28/08/2026
La enseñanza de Jesús en Lucas 18:1-8 nos muestra la necesidad de orar siempre, sin desmayar, y pregunta: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”. A través de esta parábola de la viuda y el juez injusto se nos revela la importancia de la perseverancia.
Nosotros tenemos dos naturalezas: el espíritu y la carne. Por tanto, también tenemos dos formas de usar la perseverancia: en las cosas del mundo y en las cosas del cielo. Debemos saber cuál es la forma correcta y en qué perseverar.
La viuda insistió sin cansarse hasta recibir justicia, y Jesús usa este ejemplo para mostrarnos que debemos perseverar en oración y cómo debe ser nuestra oración: constante, firme y sin rendirnos.
Así que ahora la pregunta es esta: cuando oras, ¿esperas realmente respuesta de Dios o actúas por tu cuenta cuando parece que Él tarda?
La justicia de Dios no solo resuelve la situación, sino que nos transforma para vencerla. Debemos perseverar día y noche, sin desmayar, enfrentando el conflicto interno que quiere alejarnos de Dios. Cuando tu fe es desarrollada, el Espíritu Santo toma el control y vives en oración sin darte cuenta; oras y recibes de Dios. Así, la oración se vuelve una parte natural de tu vida. Al principio es difícil orar, pero luego es difícil no hacerlo.
En las pruebas, lo único que nos sostiene es la fe, pero debemos ser conscientes de que la fe verdadera no es un esfuerzo humano, sino el poder que viene cuando Jesús nos habla. Si Él dice “perseverancia”, esa Palabra trae consigo la fuerza para permanecer. Muchos abandonan las promesas porque no ven cambios y caen en incredulidad, pero Jesús nos exhorta a posicionarnos nuevamente en la fe. Cuando nuestra fe es purificada en las pruebas, es el Espíritu quien ora y no nosotros. Así vivía Jesús en la tierra, y hoy el Espíritu nos enseña a vivir como Él.
Recuerda que no somos nosotros, sino Cristo en nosotros. Cuando te aferras a Su Palabra, el poder de la perseverancia te llevará a orar sin desmayar hasta recibir lo que el Espíritu Santo dijo que es tuyo.
Perseverar en oración es la evidencia de la fe que Él buscará cuando vuelva.