17/07/2026
STOTT, EL EVANGELISTA: PREDICAR A CRISTO SIN MANIPULAR A NADIE.
Cuando pensamos en John Stott, normalmente lo recordamos como pastor, expositor bíblico, teólogo, escritor y una de las voces evangélicas más influyentes del siglo XX. Pero hay una faceta de su ministerio que a veces queda en segundo plano: John Stott fue también un evangelista.
No un evangelista en el sentido más superficial de la palabra. No alguien que dependiera de gestos dramáticos, presión emocional, frases efectistas o recursos de espectáculo. Stott no buscaba impresionar a las masas ni provocar decisiones apresuradas. Su preocupación era más profunda: presentar a Cristo con claridad, fidelidad bíblica y sensibilidad hacia las personas que tenía delante.
En este nuevo capítulo de Al Trasluz, José de Segovia nos introduce precisamente en esa dimensión menos conocida de Stott: su compromiso con la evangelización, especialmente en el mundo universitario.
Durante los años cincuenta, Stott viajó por Norteamérica, Australia y África predicando el evangelio en universidades, iglesias y reuniones organizadas por estudiantes cristianos. Su relación con IFES (Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos) e InterVarsity fue clave para llevar el mensaje cristiano a espacios académicos donde la fe evangélica era vista muchas veces como algo ingenuo, ignorante o intelectualmente irrelevante.
Stott no aceptaba esa caricatura. Para él, el evangelio no tenía que esconderse ante la universidad, la cultura o el pensamiento moderno. Al contrario, debía ser anunciado allí también, con rigor, humildad y confianza en la Palabra de Dios.
Una de las grandes lecciones de este episodio es que la evangelización no debe quedar en manos de personas superficiales o meramente carismáticas. José de Segovia recuerda cómo, en la iglesia del Nuevo Testamento, la proclamación del evangelio no era una tarea secundaria ni menor. La iglesia enviaba a hombres preparados, capaces de dar razón de la esperanza cristiana, no a quienes simplemente sabían entretener o conmover.
Eso nos obliga a pensar. ¿Qué entendemos hoy por evangelizar? ¿Reducimos la evangelización a una técnica, una estrategia, un evento o una emoción momentánea? ¿O la entendemos como la comunicación fiel de Cristo crucificado y resucitado a personas concretas, en contextos concretos, con preguntas concretas?
Stott veía la evangelización como una tarea profundamente bíblica y pastoral. No se trataba de ganar discusiones, sino de presentar a Cristo. No se trataba de imponer una emoción, sino de mostrar la verdad del evangelio. No se trataba de hacer que el predicador brillara, sino de que Cristo fuera conocido.
En el capítulo aparece también la relación entre John Stott y Billy Graham. Dos hombres muy distintos en estilo, temperamento y forma de comunicar, pero unidos por una misma convicción: Cristo debía ser anunciado. Graham representaba el gran evangelismo de masas; Stott, una evangelización más pausada, argumentativa y universitaria. Sin embargo, Stott reconoció la autenticidad del ministerio de Graham y defendió públicamente su labor cuando fue criticada en Inglaterra.
Eso también es una enseñanza importante para nosotros. Dios no usa a todos sus siervos de la misma manera. Hay distintos dones, estilos y contextos. Algunos predican ante multitudes; otros conversan con estudiantes, escriben libros, responden preguntas o enseñan en una iglesia local. Pero el centro debe ser el mismo: Cristo.
La Escritura lo expresa con una claridad que no deja lugar al orgullo humano: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios” (1 Corintios 3:6). Esa verdad atraviesa todo el episodio. Ni Stott ni Graham eran el poder del evangelio. Eran instrumentos. La eficacia pertenece a Dios.
Por eso, hablar de Stott como evangelista no es simplemente recordar una etapa de su biografía. Es preguntarnos por nuestra propia responsabilidad. ¿Tenemos contacto real con personas que no creen? ¿Nos duele que muchos no hayan escuchado el evangelio con claridad? ¿Nos conformamos con vivir cómodamente entre cristianos mientras el mundo a nuestro alrededor sigue sin conocer a Cristo?
Stott decía que muchos cristianos buscan demasiado poco la compañía de los no cristianos. Nos sentimos cómodos entre creyentes y nos incomoda la presencia del que piensa distinto, duda, cuestiona o no comparte nuestra fe. Pero si esa es nuestra actitud, estamos lejos del Señor Jesús, que se acercaba a pecadores, hablaba con ellos, comía con ellos y les anunciaba el reino de Dios.
La evangelización cristiana no nace de la superioridad moral, sino del amor. No nace de la impaciencia, sino de la compasión. No nace del deseo de ganar una discusión, sino del anhelo de que otros conozcan al Salvador.
Este episodio nos recuerda que la iglesia necesita recuperar una evangelización bíblica: sin espectáculo, pero con convicción; sin manipulación, pero con urgencia; sin simplificar el mensaje, pero explicándolo con claridad; sin avergonzarse del evangelio, porque sigue siendo poder de Dios para salvación.
Hoy estrenamos un nuevo capítulo de la serie:
“Stott, el Evangelista – Al Trasluz con José de Segovia”
José de Segovia nos ayuda a mirar esta etapa de la vida de John Stott y a entender por qué su forma de evangelizar sigue siendo tan necesaria para nuestro tiempo.
Puedes verlo aquí: https://www.youtube.com/watch?v=z53W7ae7kXw