07/06/2026
IN FESTO SANTISSIMI CORPORIS CHRISTI
(Domingo de la Infraoctava del Corpus)
VII · Junii · A.D. MMXXVI
Seq. S. Evangélii sec. Joánnem 6, 56–59
(Léct. Epístolae B. Pauli Apóstoli ad Corínthios 11, 26 – 39)
Ornamentos Blancos
Ecce Panis angelórum, factum cibus viatórum
El altar es la prolongación del Calvario, y la Misa “anuncia la muerte del Señor”. Es verdad que ya el día de Jueves Santo conmemoramos la institución de la sagrada Eucaristía, pero el recuerdo de la muerte de Cristo no nos permitió expresar debidamente nuestros sentimientos de alegría y de gratitud a nuestro Señor, por haber imaginado este medio de quedarse perpetuamente en la tierra. Es hoy cuando le rendimos ese homenaje, considerando la sagrada Eucaristía como sacrificio y como sacramento.
La liturgia de este día se debe al gran Doctor de la Iglesia Santo Tomás de Aquino, que la compuso, en 1264, por encargo del Papa Urbano IV. Es indudablemente un modelo de oración litúrgica, una de las más perfectas composiciones que se encuentran en todo el Breviario y en todo el Misal. Los antiguos oficios no tienen una unidad de pensamiento tan perfecta, tan coherente, tan ordenada. Es verdad que Santo Tomás utilizó otros oficios anteriores, pero él supo armonizar elementos dispersos, formando el más bello conjunto.
El Introito de la Misa es realmente un introito, una introducción, una invitación a la solemnidad del sacrificio. El Evangelio y la Epístola se corresponden: el uno nos recuerda la promesa de la Eucaristía, la otra nos cuenta su institución. Entre las dos Lecturas resuena el canto del Gradual y del Aleluya, que nos ofrece la misma correspondencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La Secuencia es un poema dogmático de extraordinaria belleza, en el cual se resumen toda la doctrina del Misterio Eucarístico. Bello es también el ofertorio, todos nosotros “somos reyes y sacerdotes”, que ofrecemos el pan (trabajo), y el incienso (oración), y esto nos obliga a llevar una vida santa. La Secreta nos revela el significado de nuestras ofrendas: el pan y el vino son figuras de la unidad y la paz. Muchos granos y muchas uvas, dice san Agustín se juntan para formar la masa y hacer el vino.
La sagrada Eucaristía es el sacramento de la paz y de la unidad en Cristo. Es, además, por parte de Cristo, el sacramento del amor, de la entrega que supone, y anuncia las demás entregas: “Naciendo, se dio como hermano; comiendo, se dio como alimento; muriendo; como precio; y, reinando, como premio (Himno de laudes).