15/08/2026
María: toda de Dios, toda para Dios.
En la Asunción contemplamos el destino de una vida que fue enteramente respuesta. María no se reservó nada: recibió la gracia, la acogió en su libertad y dejó que Dios hiciera de ella su morada.
En ella descubrimos que la santidad no consiste en huir de nuestra humanidad, sino en permitir que Dios la transforme desde dentro. María es la criatura que, en su pobreza y disponibilidad, deja que el Amor tenga en ella la última palabra.
En la Asunción, la Iglesia contempla algo inmenso: en María, nuestra humanidad ya ha llegado a su plenitud en Dios. Su cuerpo glorificado nos recuerda que la salvación no consiste en dejar de ser criaturas, sino en ser plenamente nosotros mismos en el Amor de Dios.
María es la promesa cumplida de aquello para lo que hemos sido creados.
Santa María, enséñanos a recibir a Dios con un corazón disponible y a dejarnos llevar por Él hasta la plenitud.