05/09/2026
Es fácil decir quién queremos ser: “Yo soy buena persona”, “puedes confiar en mí”, “yo siempre estoy para mis amigos”, “para mí la familia es lo primero”… Pero Jesús hoy nos propone una pregunta un poco más incómoda: ¿se nota en lo que haces? Porque, como dice el Evangelio, “cada árbol se conoce por sus frutos”.
Nuestros frutos son nuestras decisiones de cada día: cómo tratamos a quien nos cae mal, qué decimos cuando alguien no está delante, cómo reaccionamos cuando nos enfadamos, si somos capaces de pedir perdón, si ayudamos cuando nadie nos obliga, si cumplimos nuestra palabra… Y Jesús añade algo todavía más profundo: “La boca habla de lo que está lleno el corazón”. Lo que llevamos dentro termina apareciendo fuera. Por eso también necesitamos cuidar aquello con lo que vamos llenando nuestro corazón: las personas que nos rodean, lo que vemos, lo que escuchamos, los pensamientos que alimentamos.
Al final, Jesús habla de construir una casa sobre roca. Porque en la vida llegarán momentos difíciles: problemas, decepciones, fracasos, pérdidas, decisiones complicadas… Y entonces descubriremos sobre qué hemos construido nuestra vida. La pregunta no es si llegará alguna tormenta. La pregunta es si tendremos buenos cimientos cuando llegue.
¿Qué frutos estoy dando? ¿Y sobre qué estoy construyendo mi vida? Porque creer en Jesús no consiste solo en decir “Señor, Señor”. Consiste en intentar que aquello que creemos se note en nuestra manera de vivir.