La Ermita San Miguel, no figura en el Libro de Visita Pastoral de 1742, ya que su primera aparición fue escrita en la Relación de 18 de abril de 1790, debido al Arzobispo de Valencia, Francisco Fabián y Fuero. En los archivos municipales, en los que se menciona esta ermita son relativamente modernos. La primera data fue del 22 de enero de 1894, al que nombran ermitaño a Pedro Vilaplana Guillem, r
ealizando el correspondiente inventario del que no se refleja su pormenor, nombran 4 altares: San José, San Vicente, Ecce-Homo, Soledad y San Miguel. La Ermita ocupa una pequeña planicie sobre el cerro dejando apenas una pequeña explanada ante la misma, la situación elevada de la ermita permite ver una vista panorámica de Ibi. Es un edificio exento, realizado en mampostería ordinaria con muros de 65 cm y contrafuertes. El tejado a dos aguas rematada con tejas árabes. La fachada está situada al este, mirando hacia Santa Lucia. Es pentagonal, en las esquinas y cerco de la puerta se han usado sillares. En el frontón existen restos como de existido una ventana, actualmente hay un hueco. Corona la puerta, una espadaña en la que ha sido perfilada con varios arcos, ya que hay un arco que contiene una campana. La planta es de una sola nave, con seis capillas laterales entre los contrafuertes. Pilates, con basa y capitel sobre los que corre un entablamento de amplia cornisa y arcos perpianos, que sostienen la bóveda de cañón. El primer tramo se cubre con un coro, con un arco carpanel, el cuarto tramo es el presbiterio, elevado un escalón y por el que se accede lateralmente a sendas pequeñas estancias. Testero recto, con retablo y hornacina de San Miguel. En lucido de yeso blanco y pavimento de losas de cerámica roja. Festividad, se celebra el 29 de septiembre, con el indispensable volteo de campanas, disparos de cohetes y la charanga una procesión romería, subiendo a la Ermita partiendo desde el Ayuntamiento o del Parc les Hortes dando a los espectadores una gran vistosidad en su subida. Tras la Santa Misa y Sermón, una parte del público regresa a la población, que la gran mayoría se queda acampada por el gran pinar que rodea la Ermita, para almorzar “coca en olí”, disfrutar con la celebración de la carrera de sacos, pasodobles de la charanga y el que no haya podido visitar la ermita, poderla visitar y pedir sus plegarias y sus ruegos al santo. Y así, pasar un buen día del conocido “Veranillo de San Miguel”. Historia de la construcción Ermita de San Miguel
Bien es sabido que la búsqueda documental es lenta, pero la serie de libros de cabildos, en nuestro Archivo, es tan continuada -salvo años puntuales de grandes conflictos bélicos, es una serie completa- que consiste tener una visión secuenciada de la vida cotidiana, religiosa, económica y otras que está abierta a la búsqueda de nuevos datos o cuanto menos a nuevas interpretaciones. Uno de los temas más recurrentes es el aspecto religioso. Iniciamos una incursión por aquellas devociones poco conocidas o desaparecidas en nuestro municipio, -rescatando por ejemplo la devoción a la Virgen del Rosario, en el siglo XVI, con capilla y cofradía propia, o el voto al patrón San José, en 1630, patronazgo que compartió con El Salvador y que incluso protagonizó durante varias décadas en solitario-. Traemos una devoción muy conocida, que ha llegado hasta nuestros días pero, como en tantos otros temas, muy poco documentada. Se trata de la devoción a San Miguel que este mismo año (2012) cumple 261 años de la erección de su ermita y el inicio de su patronazgo. Si las comunidades tienden a celebrar los acontecimientos importantes coincidiendo con sus centenarios, el azar en la faceta de investigación de los documentos del archivo ha hecho que estos datos con que hoy contamos, nos pasaran desapercibidos. Pero como para celebraciones nunca es tarde, homenajeemos aquí a la ermita de San Miguel Arcángel en su 261 aniversario. El Príncipe Señor San Miguel, como aparece nombrado en la documentación del setecientos, vigila desde la atalaya de la serreta, la Villa de Ibi. Ya podemos dejar constancia de este hecho y dar cuenta de una veneración propia del siglo XVIII, que nace en un momento en que se establecen otras devociones, también muy secundadas, pero que sobrepasó el límite de la mera devoción o celebración de su festividad, trasmitiéndola hasta nuestros días y materializada en la construcción de una ermita, y con ello sus romerías anuales y actos de la iglesia. El primer dato referente a la voluntad de venerar al Arcángel San Miguel, y que recogemos del Libro de Cabildos, de fecha 13 de junio de 1751. (Después de tantos años sin ser rescatado, permítannos que lo transcribamos en su integridad)
