26/04/2026
REFLEXIÓN PARA HOY DOMINGO 26 DE ABRIL ❤️🔥
En este cuarto domingo de Pascua tenemos la llamada fiesta de Jesús, el Buen Pastor. Este título proviene justamente del Evangelio que escuchamos en este día, donde el propio Señor es el que se denomina como el Buen Pastor; como aquel que guía a sus ovejas hacia campos tranquilos donde están a salvo de los peligros de los depredadores. Nos dice el Señor que sus ovejas conocen su voz, caminan tras de Él y no se dejan engañar por voces extrañas, ni tampoco se van detrás de otras voces que las apartan del redil. El título del Buen Pastor es uno de los más hermosos que se le pueden aplicar a nuestro Señor. Una de las imágenes más bellas que a veces encontramos en nuestras iglesias y en nuestras casas es, precisamente, al Señor representado como un pastor que carga con amor y ternura a la pequeña oveja entre sus brazos. Hoy nosotros debemos tomar conciencia de que somos esas ovejas; de que ese pequeño cordero que el Señor carga y aprieta contra su pecho, protegiéndolo de todo mal, somos nosotros. Él es nuestro pastor, Él es nuestro protector, Él es nuestro guardián. Él ha sido aquel hombre que ha amado tanto que vino al mundo para derramar hasta la última gota de su sangre, para ser sacrificado en el árbol de la cruz y, de esta manera, salvar a sus ovejas de las garras del lobo feroz que las tenía encadenadas con el pecado y la muerte. Tomando conciencia de que somos sus ovejas, hoy debemos preguntarnos: ¿Qué es aquello que nos hace alejarnos de los brazos del Señor? Si Él nos tiene protegidos, si Él nos cuida, si Él no permite que nada malo nos pase, ¿qué es aquello que hace que nos desviemos del camino y nos apartemos de Él? ¿Cuál será esa voz extraña que en el día actual de nuestra vida nos llama, y nosotros nos dejamos engañar por esa voz y nos salimos del rebaño? Nos alejamos del Buen Pastor y después nos damos cuenta del grave error que hemos cometido, porque aquella voz extraña que nos llamaba lo único que quería era hacernos daño, era lastimarnos. Nos dice Jesús en el Evangelio que sus ovejas no siguen las voces extrañas. ¿Y cuáles son esas voces de nuestro mundo actual? Son todos aquellos vicios y placeres que la sociedad intenta mostrarnos como buenos; todos aquellos mandatos que la sociedad dice que no hay que cumplir, que la Iglesia exagera, que se puede vivir de tal manera y que eso no es pecado. Esas son las voces extrañas; esa es la voz del demonio tratando de confundirnos y apartarnos del lado del Señor. Esas voces que escuchamos, que dicen que vivir en unión libre las parejas de novios está bien mientras se amen; esas voces que dicen que el ser humano tiene derecho a disfrutar plenamente su vida y su sexualidad; esas voces que dicen que hoy en día pueden existir muchos géneros, que todo es permitido... son aquellas de las cuales habla el Señor en el Evangelio y de las cuales nos previene para que no las escuchemos. En nuestra vida cotidiana siempre vamos a estar escuchando dos voces: aquella terrible y engañosa que nos invita a pecar, que nos invita a obrar mal; y la otra voz, que es aquella santa, dulce y melodiosa que nos invita a estar con Él, a no apartarnos de su lado, a seguirlo a Él. La pregunta para nosotros hoy es: ¿Cuál de las dos voces estamos siguiendo? ¿A cuál voz le estamos prestando más atención? Cada uno es libre de seguir al que quiera seguir, pero después habrá consecuencias. Cuando nos apartamos del lado del Señor y el pecado oscurece nuestra vida, luego nos damos cuenta de las desgracias que trajimos sobre nosotros; en cambio, los que se dejan guiar por la voz del Señor descubren esos campos y pastos dulces y tranquilos a los cuales el Señor los lleva. Los santos nos repiten que no hay nada tan dulce y agradable como seguir al Señor y nunca apartarse de su lado. Este domingo, mientras meditamos en la imagen de Jesús Buen Pastor, hagámonos esa pregunta: en medio de tantas voces que nos hablan en este mundo, en medio de tanto ruido, ¿si logramos escuchar la voz del Señor? Él, de manera dulce, serena y cariñosa, nos vuelve a tomar entre sus brazos y nos vuelve a repetir: "Yo soy el Buen Pastor; mientras estés conmigo nada malo te va a pasar, no escuches las otras voces falsas". La invitación es a que, de manera segura y confiada, le devolvamos el abrazo al Señor y le digamos: "Sí, quiero quedarme contigo; quiero quedarme abrazado a ti, quiero quedarme a tu lado y no permitas que jamás me separe de ti".