Erigida canónicamente en el Convento de San Francisco "El Real" (HH. Esta cofradía es heredera a todo nivel de la tradición franciscana, desarrollada en la ciudad de León. En primer lugar, a través de la presencia de esta orden en dicho convento desde finales de la Edad Media hasta la desamortización decimonónica. Pero también capuchina desde hace más de ciento treinta años, además de haber disfru
tado ininterrumpidamente desde la fundación del convento de todo lo aportado por la presencia e iniciativas de la Tercera Orden Franciscana Seglar - antaño denominada como Venerable Orden Tercera -. A tal acervo y particular espiritualidad se han vinculado las celebraciones de Semana Santa y del resto del año promovidas desde este centro devocional monacal. La presencia en la Semana Santa capitalina de la espiritualidad franciscana a través del convento de San Francisco EL Real" - hoy al cargo los HH. Franciscanos Capuchinos- ha sido capital durante siglos. Además de antaño las procesiones y actor protagonizads por otras cofradías allí radicadas, como la Vera Cruz, la Tercera Orden Franciscana Seglar, ostenta cada tarde de Domingo de Ramos la titularidad de la popularísima y seria procesión del "Dainos", antaño denominada como del "Santo Rosario de la Buena Muerte". Devoto cortejo que ya en el siglo XVII se calificaba documentalmente como de celebración "desde tiempo inmemorial"
Desde finales de la década de los treinta, cada tarde noche del Miércoles Santo, la casa capuchina ha promovido la celebración de la solemne Procesión del Silencio. Teniendo como precursor al otrora conocidísimo Padre Javier de Valladolid, arrancó durante años con magníficos resultados de participación piadosa de fieles. Un cortejo devocional que, entonces, fue concebido como alternativa y en exclusiva para hombres por existir antaño otra celebración homóloga exclusiva de mujeres.Tal pauta, de modo mayoritario, se ha mantenido en el tiempo y, de algún modo, se mantiene por inercia de la tradición, lo que llama la atención a algunos. No obstante, ante ello hay que decir que en la actualidad, esa circunstancia y premisa de género, ha pasado de ser preceptiva a ser simplemente recomendable en atención a la costumbre. Por tanto, sin por ello pretender condicionar de modo discriminador la libertad de expresión devocional en relación a la participación en la misma a quien, de todo género, desee sumarse en este acto de oración colectiva y manifestación pública de fe. Máxime cuando en la actualidad cualquier tipo de razones de género están descontextualizadas, además de fuera de la legalidad vigente. Al final de la semana santa de 1987, un grupo de jóvenes y entusiastas hermanos de varias cofradías colaboradores con la Casa Capuchina en la puesta en la calle de ambas procesiones comenzaron las gestiones para la creación de una cofradía que se encargarse de sacar a la calle ambos cortejos. Esta iniciativa, sin tener nada que ver con realidades anteriores, hacía realidad los intentos y la vieja aspiración de organización cofrade que, años atras planteara el P. Javier de Valladolid y que el Obispo Almarcha truncara por inadecuados a su criterio en estos temas. El grupo de jóvenes documentó y estudió con rigor a todo nivel el modelo de cofradía idóneo a la realidad histórica y devocional a atender y, fruto de ello, redactó y para ello debatió con minuciosidad durante varios años todo tipo de detalles en relación a las reglas o estatutos de la nueva cofradía. Un documento que se presenta en el obispado para resultar aprobado el 11 de marzo de 1991, dando así comienzo la vida de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y del Silencio. Tres conceptos fundamentales presiden y guían el ideario de esta cofradía: oración, solidaridad y austeridad. A propósito de los primeros huelgan más comentarios pero sobre el último hay que apuntar que su desarrollo contiene una minuciosa propuesta de ritos propios concebidos como receptores de una escogida nomenclatura, rodeada además de una parafernalia enraizada en la más pura y añeja tradición cofradiera provincial. Todo ello se acompaña de una cuidada simbología que justifica e intenta no dejar un porqué sin resolver en lo tocante al sentido y razón de ser de cualquier aspecto en la relación con la Cofradía. Reclaman la atención por los asuntos relativos a las cofradías penitenciales algunos detalles propios de esta la Expiración y el Silencio, como por ejemplo la celebración del "acto de acogida", durante el cual los nuevos Hermanos acceden a tal condición tras participar ante nuestro titular de la oración comunitaria, realizar su compromiso personal para con la cofradía y recibir la carta de pago. Algo parecido sucede con el protocolo de la toma de posesión del nuevo Mayordomo, en la que este, previamente a recibir su Vara, compromete su servicio para con la Cofradía y renueva el vínculo que otrora realizó en su acto de acogida. A esto habría que sumar la inclusión del rito y del Voto de Silencio y la recuperación de sonoridades y de cantos propios del género religioso popular recogidos en los cancioneros leoneses, así como de los actos en que estos cantos eran protagonistas, etc. Actos que, a lo largo del cuarto de siglo de existencia de la cofradía se han articulado a lo largo de todo el año litúrgico, reglandos hasta el mínimo detalle en el Libro de Encargo de la misma. Concluyendo, esta Cofradía intenta apostar por un camino que va más allá del ámbito penitencial de la Semana Santa y de manifestarse y sentirse hereda de un conjunto de cortejos entroncados en lo más íntimo de la historia local, engrosados por la recuperación y adopción de otros nuevos de singular raigambre leonesa; apuesta por tanto por el intento serio del desarrollo de su ideario el resto del año y especialmente por el duro empeño que supone para todos sus Hermanos el pretender ser fieles seguidores de Cristo.