‘’En la Villa de Ibi, en trece días del mes de junio de mil setecientos cincuenta y uno los Sres. Bartholomé Rico, Al(cal)de, Thomás Cortés de Gerónimo, Idelfonso Pérez, Abogado de los reales concejos, sindico procurador general, la mayor y más sana parte de los que componen el ayuntamiento de dicha Villa estando juntos, y congregados en la sala capitular de ella en forma de cabildos, como lo han de costumbre, para tratar, conferir y deliberar las cosas pertenecientes al buen Gobierno de dicha Villa el Sr. Rigidor decano Dixo: Que por parte de Joseph Alcaraz, Luis Rico menor y otros ciudadanos y vecinos de dicha Villa le había requerido con un despacho del SR. Provisor, y vicario General del presente Arzobispado, por el que se les concede a los nominados Alcaraz, Rico y de más contenidos en el mismo, la facultad, permiso y licencia, para que sus propios, y limosnas que puedan recoger por dicha Villa, eregir y fabricar una hermita (sic) , bajo la invocación del Arcángel San Miguel, en la montañuela llamada la serreta inmediata a esta dicha Villa, con algunas circunstancias prevenidas en dicho Despacho, que se leyó por mi escribano desde la primera, hasta la última línea suplicando al Ilustre Ayuntamiento, se sirviese tomar o agregarse al patronato de dicha hermita (sic), y declarar al santo Príncipe, por otro de los patronos de dicha Villa, en atención a la fervorosa devoción que sus vecinos le tenían y de cada día de aumentaba, como era bien público, y notorio en la misma y sus contornos. Y enterados dichos señores… acordaron agregarse al patronato de dicha hermita en nombre y prestación que intervenían de dicha Villa declarando como declararon por otro de los patronos de la mesma al nominado Príncipe y Sr. San Miguel. Aprovando el nombramiento echo en el mismo Despacho en las personas de dichos Alcaraz, Rico y demás en el memo contenidos por electos… concidiendoles a los referido licencia permiso y facultada para rechoger limosna por dicha Villa y su término, depositándolas en poder de el nominado Sr. Thomás Cortés y Mosén Joaquín Cortés, Presbítero, residente en la Parroquial de dicha Villa a quienes nombraron por Depositarios de las mismas; concediéndoles así mismo facultad y poder para trabajar en la obra de dicha hermita (sic) y en todo lo a esta perteneciente, todos los días de precepto, a excepción de los más clásicos’’. A pesar de esta recuperación de la figura de San Miguel en el siglo XVIII, hemos de constatar que su presencia ha estado vigente en la vida de la comunidad desde siempre, sirviendo la festividad del santo, el 29 de septiembre, por una parte como fecha para pagos, renovación de contratos sobre censos y alquileres de tierra, para elegir el cargo anual de mostaçaf de cuya noticia nos da cuenta Antonio Castelló en su obra ‘’Ibi, de Lloc a Vila Reial’’ registrándose la primera elección por el método de insaculación en 1584, en la persona de Balhasar Pérez. Como hemos visto en el documento, no hace referencia a la protección que se quiere conseguir con este patronazgo y recordemos que las devociones están casi siempre relacionadas con la defensa de peligros presente y futuros que puedan afectar a la comunidad o a los individuos. Por las fechas en que se produce el documento, la amenaza más imperiosa que se está sufriendo es la plaga de la langosta, pero la invocación mas habitual contra la misma se realizaba en la figura de San Gregorio. Por ello lo vemos más relacionado con la protección al gremio de los pañeros ya que San Miguel aparece como protector del comercio y de la milicia. En las fechas en que se decide la proclamación de su patronazgo y la erección de la ermita se estaba produciendo un auge de la industria textil, y nuestro municipio participaría ya de esa incipiente actividad:
Siguiendo a José Luis Santonja de su obra ‘’La Foia de Castilla en el siglo XVIII’’ recogemos las referencias que se hacen sobre el tema de industrias y manufacturas:
- Según las Relaciones de 1764, en la Villa de Ibi ‘’no hay fábrica alguna pero una buena parte de sus vezinos trabajan en cardar é hilar de las de paños de Alcoy, que dista tres horas de camino’’.
