03/06/2026
EL PLAN PERFECTO.
Cuando el hombre peca en el huerto de Edén, perdió todo lo que Dios le había dado: su autoridad en la tierra, su lugar en la presencia de Dios, su santidad, su bendición, todo. Pero desde ese mismo momento Dios puso en marcha el plan para rescatar al ser humano de su condición caída (Génesis 3.15), este plan estuvo oculto a plena luz, visible pero indescifrable para el enemigo e incomprensible para el hombre (Colosenses 1.26-27). Solo fue hasta que la obra de Cristo se concluyó, que el enemigo se enteró del perfecto plan que lo había conducido a la derrota (Colosenses 2.15), y que el hombre pudo entender la gran bendición que todo ello representaba (Hebreos 2.10).
La frase “consumado es" lleva tras de si, más de 4.000 años de planeación, en los cuales con precisión quirúrgica Dios fue acomodando pieza tras pieza de un intrincado rompecabezas, una impecable partida de ajedrez en la que el enemigo pensó siempre llevar la ventaja, sin contar con que la aparente derrota de Jesús en la cruz, era en realidad la jugada maestra que consumaba un jaque mate magistral, devolviendo al hombre todo lo perdido. Si un hombre (Adán) había malogrado todo lo que Dios le había entregado, tenía que ser un hombre (Jesús) quien lo recuperara (Romanos 5.12-21). Su derrota fue nuestra victoria, nunca nadie ganó tanto perdiendo una batalla. Jamás satanás imaginó, que cada golpe que le propinaba a Jesús, se lo estaba dando a él mismo, con el martirio que le ocasionaba a Cristo, estábamos siendo nosotros librados de la condenación, con cada azote estábamos recibiendo sanidad, cada gota de sangre derramada del cuerpo de Jesús nos iba limpiando de nuestros pecados, y justo cuando creyó que lo había derrotado, en el sitio mismo en que lo tenía clavado a una cruz, Jesucristo levantó un grito de victoria sabiendo que el plan había salido a la perfección.
“Consumado es" resume todo el deseo de Dios para con nosotros, de reconciliarnos consigo mismo a través de Jesús (2 Corintios 5.18-19), es la firma en el cheque que paga con exceso el precio de nuestro rescate, es la frase que expresa la victoria que Cristo ganó mientras perdía. Su triunfo sería sellado tres días después con un hecho tan maravilloso como lo fue su muerte: su grandiosa resurrección.