06/12/2025
«Las obras y el peón» – Domingo II de Adviento (A), 7 de diciembre 2025
Resulta fácil que alguna vez uno se encuentre carreteras en obras. Las señales amarillas y las luces en ámbar nos avisan además del peligro que conlleva pasar por el tramo. A veces da coraje la obra porque te hace llegar más tarde, o tienes que ir más lento, o incluso buscar un desvío. Lo que está claro es que sin obras no hay camino nuevo, sin levantar lo viejo, sin retirar escombros, sin señalizar peligros, la carretera nunca estaría lista para que la gente pueda circular con seguridad y comodidad.
Nos encontramos en el II Domingo de Adviento y hoy la Palabra de Dios nos trae esa misma idea, Dios quiere hacer obras en tu corazón para abrir camino, pero tú tienes que permitir que entren las máquinas. Se trata de pasar de la actitud del despertar al ponerse a trabajar por el Señor.
El Evangelio nos sitúa en el desierto, allí aparece Juan Bautista con un mensaje: “Preparad el camino del Señor”. Juan es un profeta que no adorna nada, no perfuma el ambiente, no disimula, Él señala sin reparo lo que estorba, lo que bloquea, lo que tapa la llegada de Jesús. Juan Bautista aparece como un peón del camino espiritual. En un mundo donde a veces vivimos embotados por lo superficial (el consumo, las prisas, la comparación con los demás, la información constante) Juan nos grita algo actualísimo: no puedes recibir a Dios si no dejas que Él te arregle el camino.
“Brotará un renuevo del tronco de Jesé”. En un momento histórico duro, de crisis política, de división, de agotamiento del pueblo, Isaías anuncia esperanza donde parecía no haber nada. La primera lectura describe este cuadro esperanzador. Dios puede hacer brotar vida de lo que tú dabas por perdido, pero para que ese brote crezca… hay que desbrozar el terreno.
La segunda lectura es un regalo para este tiempo: “Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió”. El Adviento no es solo algo personal, es aprender a caminar juntos, a sostener la fe del otro, a no desentendernos cuando alguien se queda atrás. La llegada de Jesús necesita una comunidad que abra puertas, no que levante muros.
Podríamos preguntarnos también: ¿Qué desvío me está pidiendo Dios para volver a lo esencial?; ¿qué “bache” de mi vida necesita ser reparado?; ¿qué señal de peligro estoy ignorando?; ¿qué obras necesita hoy nuestro corazón? Juan Bautista nos da tres señales de obra urgente: convertirse (no es solo “portarse mejor” sino dejar de caminar en círculos y dirigir la vida hacia Dios); dar fruto (no basta decir “ya vendrá la Navidad”); y humildad (“Detrás de mí viene uno que es más fuerte”, superar el ego y protagonismo). Las obras de Dios duelen un poco… pero siempre dan resultado.
Y el resultado merece la pena, no hay mejor modelo que donde fijarnos que el María, la que dejó todo el camino libre. En ella no había escombros, dejó que Dios hiciera en ella la obra más grande. Pidámosle que nos enseñe a no resistir las obras del Espíritu.
Pepe Navarrete
Delegado Pastoral Vocacional
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PRIMERA LECTURA: «Juzgará a los pobres con justicia” (Isaías 11, 1-10)
SALMO: «Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente” (Salmo 71)
SEGUNDA LECTURA: «Cristo salva a todos los hombres” (Romanos 15, 4-9)
EVANGELIO: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos” (Mateo 3, 1-12)