06/06/2026
ALABADO SEA JESÚS SACRAMENTADO
Siempre es especial la tarde en la que nuestra Hermandad Sacramental efectúa su procesión eucarística. El peso y la enjundia de los siglos de veneración al Santísimo Sacramento se hacen notar en los presentes, existiendo un sesgo de solemnidad y emocion contenida, por ser los portadores actuales de una devoción casi cinco veces centenaria; y más si como este año, se producían estampas de recuperación histórica.
Ayer celebramos una nueva Procesión Eucarística, una jornada en la que nuestra Hermandad quiso poner en valor la riqueza de la tradición sacramental y una forma de entender la liturgia que sigue encontrando en la belleza uno de sus mejores caminos hacia la Fe.
Tras una solemnísima celebración de la Santa Misa en el primer día de triduo, una vez organizado el cortejo y cuando aún brillaba el sol sobre el campanario de la Mayor de San Pedro, el Guión Sacramental cruzaba la Puerta de Tierra. Tras un nutrido cortejo de jóvenes, el primer paso, con la efigie de nuestro querido San Manuel González cruza a el dintel, siendo sabedores de que sin cuya presencia histórica nuestra Parroquia Mayor, jamás habría sido la misma.
Tras diversas representaciones, llegaba el momento que marcarán los anales: tras varias décadas la Virgen de los Reyes volvía a procesionar por la feligresía en un cortejo Sacramental. Enmudecía la Plaza de San Pedro cuando su silueta se recortaba en una tarde inolvidable, con sabor a tiempos pasados. La tarde se tiñó de tonos antiguos para contemplar nuevamente a la Virgen de los Reyes por las calles de Huelva. Su presencia volvió a dejar estampas que evocaban otra época, entre plazas, fachadas y vecinos que conservan viva la memoria de esta feligresía.
Finalmente, tras hermanos de luz, Jesús Sacramentado hacía postrarse de rodillas a quienes contemplaban su eterna luz, rodeada de solemnidad. Un escogido repertorio musical sumaba magnificencia a su Divina Presencia. Una alfombra de pétalos marcaba el camino del Santísimo Sacramento, centro y razón de ser de nuestra Hermandad, mientras la plata de sus respiraderos seguía hablando de la grandeza artística y devocional que tantas generaciones han legado hasta nuestros días.
Con la última claridad del día el cortejo retornaba a la Mayor, dejando un regusto hermoso a piedad, devoción e historia de esa forma tan única que nuestra Sacramental de Pasión sabe impregnar a cada acto de culto que se promulga secularmente al Santísimo Sacramento del Altar. Tras una solemnísima Bendición y Reserva, ya en el Altar Mayor, por parte de nuestro Párroco y Director Espiritual, se ponía punto y final a la jornada, pero no así a los Cultos Sacramentales, que tendrán continuidad durante los dos días de Triduo restantes.
La procesión vivida ayer nos anima a seguir trabajando con ilusión para hacer crecer esta manifestación pública de fe. Queda aún mucho camino por recorrer, pero el conjunto ofrecido por nuestros tres pasos nos impulsa a continuar consolidando una celebración que, con el transcurrir de los años, siga enriqueciendo la vida religiosa y patrimonial de nuestra ciudad.