAMÍREZ DE MENDOZA (1554-1626), CONDESA DE CASTELLAR.
𝐕𝐢𝐜𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐁𝐞𝐧𝐢́𝐭𝐞𝐳 𝐁𝐥𝐚𝐧𝐜𝐨.
𝐴𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝐶𝑜𝑛𝑔𝑟𝑒𝑠𝑜 𝐼𝑛𝑡𝑒𝑟𝑢𝑛𝑖𝑣𝑒𝑟𝑠𝑖𝑡𝑎𝑟𝑖𝑜 "𝑆𝐴𝑁𝑇𝐴 𝑇𝐸𝑅𝐸𝑆𝐴 𝐷𝐸 𝐽𝐸𝑆𝑈́𝑆, 𝑀𝐴𝐸𝑆𝑇𝑅𝐴 𝐷𝐸 𝑉𝐼𝐷𝐴"; 𝐴́𝑣𝑖𝑙𝑎, 1-3 𝑑𝑒 𝑎𝑔𝑜𝑠𝑡𝑜 2015
𝟏. 𝐄𝐋 𝐈𝐃𝐄𝐀𝐋 𝐂𝐎𝐍𝐓𝐄𝐌𝐏𝐋𝐀𝐓𝐈𝐕𝐎 𝐄𝐍 𝐓𝐄𝐑𝐄𝐒𝐀 𝐃𝐄 𝐉𝐄𝐒𝐔́𝐒.
𝐒𝐚𝐧𝐭𝐚 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 escribió una extensa obra, donde queda reflejada su experiencia contemplativa personal, sus fundaciones y las recomendaciones para que los conventos fundados a partir de su reforma fueran casas donde su ideal monástico se hiciera plena realidad. Es bien conocido como esta ideología se fraguó en su celda del monasterio de la Encarnación (Ávila), donde un grupo de monjas se reunían con la Santa, en coloquios espirituales; allí, se aspiraba a una vida de soledad y silencio «𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑟𝑚𝑖𝑡𝑎𝑛̃𝑎𝑠» en añoranza de los primitivos padres del desierto, y en aquel momento opuesto al bullicio de visitas y gentes que frecuentaban el monasterio de la Encarnación.
Para llevar a cabo este objetivo, entre sus indicaciones vamos a señalar:
• En cuanto a su número, la comunidad no debe estar formada por más de trece monjas. En tal sentido, 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 hablaba: «𝑑𝑒 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑜𝑛 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑎𝑠 𝑚𝑢𝑗𝑒𝑟𝑒𝑠 𝑗𝑢𝑛𝑡𝑎𝑠».
•Las candidatas deben ser personas de oración, pretender la perfección evangélica y el desprecio del mundo. Es necesario que tengan salud y entendimiento, y una edad mínima de 17 años.
• No es necesaria dote. Una importante novedad con respecto a la tradición monástica femenina. El trabajo manual es la fuente de los ingresos de la comunidad, sin que éste sea tan absorbente o complejo que aparte a la religiosa de su retiro. Los oficios y tareas las hacen todas las monjas desde la priora a la última novicia.
• La vida comunitaria tiene como centro la oración. La pobreza absoluta, ninguna monja tenga nada propio. Máxima soledad individual para propiciar el recogimiento, la lectura espiritual y la oración personal.
• En comunidad hay igualdad entre las hermanas, sin distinción de estratos sociales, en todos los aspectos de la vida común: «𝑙𝑎 𝑡𝑎𝑏𝑙𝑎 𝑑𝑒 𝑏𝑎𝑟𝑟𝑒𝑟… 𝑐𝑜𝑚𝑖𝑒𝑛𝑐𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑎𝑑𝑟𝑒 𝑝𝑟𝑖𝑜𝑟𝑎».
