08/09/2026
María Santísima del Ara se nos presenta deslumbrante.
El sol de septiembre declina para ceder su luz a la devoción. Es ocho de septiembre, festividad de la Natividad de Nuestra Señora, y el pueblo contiene la respiración ante la inminente salida de su Patrona. En el interior del templo, María Santísima de Ara se muestra erguida y majestuosa en el altar itinerante de su paso, dispuesta a reencontrarse con su feligresía y bendecir las calles de su villa.
Su estampa roza la perfección de los cielos. La Virgen viste para la ocasión el soberbio manto de salida de terciopelo rojo, cuyo manto se despliega como un manto de reyes sobre la peana. Contrata la fuerza de este tono con la delicadeza de la saya de tisú rosa, cuajada de bordados que relucen al hilo de oro. Sobre sus hombros, una fina toca de hojilla de oro filtra la luz de la celeridad, rematada la sagrada imagen por la corona de salida, ráfaga de gloria que enmarca su rostro sereno y maternal.
El exorno floral resplandece en una pulcra sinfonía de tonos blancos y matices naturales. Un silente conjunto de nardos, gladiolos, matiolas y delphinium aporta esbeltez y altura al altar, mientras que la elegancia de la rosa inglesa, la rosa clásica y la delicada rosa pitiminí tupen las esquinas con solidez. Como fina caricia que cae hacia las esquinas, el amarantus desciende entre la candelería, completando una composición aromática y de soberbia elegancia visual.
Con el primer golpe de llamarada y el aroma a nardo en el aire, la Reina de Ara inicia su caminar soberano, convirtiendo cada calle en un templo vivo de fe, historia y devoción.
Felices Fiestas Patronales.