31/08/2017
DÍA SEXTO
MARÍA HACE POSIBLE EL MILAGRO
Cita bíblica: “Tres día más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos. Sucedió que se terminó el vino preparado pa-ra la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: “no tienen vino” Jesús le respondió: “ Mujer, ¿ por qué te metes en mis asuntos? Aún no ha llegado mi hora” pero su madre dijo a los sirvientes “hagan lo que Él les diga” (Jn. 2, 1-5)
Reflexión
En el episodio de las bodas de Caná, san Juan presenta la primera intervención de María en la vida pública de Jesús y pone de relieve su cooperación en la misión de su Hijo.
Contemplemos a María junto a Jesús en las bodas de Caná; las bodas son momentos especiales en la vida de muchos, allí se une el pasado que se hereda y el futuro que se espera. Hay memoria y esperanza. Y, Je-sús comienza su vida pública precisamente en una boda. Se introduce en esa historia familiar, de sueños y
búsquedas, de esfuerzos y compromisos, entre la alegría y el júbilo. De pronto, a mitad de la fiesta, se aca-ba el vino. En los profetas del A.T. la falta de vino era considerado como una gran desgracia que había me-recido por causa de la infidelidad a la alianza con Dios. María intercede “no tienen vino”, es la primera en darse cuenta de ello y, para evitar un mal momento a esos novios, se acerca a Jesús con delicadeza para decirle: “ya no tienen vino”. de forma natural, sencilla y de confianza ilimitada, la Madre del señor dijo: “no tienen vino”, insiste con gran finura. Ella sabía que su Hijo no se negaría a complacerla en aquel favor que le estaba pidiendo. Confía el problema ante quien puede resolverlo. No sólo dice a Jesús que a estos esposos les falta el vino, sino que ya no hay vino. Existe una carencia total. Su petición no se limita a una escena confinada en un pueblo de Caná de Galilea, su súplica se extiende a la historia y se abre al mundo; pues nuestra humanidad carece de vino, está triste, apesadumbrada. Por eso se dirige a Jesús, el único que puede traer el don de la alegría. A pesar de unas expresiones que indican una cierta distancia de Jesús res-pecto a su madre: “Qué nos va a ti y a mí”, ella prosigue adelante sin desalentarse, y dice: “ hagan lo que él les diga”. María es la mujer que hace posible el milagro. Ella posee el secreto y el misterio: mira el mun-do desde su corazón, es la mujer de los ojos dilatados por el amor. Su misericordia le agiganta los ojos. Hoy, frente a tanta tristeza y ausencia, es menester el milagro de unos ojos abiertos, que sepan mirar, y al mirar condolerse y socorrer. ¡Ojalá, que nuestra confianza en la poderosa intercesión de María Madre de Consolación, sea total y filial, como la del niño pequeño que confía ciegamente en su madre! Acudamos a Ella siempre que lo necesitemos y en todos los momentos de nuestra vida. Ella, como en Caná, arrancará otro milagro de su Hijo cuando nosotros, como aquellos jóvenes esposos, “ya no tengamos vino” para seguir viviendo con fe, alegría y perseverancia nuestra vida cristiana, nuestra vida consagrada...Que María, la mujer de los ojos siempre abiertos, sepa abrirnos los ojos y el corazón.