En cuanto a las constituciones, se hicieron varias redacciones desde la primera para San José de Ávila, hasta el texto definitivo de Alcalá; se observaron conjuntamente la regla y las constituciones. El texto se fijó en 1581, en Alcalá, y fue revisado y redactado por el gran colaborador de 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬, el maestro 𝐟𝐫𝐚𝐲 𝐉𝐞𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨 𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚́𝐧, siguiendo el pensamiento, espíritu y directrices de la Santa para sus carmelos. El documento se dividió en veinte capítulos, donde se recogen las ideas que ya se vivían en los conventos fundados en los últimos veinte años:
• Mantener estricta clausura, según se recoge en las constituciones y estar cada religiosa en la soledad de su celda.
• No comer carne sin necesidad y ayunar durante ocho meses.
• Excluir la sala de labor en común.
• Hacer la recreación todas las monjas juntas.
𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 se ocupó de los confesores que prefería fueran «letrados», en este sentido ella siempre buscó los más insignes teólogos, los dominicos de Santo Tomás (Ávila) o eminentes padres jesuitas que actuaron de confesores y consejeros. Y así se lo encomendó al 𝐏. 𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚́𝐧 para que hiciese lo que pudiese a fin de conservar la santa libertad para que sus monjas «pudiesen buscar los siervos de Dios que las guiasen a la mayor perfección, siendo el propio 𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚́𝐧 quien contribuyó a este empeño: «𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑔𝑜𝑏𝑒𝑟𝑛𝑒́, 𝑦𝑜 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜 𝑖𝑏𝑎 𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟 𝑃𝑎𝑑𝑟𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝐶𝑜𝑚𝑝𝑎𝑛̃𝑖́𝑎 𝑦 𝑟𝑒𝑙𝑖𝑔𝑖𝑜𝑠𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑜𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑂𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑦 𝑐𝑙𝑒́𝑟𝑖𝑔𝑜𝑠 𝑠𝑖𝑒𝑟𝑣𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐷𝑖𝑜𝑠 𝑦 𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑖𝑡𝑢𝑎𝑙𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑟𝑒𝑑𝑖𝑐𝑎𝑠𝑒𝑛 𝑦 𝑐𝑜𝑛𝑓𝑒𝑠𝑎𝑠𝑒𝑛».
𝟐. 𝐏𝐄𝐑𝐅𝐈𝐋 𝐃𝐄 𝐃𝐎𝐒 𝐅𝐔𝐍𝐃𝐀𝐃𝐎𝐑𝐀𝐒: 𝐓𝐄𝐑𝐄𝐒𝐀 𝐃𝐄 𝐉𝐄𝐒𝐔́𝐒 𝐘 𝐁𝐄𝐀𝐓𝐑𝐈𝐙 𝐑𝐀𝐌𝐈́𝐑𝐄𝐙 𝐃𝐄 𝐌𝐄𝐍𝐃𝐎𝐙𝐀.
𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐞𝐩𝐞𝐝𝐚 𝐲 𝐀𝐡𝐮𝐦𝐚𝐝𝐚 (1515-1582) ingresó, por decisión paterna, en plena adolescencia, en el convento de agustinas de Santa María de Gracia de Ávila para ser educada junto con otras jóvenes de su edad y condición social, y, años después, esta vez con la oposición de su padre, entra en el monasterio de la Encarnación, el 2 de noviembre de 1535.
Así pues, 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 llevaba ya veintiún años como monja carmelita en la Encarnación, cuando un 6 de marzo de 1554 nace en Madrid, 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳 𝐑𝐚𝐦𝐢́𝐫𝐞𝐳 𝐝𝐞 𝐌𝐞𝐧𝐝𝐨𝐳𝐚. 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 contaba en esta fecha, con largos años de vida contemplativa, experiencias místicas y madurez espiritual, base de lo que serán después sus años fundacionales.
Las doctrinas y enseñanzas de 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 llegan a doña 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳 a través de un intermediario, un personaje singular y carismático, 𝐟𝐫𝐚𝐲 𝐉𝐞𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨 𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐌𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬, amigo y confesor de la Santa, que, con su carisma, diplomacia y elocuencia, se convirtió en un promotor de la reforma teresiana por toda España.
