04/02/2026
El cristiano promedio es un turista en su propia fe: no pisa la iglesia entre semana, su Biblia acumula polvo y su oración es un monólogo de quejas. Se aburre en el culto y jamás mueve un dedo para servir, pero vive exigiendo una bendición VIP.
Defiende a gritos una Biblia que no lee y una doctrina que desconoce; no sabría encontrar el libro de Amós ni con un índice. Pero cuando la vida golpea, pretende que Dios sea su servicio de emergencias espirituales, exigiendo que el pastor ayune para resolver el desastre que él mismo creó con su pereza.
Demos gracias, porque si Dios fuera tan 'promedio' como su pueblo, ya estaríamos consumidos