13/04/2026
Hoy queremos detenernos un instante para mirar atrás y dar gracias.
Gracias a nuestros nazarenos, por recorrer las calles con recogimiento y fe, convirtiendo cada paso en oración y cada silencio en testimonio vivo de lo que somos.
Gracias a quienes alumbran el caminar del Señor, por esa luz constante que no solo ilumina el camino, sino también el corazón de todos los que acompañamos.
Gracias a todos los que portasteis banderas, estandartes y la cruz de guía, marcando el camino y dando identidad a nuestro cortejo. También a los acólitos, por vuestro servicio constante y silencioso, cuidando cada detalle con entrega.
Gracias a nuestros anderos y anderas, por vuestro esfuerzo, vuestra entrega y ese amor silencioso que se hace fuerza bajo el paso. En vosotros late el verdadero pulso de la hermandad.
Un recuerdo especial para quienes portáis al Cristo, muchos de vosotros con una historia ligada también a Nuestra Señora. Vuestra fidelidad, año tras año, es ejemplo y raíz de lo que hoy seguimos construyendo.
Gracias a quienes llegáis desde lejos, recorriendo kilómetros con un único motivo: la fe. Vuestra presencia engrandece aún más este día.
Gracias a la Guardia Civil, por vuestro acompañamiento y dedicación, y de manera muy especial a Luis Gómez Talavera, que un año más ha estado junto a nosotros, formando ya parte de este caminar.
Gracias a las autoridades, por su cercanía, su respeto y su apoyo, tan necesarios para que todo transcurra con orden y solemnidad.
Gracias a la organización, porque gracias a vuestro trabajo todo fluyó como debía, permitiendo que viviéramos un cortejo tan amplio, tan cuidado y tan hermoso. Entre todos conseguimos algo grande, una procesión larga, elegante y llena de sentido.
Gracias a nuestras mantillas, reflejo de elegancia y tradición, que aportáis esa belleza serena que completa nuestra estación de penitencia.
Gracias a la música, por poner voz a lo que muchas veces el alma no sabe expresar, acompañándonos hasta el último instante.
Y no olvidamos a quienes ya no están físicamente, pero siguen caminando con nosotros en cada Viernes Santo. Su recuerdo permanece vivo en nuestra memoria y en nuestro sentir.
A todos, gracias de corazón. Porque sin vosotros, nada de esto tendría sentido.
Seguimos avanzando juntos, con la mirada puesta en Él y el amparo de Ella, esperando volver a encontrarnos, una vez más, bajo la tarde de un nuevo Viernes Santo.