13/09/2026
Decimosexto Domingo después de Pentecostés
Die XIII · Septembris · A.D. MMXXVI
Seq. S. Evangélii sec. Lucam 14, 1 – 11
(Léctio Epístolae B. Pauli ad Ephésios 3, 13-21)
Ornamentos Verdes
El motivo de la parusía, insinuado ya el Domingo anterior, aparece hoy con más insistencia, y la liturgia se anubla bruscamente.
A las puertas del otoño, el tiempo en que los días se hacen más cortos y las noches más largas. Como en la naturaleza, las tinieblas avanzan también en el alma de la Iglesia errante.
El gradual de la misa de hoy nos presenta ya al Señor bajo la forma del gran Juez, que ha de tornar al mundo, revestido ⁰de poder y majestad. En la Epístola, San Pablo nos exhorta, desde la cárcel de Roma, a activar el desarrollo de nuestra vida sobrenatural y a llegar “a la plenitud de Dios”, para que arraigados en la caridad, podamos comprender el misterio de Cristo. Desgraciadamente, en muchos de los que recibieron la gracia del renacimiento, la buena semilla no ha crecido. Tal vez ha sido devorada por las aves del cielo, o pisoteada por los transeúntes, o sofocada por las espinas.
La Iglesia se entristece ante este espectáculo, y exclama en el introito de este domingo: “Señor, compadécete de mí, porque a ti clamo todo el día”; Y añade en la Oración: “Haz, Señor, que tu gracia nos prevenga y acompañe siempre”. Y así venga el Señor en los Sacramentos de la Penitencia y en la Eucaristía.
En el Evangelio, Jesús, invitado a casa del fariseo, observa la ridícula vanidad con que los convidados iban asaltando los primeros puestos en el banquete; y tomando la palabra, enseña que el humilde hace todo lo contrario. Es éste el camino del verdadero encumbramiento. En medio del convite, se acerca al enfermo, y le toca con su mano enviándole su casa (la Iglesia), donde podrá cantar las palabras de la comunión de la misa de este domingo: “!Oh Dios! Tú me has enseñado desde mi juventud: no me desampares hasta el último día de mi vida”.