Luz y Amargura - Guadix

Luz y Amargura - Guadix El Santísimo Cristo de la Luz y María Santísima de la Amargura tienen su sede canónica en la Parroquia de Santiago Apóstol de Guadix (Granada).

11/09/2023
https://www.instagram.com/p/CvzwMyhNzfK/?img_index=3Se celebraba anoche la "Noche en Blanco" en Guadix.Dentro de las vis...
11/08/2023

https://www.instagram.com/p/CvzwMyhNzfK/?img_index=3

Se celebraba anoche la "Noche en Blanco" en Guadix.
Dentro de las visitas culturales se enmarcaba la de nuestra parroquia de Santiago, donde pudimos disfrutar de un magnífico recital y una visión diferente de cuanto podemos encontrar en el templo.
Asimismo, nuestra Hermandad se suma a esto disponiendo a nuestros Titulares para tal ocasión, disfrutando de una manera distinta para su veneración.

Domingo 2º de Pascua - Ciclo A«¡Señor mío y Dios mío!»Nos adentramos, un año más, en la celebración de la Pascua, un lar...
16/04/2023

Domingo 2º de Pascua - Ciclo A
«¡Señor mío y Dios mío!»

Nos adentramos, un año más, en la celebración de la Pascua, un largo espacio de tiempo pero mucho que asimilar y celebrar. Pues este mensaje de la Pascua, el kerigma como se suele decir, esperemos que sabiendo de qué hablamos, es el contenido de la fe cristiana por excelencia: Dios ha actuado definitivamente en la historia y en nuestras vidas resucitando a Jesús de Nazaret y mostrándolo ante el mundo como el Mesías, el Señor, su Hijo unigénito entregado por la salvación de todos. Pero al hacer esto, para acercar a Cristo a todos y cada uno, ha tenido que ocultarlo, paradójicamente, a los ojos y a la escrutinio científico y cientifista.

Pero aunque oculto en Dios y como Dios, para permitirnos seguir siendo libres, Cristo está en medio de los suyos, muy cerca de cada uno, se muestra, se deja encontrar, anima cada día la vida de los discípulos, está siendo accesible en la oración (primera lectura) y, sobre todo, en la celebración que comparten los suyos, como nos contaba el Evangelio. Porque el testimonio de la Pascua se traduce, como muestran los relatos con el Resucitado, en encuentros personales donde el mismo Crucificado que vive se revela a los discípulos, a cada uno como necesita para reconstruir la fe en Él y continuar el seguimiento, después de la ruptura de la muerte. Pero estos encuentros también se producen durante la celebración semanal de la comunidad, el que ahora es el primer día de la semana, recuerdo cada ocho días de la Pascua del Señor. El relato que hemos escuchado hoy tiene todos los rasgos que contribuyen, domingo a domingo, a fundar nuestra fe en la presencia y compañía de Jesús vivo para siempre. Se trata de una celebración comunitaria, en domingo, como nosotros. Los discípulos están «encerrados», por miedo a los de fuera y su persecución pero Jesús entra en medio de ellos sin ningún esfuerzo y les reitera su perdón por todo lo sucedido, deseándoles la Paz.

También les recuerda los signos de entrega que permanecen en su cuerpo vivificado, especialmente las heridas de las manos y el costado. Les reitera la paz y los envía a continuar su misión de hacer presente la acción viva de Dios en medio de los hombres y para ello les entrega el Espíritu Santo, para que perdonen, en nombre suyo, los pecados o los retengan hasta que se produzca el arrepentimiento que da paso a la reconciliación. El relato es la introducción y contextualización del encuentro entre Jesús y un discípulo concreto, Tomás, apodado el «mellizo», quien, ante el anuncio del Resucitado, se niega a aceptarlo si antes no ve y toca personalmente al Resucitado. Y en la siguiente ocasión, Jesús se lo consiente, aun lo provoca, hace que sus dedos se introduzcan en sus heridas, de tal modo que la increencia o duda de Tomás se convierte en la mayor confesión de fe todo el Nuevo Testamento: Tomás, tras tocar al Verbo de Dios a través de las heridas (Ratzinger), le confiesa como tal, como su Señor y su Dios, como presencia personal divina cerca de Él y en medio de todos. Este es el verdadero mensaje pascual: en cada una de nuestras celebraciones, Cristo se hace presente, viene a cada uno y todos en la Palabra, nos renueva el Don del Espíritu y el envío a anunciar a todos que está aquí y, sobre todo, se une a cada una de nuestras vidas, de nuestras existencias mortales, en la Eucaristía, para conducirnos a confesarle como Quién Es, como tanta sencilla repite en una sencilla jaculatoria tras la comunión (yo la aprendí de mi madre): ¡Señor mío y Dios mío!

