15/06/2026
𝐃𝐄𝐕𝐎𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐀 𝐒𝐀𝐍 𝐉𝐎𝐒𝐄́ 𝐄𝐍 𝐄𝐋 𝐂𝐀𝐑𝐌𝐄𝐋𝐎 𝐓𝐄𝐑𝐄𝐒𝐈𝐀𝐍𝐎
Las enseñanzas de Santa Teresa se reflejan en la obra sobre San José de Jerónimo Gracián y, después de él, también en muchos otros autores de la Reforma. Los predicadores del siglo XVII, siguiendo los pasos de Teresa de Ávila, fueron a menudo apóstoles y promotores de la devoción a San José. Posteriormente, hubo una vasta producción de escritos destinados a ilustrar la vida y las «glorias» de San José, y a desarrollar un marco teológico para ellas.
San José como padre, protector, patrón y guardián de nuestro Señor Jesús es el tema de las experiencias espirituales de numerosas figuras gloriosas y luminosas del Carmelo Descalzo.
Confiaba san Juan de la Cruz en el poder intercesor de san José. En una de sus cartas hace referencia a él. Enseña a una aspirante a carmelita descalza a poner su vocación en manos de María y de José: «De su negocio yo no me olvido; mas ahora no se puede más, que harta voluntad tengo. Encomiéndelo mucho a Dios y tome por abogada a Nuestra Señora y a San José en ello»
El Siervo de Dios Gracián de la Madre de Dios, el gran amigo y colaborador de la Santa en la expansión del Carmelo Descalzo. Era devoto de san José desde niño, y de él y de la Virgen María «experimentó muchas gracias»[2]. Será en el Carmelo Descalzo donde su devoción a san José se profundizará, bajo la acción del Espíritu Santo y alentado por la devoción que le testificará la madre Teresa de Jesús.
Al beato Francisco Palau la devoción a san José le acompañó toda su vida. En su primer libro Lucha del alma con Dios, asume toda la doctrina josefina de Teresa de Jesús, enriqueciéndola con convicciones aprendidas en los años de silencio y oración.
Teresa de Lisieux, que también era devota del Santo Patriarca, comprendió plenamente el espíritu de Teresa:
«También le pedí a San José que velara por mí; desde mi infancia sentí una devoción por él que se mezclaba con mi amor por Nuestra Señora... Estaba tan bien protegida que me parecía imposible tener miedo» (Ms. A, 158).
Santa Isabel de la Trinidad fue toda la vida muy devota de san José, no dejaba de encomendarle con toda confianza sus intenciones. Su Diario es fiel reflejo de ello: «Esta mañana he comulgado por el comienzo del mes de San José y he pedido a este gran Santo, en quien tengo mucha confianza que me ayude en la conversión de este pecador»
Santa Teresa de los Andes confió su vocación a la intercesión de la Virgen María y san José. Escribirá: «He puesto en defensa de mi causa dos grandes abogados que no pueden ser en vano y que ha sido mí guía verdadera toda mi vida desde muy chica, y mi Padre San José, a quien he cobrado gran devoción y que lo puede todo cerca de su divino Hijo. Todo mi porvenir lo he confiado en sus benditas manos. Yo me someteré gustosa a la divina voluntad» (cta. 76).
Santa Teresa Benedicta de la Cruz será en el Carmelo donde su devoción al Santo Patriarca nacerá y crecerá.
En la poesía Canto a nuestro Padre San José, dirá: «Él no abandona a los suyos! // San José, nuestro Padre,/ sabe ayudar en toda necesidad, / de los afligidos consejero/ y en la muerte refugio nuestro. /Por eso nunca desalentaos/ si amenazan y envuelven tormentas;/ Sed atrevidos en el ruego, /la confianza tendrá su recompensa».
Santa Maravillas de Jesús, también fue muy devota de san José y enseñaba a los demás a confiar en él como camino para llegar a Cristo: «Que nuestro Padre san José que tan especialmente ha querido serlo suyo en el Carmelo, la enseñe más y más las virtudes que él practicó, para que agrade como él Cristo nuestro bien» (Estampa 511).
(Teresa Juan, espiritualidad Carmelitana)