Hay importantes diferencias, en cuanto a su origen, entre doña 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐞𝐩𝐞𝐝𝐚 y doña 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳 𝐑𝐚𝐦𝐢́𝐫𝐞𝐳 𝐝𝐞 𝐌𝐞𝐧𝐝𝐨𝐳𝐚; el pertenecer por nacimiento a una familia noble, marcó desde un principio la vida de doña 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳. Tanto por el ambiente familiar, como por su carácter, todo nos manifiesta su tendencia a la vida religiosa. Estamos en los primeros años del reinado de 𝐅𝐞𝐥𝐢𝐩𝐞 𝐈𝐈, la familia de doña 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳, dado su linaje, prestaba servicio directo al rey, razón por la cual su infancia y juventud se formaron en un ambiente cortesano, aunque hay que tener en cuenta el carácter de la corte de los Austrias, rígido y austero y, profundamente, religioso. Como tal, además de las amistades de palacio, doña 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳 frecuentó desde muy joven el monasterio de las Descalzas Reales, donde ingresaban reinas viudas, infantas y señoras nobles. Parece ser que doña 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳 tuvo intención de ingresar en este célebre cenobio, aunque su madre, 𝐀𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐌𝐞𝐧𝐝𝐨𝐳𝐚, y aya del futuro 𝐅𝐞𝐥𝐢𝐩𝐞 𝐈𝐈𝐈, no era partidaria de esta vocación. Y así, por razones de intereses familiares, contrae matrimonio en 1585 con el 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐬𝐭𝐞𝐥𝐥𝐚𝐫, del que nacen seis hijos durante los diez años que estuvo casada, quedando prematuramente viuda en 1595.
Doña 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳 oiría hablar mucho de 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬, la monja andariega. Cuando 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 pasaba por Madrid, en sus viajes fundacionales, se alojaba en casa de doña 𝐀𝐧𝐚 𝐃𝐚𝐧𝐭𝐢𝐬𝐜𝐨, madre de los 𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚𝐧𝐞𝐬, dama conocida y seguramente con lazos de amistad con los 𝐑𝐚𝐦𝐢́𝐫𝐞𝐳 𝐝𝐞 𝐌𝐞𝐧𝐝𝐨𝐳𝐚, pues ambas familias prestaban servicio en Palacio.
Es fácil imaginar que doña 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳 tenía noticias de las numerosas fundaciones de 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐀́𝐯𝐢𝐥𝐚. Los años que 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 estaba ocupada en sus tareas fundacionales corresponden a los años de juventud de doña 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳, cuando vivió en palacio y antes de su matrimonio (1585).
No tenemos noticia de que 𝐁𝐞𝐚𝐭𝐫𝐢𝐳 conociera personalmente a 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬, pero sin duda, para la joven y piadosa noble, la monja abulense constituía un ejemplo a emular, y a la cual admiraría profundamente. Sí es cierto que, como ya hemos comentado, 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 pernoctó en varias ocasiones en la villa de Madrid, y se alojaba en casa de los 𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚𝐧𝐞𝐬, de los cuales, 𝐉𝐞𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐦𝐨 y sus hermanos 𝐀𝐧𝐭𝐨𝐧𝐢𝐨 y 𝐓𝐨𝐦𝐚́𝐬 son los más relacionados con la 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐬𝐭𝐞𝐥𝐥𝐚𝐫.
𝐓𝐨𝐦𝐚́𝐬 𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚́𝐧 𝐃𝐚𝐧𝐭𝐢𝐬𝐜𝐨 conoció a la madre 𝐓𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 de vista, en trato y comunicación en la villa de Madrid y en Ávila y así consta en los documentos del proceso. Más adelante veremos su relación con la 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐬𝐭𝐞𝐥𝐥𝐚𝐫.
Por su parte, al quedarse viuda en 1595, la 𝐈𝐕 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐞𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐬𝐭𝐞𝐥𝐥𝐚𝐫 siente de nuevo su inquietud vocacional y renace el antiguo deseo de la vida religiosa. (𝒄𝒐𝒏𝒕𝒊𝒏𝒖𝒂𝒓𝒂́).