01/04/2019
El camino cuaresmal que ahora recorremos quiere expresar una fuerte invitación a la conversión, lo que hace de este tiempo litúrgico un gimnasio precioso para entrenarnos en el duro combate espiritual. Quizás uno de los ejercicios que podemos redescubrir en este tiempo sea la práctica del agere contra, tan apreciada por san Ignacio, y que consiste en hacer justo lo opuesto a aquello a lo que nos inclinan nuestros afectos desordenados [325]. Es cierto que la concreción del agere contra en nuestros afanes cotidianos nos puede parecer en ocasiones algo forzado e incluso voluntarista. Asímismo nos puede hastiar en cierto modo la “violencia” escondida en el hecho de “hacer contra” nuestros deseos y apetencias. Sin embargo, el agere contra nos descubre la belleza jubilosa que brota de la exigencia con uno mismo, revelándose como verdadera escuela de escucha y obediencia dócil del espíritu susurrante de Dios, que nos acompaña y nos aconseja constantemente.