08/09/2026
Sacrosanta Natividad de
Nuestra Señora, la Pura y Santísima Virgen María.
Hoy la Iglesia se llena de alegría al celebrar el nacimiento de la Virgen María, la humilde doncella de Nazaret, elegida por Dios para ser Madre del Salvador. Su nacimiento fue silencioso, sin estruendos ni signos extraordinarios, pero en ese hogar sencillo floreció la esperanza de la humanidad.
María no es grande por su linaje, ni por sus posesiones, sino por su fe. Dios mira la pequeñez de su sierva y en ella realiza maravillas. Su nacimiento es como la primera luz del amanecer: aún tenue, pero que ya anuncia el pleno día, la venida del Mesías.
Cada vez que celebramos su natividad, recordamos que Dios sigue naciendo en lo escondido, en lo fragil, en lo aparentemente insignificante. María es signo de que el amor de Dios no se impone, sino que se propone con ternura.
Hoy damos gracias por María, por su sí generoso, por su disponibilidad, por su presencia constante en la vida de la Iglesia. Y elevamos nuestra oración con toda la Iglesia, que en cada rincón del mundo la venera con múltiples advocaciones, títulos y rostros, pero siempre con un mismo corazón de hijo.
Fotografía: José Rodríguez Bellido.