26/11/2025
¡Obreros del Nuevo Pacto!
2Co 3:17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
2Co 3:18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. La forma de pensar de Pablo es la siguiente: cuando Moisés fue a la presencia de Dios, tenía la libertad de quitarse el velo, la presencia del Señor le daba esta libertad. Tenemos el Espíritu Santo, quien es el Señor. Vivimos en la presencia del Espíritu porque Él nos la ha dado bajo el Nuevo Pacto. Así que, de la manera que Moisés tenía la libertad de relacionarse con Dios sin usar el velo en la presencia del Señor, así nosotros tenemos la libertad debido a la presencia del Espíritu Santo.
También debemos de considerar lo que Pablo «no» está diciendo. Él no está dando una licencia para un excesivo Pentecostés debido a que donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Tenemos una gran libertad en nuestra relación con Dios por medio de lo que Jesús hizo y por medio de lo que está haciendo el Espíritu Santo, pero nunca tenemos la libertad para desobedecer lo que el Espíritu dice en la Palabra de Dios. Esa es una perversión de la verdadera libertad, no una libertad guiada por el Espíritu.
Hay libertad: Lo que Pablo tiene en mente, es en realidad la libertad de acceso. Él está colocando los cimientos de lo que escribió en 2Co_3:12 : «usamos de mucha franqueza». Franqueza es una palabra relacionada con libertad. Debido a la gran obra del Espíritu Santo en nosotros, por medio del Nuevo Pacto, tenemos una relación franca y libre con Dios.
«Una libertad del yugo de la ley, del pecado, de la muerte, del in****no; pero la libertad aquí se refiere, principalmente, a la libertad de la ceguera y dureza que está sobre los corazones de los hombres hasta que reciben al Espíritu Santo».
La gloria transformadora del Nuevo Pacto: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
Nosotros todos, mirando a cara descubierta: Pablo invita a cada cristiano a una intimidad especial y gloriosa con Dios. Esta es una relación y un poder transformador que no son propiedad de algunos cristianos privilegiados. Les puede pertenecer a todos, a todos los que tienen una cara descubierta.
Somos transformados: Mientras miremos la gloria de Dios, seremos transformados. Dios cambiará nuestras vidas y nos cambiará de adentro hacia afuera. Aunque el Antiguo Pacto tuvo su gloria, nunca la ley pudo transformar nuestras vidas. Dios usa el Nuevo Pacto para hacernos personas transformadas, no solamente buenas personas.
Todos quieren saber: «¿Cómo puedo cambiar?». O, todos quieren saber: «¿Cómo pueden ellos cambiar?». La mejor y más duradera oportunidad viene a nuestra vida cuando somos transformados por el tiempo que pasamos con el Señor.
Hay otras cosas que coadyuvan al cambio, como la culpa, la coerción, la fuerza de voluntad; pero ninguno de estos métodos nos trae una oportunidad que sea profunda y que dure tanto como la transformación que viene del Espíritu de Dios, mientras pasamos tiempo en su presencia.
Pero aún se requiere algo: «mirando». La palabra significa más que una mirada casual, significa «hacer un estudio cuidadoso». Todos tenemos algo que mirar, algo que estudiar. Podemos ser transformados por la gloria del Señor, pero solamente si la estudiamos cuidadosamente.
En la misma imagen: Al estar mirando el «espejo de Dios», somos cambiados a la misma imagen del Señor. Cuando pasamos tiempo mirando la gloria del Dios de amor, gracia, paz, y justicia, veremos un crecimiento en amor, paz, gracia y justicia.
Por supuesto, es de esta forma que puedes saber si alguien está pasando en realidad tiempo con el Señor: ellos son transformados […] en la misma imagen. Sin embargo, cuando miramos hacia el «espejo de Dios», mucho de lo que «vemos» depende de la imagen que tenemos de Dios.
En esta analogía, el «espejo de Dios» no es un espejo que nos muestra tanto lo que somos, sino lo que seremos, y en lo que nos convertiremos en base a nuestra imagen de quién es Dios. Si tenemos una imagen falsa de Dios, veremos una imagen falsa en el «espejo de Dios», y seremos transformados en la misma imagen, mucho de ello para nuestro daño, tanto ahora como para la eternidad. No todos ven la verdad cuando ven hacia el espejo.
Podemos estar agradecidos de que no tenemos que estar bajo la servidumbre de una imagen falsa de nosotros, ni de Dios. Si miramos la imagen de Dios como Él es, en verdad seremos transformados a su imagen. Este es el gran diseño de Dios para nuestra salvación: «porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo» (Romanos 8:29). El progreso de esta restauración es continuo a través de toda la vida, porque es poco a poco que Dios usa su gloria para que brille en nosotros».
Somos transformados: Esta obra de transformación es un proceso. Somos transformados, la obra aún no está completa, y nadie debería de esperar que estuviera completa ni en él mismo ni en otros. Nadie sale de un tiempo increíble con el Señor perfectamente transformado.
De gloria en gloria: El trabajo de la transformación es un proceso continuo. Es una obra de gloria en gloria. No es ir de la apostasía a la gloria y reincidir en la apostasía. La obra de Dios en nuestras vidas puede ser un proceso continuo, de gloria en gloria.
Por el Espíritu del Señor: Con estas últimas palabras, Pablo enfatiza dos cosas: primero, este acceso a Dios y a su presencia transformadora es nuestro por el Nuevo Pacto, porque es a través del Nuevo Pacto que se nos da el Espíritu del Señor; segundo, esta obra de transformación en realidad es la obra de Dios en nosotros.
Esto sucede por el Espíritu del Señor, no por la voluntad o el esfuerzo del hombre. Nosotros no alcanzamos o nos ganamos la transformación espiritual al mirar en un espejo la gloria del Señor. Simplemente, nos ponemos en el lugar en donde el Espíritu del Señor pueda transformarnos.
Pero es necesario que conozcamos la personalidad del Espíritu Santo: ¿Es el Espíritu Santo un ser sensible? Si. La Biblia presenta al Espíritu con emociones; por ejemplo:
Los cristianos debemos cuidarnos de no entristecerle: “No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven.” (Ef.4:30)
Anhela celosamente a los creyentes: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: ¿El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Stg.4:5)
Tiene amor (“Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu”, Romanos15:30)
y se relaciona en comunión (“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.”, 2Co.13:14)
Que Dios continué perfeccionándose a través de su Espíritu en cada uno de sus redimidos que anhelamos libertad y ser transformados, para hacer siempre su buena voluntad. A Dios sea la gloria hoy, y por la eternidad!!!
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