Carmelitas Descalzos. Provincia Ibérica

Fuente texto: https://n9.cl/q8hp1
Fotografía: Nuria Casado

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14/04/2023
DOMINGO DE RESURRECCIÓN«Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado»Hoy revivimos el mismísimo día de Pascua, com...
09/04/2023

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
«Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado»

Hoy revivimos el mismísimo día de Pascua, como cada domingo sí, pero de un modo especial porque es la culminación de la Gran Semana, del Triduo Santo que recuerda y actualiza, paso a paso, los misterios finales de la vida del Señor Jesucristo. En estos días, compartimos con Él la última cena en la que instituyó este mismo memorial para hacer presente, en memoria suya, lo que fue su entrega final por la salvación y la vida de todos. Le acompañamos después en los terribles momentos de su oración confiada y oscura en Getsemaní, en los diferentes pasos de la Pasión donde los hombres mostramos nuestra capacidad de despreciar y hacer el mal y Él su paciencia, servicio y amor fiel.

Por último, celebramos su muerte, su entregar todo lo que había tomado y convivido con nosotros, nuestra propia carne que era también la suya. Y la entregó no como la había tomado sino perfecta, como carne de un hombre, por fin, plenamente obediente a la voluntad del Padre, el nuevo Adán, el Hijo que nos reincorpora a todos a la familia de los hijos. Hoy, en la noche y el día de Pascua revivimos y confesamos que toda esta entrega y sufrimiento tuvieron como consecuencia la vida y la salvación. Que el Padre pudo, por fin, tomar a un hombre perfecto abandonado completamente en sus manos y mostrar cuál había sido siempre su intención respecto de la humanidad: no someternos sino liberarlos, compartir con nosotros su propia vida y eternidad. Y sabemos que es así porque en la resurrección no solo se muestra el Verbo inmortal de Dios sino también su humanidad, el hombre Jesucristo, al que estaba indisolublemente unido.

El que fue entregado y estuvo bien mu**to y enterrado, se levantó de la muerte, volvió a ser el Dios eterno en plenitud que ya era pero también comenzó a ser el hombre nuevo, renacido a la vida de Dios, que ya no muerte ni sufre más. Revivimos hoy que la resurrección sucedió en la historia, como el resto de la historia del hombre Jesús, que fue realmente apresado, juzgado, despreciado, ejecutado. También resucitó como nos recordaba el texto del Evangelio, que fue el de la Vigilia pascual: cuando las mujeres acudieron al sepulcro, contemplaron la piedra quitada de en medio y que cuerpo mu**to de Jesús, el crucificado, ya no está allí. A estas buenas mujeres les acaece un temblor de tierra y un ángel del Señor baja del cielo a comunicárselo porque el hecho sucedido en la historia, el domingo de pascua de aquel año, en realidad, abre esta historia a la eternidad porque lo sucedido ya es irrevocable, es para siempre. Es el mensaje que tienen que comunicar: que el Crucificado es ya el Resucitado y sigue caminando delante de ellos a Galilea donde todo empezó o no sabemos si para comenzar otra vez, aunque otras tradiciones hablan de Jerusalén.

En realidad, se refiere a todas partes y a todos los tiempos: desde ese instante, Jesús está presente, sigue presente muy cerca de cada uno de nosotros y puede comunicarnos, gracias a su carne que es la nuestra ya glorificada, ya llegada a la meta, la misma fuerza de Dios, la misma realidad de Dios, el Espíritu Santo, la vida plena, la capacidad para ser verdaderos hijos de Dios. La historia sigue, continúa, con todos y cada uno de nosotros. Cristo Jesús, vivo, resucitado, está con nosotros cada día, en cada momento, como «amigo que nunca falla», compañero y esposo para nuestra vida, prueba firme de la fidelidad de Dios que logra comunicarnos, por fin, su propia vida.

Carmelitas Descalzos. Provincia Ibérica
Fuente texto: https://n9.cl/cgy3t
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Guadix
18500

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