05/06/2026
Acabo de terminar de leer la nueva encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, una reflexión lúcida sobre la inteligencia artificial. En lugar de preguntarse si la IA es buena o mala, el Papa plantea una cuestión más profunda sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo. Utilizando dos imágenes bíblicas, la Torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalén por Nehemías tras el exilio babilónico, presenta dos futuros posibles. Uno es un mundo donde la tecnología concentra el poder, sacrifica a los vulnerables y reduce a los seres humanos a datos. El otro es una sociedad donde la tecnología sirve al bien común, fortalece la comunidad y la cooperación, y respeta la dignidad humana. El documento ofrece un excelente resumen de los principios de la Doctrina Social Católica: • La dignidad de toda persona • El bien común • Solidaridad • Subsidiariedad • Justicia social • El destino universal de los bienes Estos principios proporcionan pruebas prácticas para la IA. ¿Protege a los trabajadores, los explota o incluso los descarta? ¿Concentra el poder o lo comparte? ¿Fortalece la verdad y la democracia o propaga la manipulación y la división? ¿Beneficia a todos, especialmente a los pobres y vulnerables, o solo a unos pocos privilegiados? El Papa advierte contra el «síndrome de Babel»: la tentación de sacrificar a las personas en aras de la eficiencia, el beneficio y el poder tecnológico. Valoro el mensaje central: la Iglesia no se opone a la tecnología. De hecho, la IA puede ayudar a educar, sanar, conectar y resolver problemas. Pero la tecnología nunca es neutral. Refleja los valores de quienes la diseñan, financian y controlan, y debe permanecer al servicio de las máquinas, no como su amo. El futuro no debe ser determinado por las máquinas, sino por los valores que elegimos. Nuestra tarea no es construir una nueva Babel, sino una sociedad en la que la dignidad humana, la justicia y el bien común sigan siendo el centro.