17/08/2026
Hoy nos toca aprender de una de las formas más difíciles de amar: saber esperar.
Nuestra Madre se marcha por un tiempo. Se marcha de su casa, de ese lugar donde tantas veces hemos buscado su mirada, donde hemos depositado nuestras oraciones, nuestras alegrías, nuestras preocupaciones y también nuestros silencios.
Se marcha para ponerse en las mejores manos, para ser restaurada y volver a nosotros con todo su esplendor. Y aunque sabemos que es necesario, no podemos negar que su ausencia nos deja un vacío difícil de explicar.
Porque para nosotros es nuestra Madre.
La que nos ha visto crecer. La que ha acompañado nuestros primeros pasos en la Hermandad, nuestros nervios, nuestras ilusiones, nuestros momentos más felices y también aquellos en los que solo necesitábamos mirarla para sentir que todo estaría bien.
Somos jóvenes que hemos aprendido a quererla desde pequeños, que hemos crecido bajo su mirada y que llevamos su nombre y su devoción en lo más profundo del corazón.
Madre, quizá durante un tiempo no podamos encontrarte en tu altar como siempre. Quizá tu casa se sienta un poco más vacía y nosotros echemos de menos tenerte cerca.
Pero hay algo que nunca podrá restaurarse porque nunca se ha roto: el amor que tus hijos te tenemos.
Aquí estaremos tus jóvenes, esperando volver a encontrarnos con tu mirada, con el corazón lleno de emoción y los brazos abiertos para recibirte.
Porque una Madre nunca se va del todo…
se queda para siempre en el corazón de sus hijos.
Te queremos, Madre.
Te queremos hoy, te queremos durante tu ausencia y te querremos siempre.
No tardes Madre nuestra.
Tu Grupo Joven siempre contigo. ✨💜