10/05/2026
Ayer, 9 de mayo de 2026, la Imagen Peregrina volvió a derramar luz por las calles de nuestra feligresía.
Y al verte salir, Virgen de Fátima, Madre de Dios y madre nuestra, sentí que el tiempo se detenía y que el corazón latía al mismo compás de los sones del ave María.
Peregrina de Esperanza,
Mensajera del Amor,
Consoladora de nuestras heridas,
Intercesora fiel,
ruega por nosotros.
Cuando tus andas cruzaron el umbral del templo, algo dentro de mí se quebró y se encendió a la vez.
Era como si Málaga entera respirara tu cercanía consoladora y materna. Como si cada lágrima derramada en plegaria, cada súplica, cada agradecimiento, encontrara en Ti un hogar.
Te vi avanzar, serena, blanca, pura, recogiendo en tu mirada las oraciones de un pueblo que te ama y confía en Ti.
Y comprendí, una vez más, que Tú, Madre, eres puente, refugio y abrazo; eres nuestra intercesora, eres quien presenta nuestras plegarias a tu Hijo, nuestro Señor que tanto nos ama.
Sobre tu trono, llevado con emoción por setenta portadores, hombres y mujeres que sintieron el privilegio de sostenerte sobre sus hombros, recordé a todos los que han hecho posible este sueño:
A los que pusieron la primera piedra de esta Hermandad,
a los que ya descansan en la paz de Dios,
a los que nos dejaron,
a los que hoy no pudieron acompañarte,
y a todos los que, en silencio o en entrega visible, han trabajado para que tu Hermandad sea una realidad viva en Málaga y tu memoria vuelva a ocupar el lugar que siempre mereció.
Y entonces, como un eco que atraviesa generaciones, volvió a escucharse aquel grito que nació en el puerto de Málaga cuando bajaste del barco en 1948 y, por primera vez, pisaste suelo malagueño.
¡¡Viva la Virgen de Fátima!!
Aquel grito encerraba el sentimiento del “Acordaos, oh Virgen María; acordaos de que jamás se ha oído decir que ninguno de cuantos han acudido a vuestro amparo, implorado vuestra asistencia o solicitado vuestra intercesión haya sido abandonado”.