Adoratrices de Las Palmas de Gran Canaria, bajo la titularidad de Nuestra Señora de los Reyes, es un templo de culto católico con una larguísima tradición en la historia de la ciudad. Su fundación nace en el año 1526 y a finales del siglo, en el ataque a Las Palmas del corsario Peter van Der Does (1599), será incendiado y destruido. No será hasta 1610 cuando comiencen las obras de la ermita con pa
trocinio privado, siendo construido un nuevo templo más grande y bajo la protección amorosa y celestial de Nuestra Señora de los Reyes. Este templo, propiedad del Cabildo Catedral, caminará todos los años de los siglos XVII, XVIII, XIX y primera mitad del siglo XX. El Cabildo de la Catedral cederá en el año 1923 al obispado diocesano la titularidad del recinto sacro, disponiendo ese mismo año el obispo don Ángel Marquina Corrales su cesión como templo conventual de la comunidad de religiosas Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad (Adoratrices). En 28 de marzo de 1940, a las ocho de la mañana, el templo construido en el año 1610 colapsará por sus techos, siendo declarado en ruina por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria dos días después y derribado totalmente. Pasarán siete años de obras, financiadas por el Cabildo Insular y el Ayuntamiento capitalino, junto con las donaciones de los fieles capitaneados por la Rvda. Madre Superiora de las Adoratrices, Sor Elena Levenfeld. La Iglesia actual data de 1943, aún cuando conserva los valores artísticos y patrimoniales de la anterior edificación, datados en su mayoría entre el siglo XVI y el XVIII. Fue construida un poco más grande que la de 1610 siguiendo los planos del arquitecto diocesano don Rafael Massanet, y su inauguración se produjo el día 9 de enero de 1943 a las diez y media de la mañana con la bendición del nuevo templo por parte del obispo de Canarias, doctor don Antonio Pildain y Zapiain; el Cabildo Catedral de Canarias en pleno, la misa celebrada por el Arcediano de la Catedral don Pedro López Cabezas y predicada por el párroco de Santo Domingo de Guzmán, don Mariano Hernández y Romero, junto con un solemne Te Deum al final de la celebración, dieron inicio a la andadura pastoral y religiosa del templo hasta nuestros días.