24/12/2025
Feliz Navidad 🎄
Estos días vemos cómo algunos se sorprenden —e incluso se incomodan— al contemplar a miles de personas cantando villancicos, rezando o celebrando públicamente la Navidad. Se habla de excesos, de imposiciones, de ofensas a otras sensibilidades. Se insiste, una vez más, en recordarnos que no se conoce la fecha exacta del nacimiento de Jesús, como si ese detalle pudiera vaciar de sentido el misterio que celebramos.
Parece que, dos mil años después, sigue molestando que Dios haya querido nacer.
Molesta que el Todopoderoso se hiciera pequeño.
Que el que dio la vida a los mu***os necesitara ser alimentado.
Que el que sostuvo el universo aprendiera a caminar de la mano de su madre.
Que el Rey de reyes llevara pañales y no corona.
La Navidad no escandaliza por lo que tiene de tierno, sino por lo que tiene de radical: Dios se hace uno de los nuestros. No entra en la historia desde los palacios, sino desde la pobreza. No viene a dominar, sino a servir. No nace para los perfectos, sino para los heridos, los descartados, los olvidados.
Y como entonces, hoy también hay muchos Herodes. Herodes modernos que intentan silenciar a Dios, expulsarlo del espacio público, reducirlo a un recuerdo incómodo o a una tradición sin alma. Pero también hoy sigue habiendo muchos José y muchas Marías: hombres y mujeres que, aun en medio de persecuciones, guerras, hambre, exilios y pérdidas, siguen custodiando la Vida, siguen defendiendo la verdad con su fe, aunque eso les cueste todo.
La verdad siempre ha sido perseguida. Y la nuestra es esta:
que Jesús nació también para quienes lo rechazan, para quienes viven instalados en el odio, para quienes se enriquecen a costa del sufrimiento ajeno, para quienes solo conocen el lenguaje de la violencia y la muerte.
Por eso Dios se hace niño: pobre entre los pobres, frágil entre los frágiles, para decirle al mundo —y a cada uno de nosotros— que ha nacido por ti, incluso aunque su nacimiento te moleste.
Feliz Navidad.
Porque, te guste o no, Dios ha decidido quedarse.