- En 1783 Josef Castelló de nuevo constata ‘’Aparte de la agricultura y el comercio de la nieve, los vecinos de esta villa también se ocupaban en ‘’trabajar y preparar las lanas para las fábricas de paños de Alcoi y Bocairente’’ sirviéndose igualmente de la calidad de sus aguas, que eran ‘’excelentes para blanquear los hilas y lienzos caseros’’.
- Y cuando en 1791 Cavanilles visite nuestro municipio dejará constancia del número de vecinos ocupados en ella: ‘’una buena proporción de los habitates de Ibi, 80 cardadores y 600 hilanderas, se dedicaba a las primeras manipulaciones de las lanas, que luego irían a parar a las fábricas pañeras de Alcoi y Bocairent’’. Además, por esas fechas en que se nombra por patrón en Ibi a San Miguel, en Alcoi ‘’con la construcción de la Real Fábrica de Paños en el culto a San Miquel Arcángel, patrono de pañeros, alcanzó gran celebridad’’, noticia que recogemos de nuevo de Santonja de su obra, ‘’Alcoi, Sociedad, Fiestas, Devociones, Iconografía’’. Sea cual fuere la finalidad el establecimiento de su devoción, el documento sí deja constancia de otro modelo de introducción d elas devociones, ‘’en atención a la fervorosa devoción que sus vecinos le tenían y de cada día se aumentaba, como era bien público, y notorio en la misma y sus contornos’’, es la moda o popularidad puntual que un santo recupera en un momento determinado y es extendido su culto a diferentes pueblos.
- Entremos en la fabricación de la ermita. Ya hemos visto como se autoriza a una serie de vecinos a recabar limosnas para llevar a cabo la construcción. Pero además el Ayuntamiento decide destinar las ganancias que seextraían de los juegos de pelota, que se arrendaban todos los años, a las obras de la nueva ermita.
