22/08/2026
SANTA MARÍA, REINA DE LOS CIELOS Y DE LA TIERRA
Hoy, 22 de agosto, ocho días después de celebrar su gloriosa Asunción, la Iglesia vuelve sus ojos hacia María para contemplarla bajo un título lleno de profundidad: Santa María, Reina de los cielos y de la tierra.
Y hoy, Huelva, mira a su Esperanza.
A esa Virgen de mirada de miel que, desde su templo, sigue siendo refugio, consuelo y camino para tantos corazones. A Ella queremos dedicar esta jornada, porque llamarla Reina no significa colocarla lejos de nosotros, sino descubrir precisamente lo contrario: María reina estando cerca; reina amando; reina sirviendo; reina acompañando a sus hijos.
La Sagrada Escritura nos muestra el verdadero sentido de su realeza.
Cuando el ángel le anuncia que será la Madre del Salvador, María no responde desde el poder, sino desde la humildad:
"He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra."
(Lc 1, 38)
Y en el Magníficat proclama:
"Ha mirado la humildad de su esclava."
(Lc 1, 48)
La que se llamó a sí misma esclava es llamada hoy Reina.
Porque en el Reino de Dios las coronas no se conquistan dominando, sino entregándose. No se reina desde lo alto de un trono, sino desde la cercanía del corazón.
Como enseñaba san Juan Pablo II, refiriéndose a María: "Su reinar es servir; su servir es reinar."
Y esta es también la grandeza de María: toda su realeza nace de Cristo y conduce a Cristo. El Concilio Vaticano II nos enseña que, elevada al cielo en cuerpo y alma, fue constituida por el Señor Reina del universo, plenamente asociada a su Hijo.
Por eso, cuando la Iglesia la contempla coronada, no contempla a una mujer alejada de las preocupaciones de sus hijos. Contempla a la Madre que permanece junto a ellos.
La vemos en Caná, atenta a una necesidad que nadie parece haber advertido:
"No tienen vino."
(Jn 2, 3)
Y María hace lo que siempre hace: mirar hacia Jesús y llevarnos hasta El.
"Haced lo que El os diga."
(Jn 2, 5)
Ahí está toda la catequesis mariana.
María nunca ocupa el lugar de Cristo. María nos lleva a Cristo.
Por eso la Esperanza no puede ser solamente una imagen que contemplamos. Su mirada nos recuerda que siempre existe un camino hacia Jesús; que incluso cuando la noche parece larga, la esperanza no está perdida.
El papa Francisco, al hablar de María en su Asunción, nos recordaba que Ella es la primera criatura que, con todo su ser, en cuerpo y alma, atraviesa victoriosa la meta del Cielo. Ella nos muestra que el Cielo está al alcance de la mano.
Y quizá por eso resulta tan significativo que la Iglesia celebre a María Reina precisamente después de la Asunción.
Primero, el cielo.
Después, la corona.
Primero, la entrega.
Después, la gloria.
Primero, la cruz.
Después, la victoria.
Porque la corona de María no puede entenderse sin la cruz de Cristo.
Ella estuvo junto a El en el camino, permaneció al pie de la Cruz (Jn 19, 25) y participa ahora de su gloria. Su vida entera nos enseña que la esperanza cristiana no consiste en no sufrir, sino en saber que el sufrimiento no tiene la última palabra.
Por eso, hoy, al mirar a la Esperanza, podemos hacer nuestra aquella oración que la Iglesia repite desde hace siglos:
Salve, Regina, Mater misericordiae.
Salve, Reina.
Reina de los cielos.
Reina de la tierra.
Reina de la paz.
Reina de nuestras familias.
Reina de los que esperan.
Reina de los que lloran.
Reina de quienes caminan a oscuras buscando una luz.
Y también, hoy, Reina de Huelva.
Pero no una Reina distante, sino la Reina que conoce a su pueblo; la Madre que escucha sus súplicas; la que recoge nuestras lágrimas y las presenta ante su Hijo; la que permanece junto a nosotros cuando la vida aprieta y nos recuerda, con la serenidad de su mirada, que después de cada Viernes Santo siempre amanece la Pascua.
El papa Benedicto XVI recordaba que el título de Reina es un título de confianza, de alegría y de amor, porque María, desde el cielo, continúa siendo Madre cercana que escucha y acompaña nuestro peregrinar.
Hoy, 22 de agosto, cuando la Iglesia proclama:
Santa María, Reina de los cielos y de la tierra, ruega por nosotros.
Huelva puede mirar a su Esperanza y decirle, una vez más:
Reina nuestra, enséñanos a servir como Tú, a creer como Tú, a esperar como Tú y, sobre todo, a llevar siempre nuestro corazón hacia Jesús.
Santa María de la Esperanza, Reina de los cielos y de la tierra, ruega por Huelva.
"Que no os roben la esperanza", nos decía el papa Francisco.
Y nosotros sabemos dónde buscarla:
En la mirada de nuestra Esperanza.
Fotografía: Jesús Herves Martín