‘’También dixeron que por termino de quinze días se havía llevado al pregón el arrendamiento de las calles de la pelota de esta Villa y que no havia parecido (sic) postor. Y para continuar la obra de la hermita al Príncipe y Sr. San Miguel de esta Villa se diere de limosna dichas calles de pelota y su producto’’ (Acta de 8 de junio de 1759). Los beneficios del arrendamiento de la Pelota no eran muchos y en 1764, todavía se está haciendo referencia al escaso producto que da para la continuación de la obra de la ermita:
‘’Gracia, cesión y donación a la hermita del Sr. San Miguel y para ayuda a su fabrica del producto de las calles de la pelota por quanto ha representado Jerónimo Guillem, administrador de la fábrica de dicha hermita que se halla con cortos medios para su continuación, y siendo este negocio tan del agrado del servicio de Dios y en tan corta cantidad el producto que ordinariamente suelen ser doce o trece pessos, acordaron hacer dicha cesión con la obligación que dicho administrador ha de componer a sus costas las calles de dichas pelotas reparándolas en lo necesario y cuydando de su limpieza y aseo’’. El presbítero Joaquín Cortés, en las anotaciones marginales que acompañan los índices de defunciones de los siglos XVI a principios del XIX, nos deja constancia de que ‘’en 1769 se estava fabricando la Hermita de San Miguel’’. Ya vemos como se dilató en el tiempo la construcción de la ermita, que como estamos viendo se llevó a cabo con las pequeñas aportaciones que hicieran cada uno de los vecinos del municipio del XVIII. A falta de nuevos datos podemos constatar que en 1782, por supuesto, ya estaba construida y perfectamente establecida la devoción por cuanto encontramos un memorial de Bartolomé Vilaplana de Luis, ermitaño, que se manifiesta en estos términos:
‘’Que desde que se colocó al Príncipe y Señor San Miguel en su consabida hermita, la está sirviendo el suplicante, quien no puede continuar en este empleo de ermitaño, por su avanzada hedad y accidente de calidad que está imposibilitado y trémulo que no puede encender los cirios o velas y lámparas de dicha hermita. En cuya atención. Rendidamente suplica se digne exonear al suplicante del sitado empleo de ermitaño de dicha hermita’’. Los nombramientos de los ermitaños los realizaba el Ayuntamiento a solicitud de los interesados, así como el cese de sus funciones que como podemos entresacar del documento más arriba descrito, consistía principalmente el mantener las luminarias y el cuidado y aseo de la ermita. En 1794 tiene lugar el nombramiento como ermitaño de San Miguel a Francisco Brotons, según consta ‘’por dexación de Vicente Jover Flores’’ entregándole por inventario ‘’las ropas y alajas de dicha hermita’’ siendo este el primer inventario registrado documentalmente de los bienes de la ermita de San Miguel fechado el 18 de febrero de 1795:
Reproducimos parcialmente el inventario respetando la clasificación por altares que nos trasmite el documento:
En la Sacristía
Un caliz de plata sobredorado con su Patena. Una Hostiera. Un Santo Christo, un espejo, vinagreras y plato. Toallas, Flores. Vestuario para celebrar, nuevo. Una espadita. (Recordemos que el Arcángel San Miguel se le representa con espada y balanza). En el Altar
Un Santo Christo de Piedra. Atril con quatro candeleros de madera con sus pedasos de velas. Tres secuencias, (se supone que del Vía Crucis). En la Iglesia
Dos sillas de respaldo. Una lámpara. Un quadro de la Purísima. Otro del Santo Christo de San Salvador. Otro de Santo Thomás de Villanueva. Otro de Santa Bárbara, y otro de San Vicente Ferrer, grandes. Tres Medias Cañas de la Virgen de los Dolores, San Antonio de Papua y la Asunción. Catorce estampas de la vía Crucis. Un quadro mediano con dos ángeles que sostienen la custodia. Altar de (sin anotar, se supone del Ecce Homo por cuanto aparece este altar en posteriores inventarios). Toallas, Ocho Candeleros con dos velas. Una secuencia de la Casa Santa. Quatro flores de manos y una lámpara. Altar de la Soledad
Unas toallas delgadas con encaje y encima una cubierta de enserad (sic). Quatro Candeleros con sus velas. Un santo Christo. Tres sequencias. Una cortina de seda con sus hierro. Y una lámpara. En el Coro
Tres banquitos de madera. Un atril grande y un Santo Christo con su docel. Respecto a los altares queda constancia documental de la petición fechada el 8 de mayo de 1788 de Antonio Juan, exponiendo que ‘’D. Ramón Morant, deán de la colegial del Sr San Nicolás de la Ciudad de Alicante y Vicario Castrense…, descendiente de esta dicha villa y residente al presente en la de Madrid, desea colocar en una de las capillas vacante de la hermita del Príncipe y Señor San Miguel de ésta referida villa, a Nuestra Señora de la Soledad, para cuyo efecto ha remitido al suplicante en dos caxones, un lienzo,lámpara y cosas pertenecientes a la capilla y orden para componerla y adornarla con toda perfección… Y como el muy Ilustre Ayuntamiento sea Patrono de dicha ermita, Se le suplica ceda la segunda capilla de las que están a la parte de medio día de la referida ermita de San Miguel… todo a expensas de dicho D.Ramón Morant’’. Por decreto de 26 de mayo, los señores del Ayuntamiento le concede la citada capilla ‘’con la obligación de haber de mantener el techo y reconocer a esta villa por Patrona’’. Además de este primer inventario, hemos de, al menos, nombrar los que han sido localizados:
Inventario de 1838, que se entrega a ‘’Fray Joaquín torres, presbítero religioso exclaustrado de la Religión de Descalzos, natural y vecino de esta villa’’. Quien le encarga el buen desempeño sus funciones como ‘’ermitaño del santuario de San Miguel’’ y la necesidad de ‘’cumplir las obligaciones que son anexas a dicho destino’’. Estas funciones las cumplirá hasta 1845 momento en que se entrega el mismo inventario a Miguel Pina y Pérez, soltero de edad 30 años, natural y vecino de ésta, por renuncia de aquel, comprometiéndose ‘’al cuidado y aseo de la Iglesia y demás anejos’’. Inventario de 1894, también muy completo y en el que aparecen nuevas capillas dedicadas a otros tantos santos, a San José y a San Vicente. En este caso se entrega al ermitaño Pedro Vilaplana Guillem. Este mismo inventario aparece con anotaciones que no sabemos si producen en el mismo año o es que sirvió de modelo para uno posterior ya que se registran otros bienes y otras dos capillas, la de la Purísima y la del Santísimo. En el año 1944 se fundió una campana para la espadaña, (hasta fecha de hoy, no se sabe ciertamente si la anterior campana supuestamente fundida a finales del siglo XIX o principios del siglo XX, desapareció o la destruyeron durante la guerra civil del 1936 al 1939 ) de la Ermita y así anunciar los rezos del Ángelus diarios y fiestas de San Miguel . La actual campana lleva grabada la siguiente epigrafía: Arcángel San Miguel bendecid al pueblo de Ibi, año 1944 y grabada una Cruz . Restaurada en el año 2006, ya que el contrapeso o armazón de madera no aguantaba mas y estaba Corcado. Como tradicionalmente hacía el ermitaño; con la mejora de la campana, se pueden programar los volteos que tradicionalmente se hacía, los rezos del Ángelus y algún día que otro solemne o festivo así como en la romería y semana de San Miguel Arcángel, anunciando la alegría de nuestras fiestas mayores y de estar todos juntos en hermandad, y así, recuperamos una pequeña parte del patrimonio histórico. Un último inventario es el de 24 de noviembre de 1953, en este caso es muy somero y no se especifican altares o capillas. Respecto a las obras de restauración de la ermita hubo de crearse en el año 1947, una Comisión Pro-reconstrucción de la ermita de San Miguel en la que un buen número de particulares e industrias Ibenses colaboraron llegándose a recaudar un total de 5.021 pesetas. Casi 35 años después, en 1981 sería el Ayuntamiento quien acometería la iniciativa de la restauración de la ermita y el arreglo del camino de acceso a la misma, siendo el importe total de la misma de 1.813.550 pesetas. Sobre las celebraciones de la festividad de San Miguel nos adentró, como en tantos otros temas tradicionales y costumbristas ibenses, el Sr. Antonio Anguiz, en su obra ‘’Estampas y recuerdos ibenses’’ trasmitiéndonos, el son de la xaramita i tambor anunciando la fiesta, la alegría de los romeros, la subida del santo a su ermita, la Misa y el sermón, los bailes en las inmediaciones de la ermita, el reparto de coca en oli y sardinas asadas. Todo un día de fiesta. La devoción y celebración de la festividad de San Miguel, sigue siendo hoy de las mas relevantes de nuestro municipio, el nuevo milenio se recibió con la iluminación nocturna de la ermita que junto a la ermita de Santa Lucía dan a nuestro municipio una preciosa estampa de tradición e historia.