03/09/2026
Una noche para guardar en el corazón
Hay noches que no terminan cuando se apagan las luces. Hay noches que permanecen en la memoria, porque en ellas se mezclan la fe, los recuerdos, las ausencias y el amor por nuestra Morenita.
A las 21:30 horas del sábado 29 de agosto, Espeluy volvió a reunirse en torno a su Virgen de la Cabeza, que presidía el acto bellamente engalanada con flores de diversos colores, como si la primavera, todavía por llegar, hubiese querido adelantarse para vestir de luz y esperanza a nuestra Madre.
Ante Ella, y ante todos sus devotos, tomó la palabra Maica Sánchez Flores, pregonera de esta edición. Abrió el acto y presentó a la pregonera nuestro responsable seglar, Luis Tercero, dando paso a una noche en la que las palabras de Maica fueron mucho más que un pregón: fueron recuerdos convertidos en emoción, vivencias transformadas en sentimiento y una historia personal compartida con todos nosotros.
Maica nos llevó de la mano por sus recuerdos de tantas romerías vividas junto a la Morenita. Habló desde el corazón, desde ese lugar donde habitan los momentos que nunca se olvidan. Y entre sus palabras apareció también la memoria de su padre, fiel devoto de la Virgen de la Cabeza, al que quiso hacer presente compartiendo con nosotros algunas de sus anécdotas.
Pero hubo un detalle que, sin necesidad de muchas palabras, lo dijo todo. Maica llevaba consigo la gorra que su padre utilizaba siempre en romería.
Una sencilla gorra que aquella noche dejó de ser solamente una prenda para convertirse en un recuerdo vivo. En ella viajaban muchas romerías, muchos caminos, muchas ilusiones y, sobre todo, la presencia de un padre que, aunque ya no está físicamente entre nosotros, sigue caminando junto a su hija cada vez que la Morenita vuelve a llamar.
Porque quizá eso sea también la devoción: seguir llevando con nosotros a quienes amamos, aunque el tiempo y la vida los hayan llevado a otro lugar.
Las palabras de Maica emocionaron y nos hicieron recordar que las tradiciones no se heredan solamente de padres a hijos; también se heredan los sentimientos, las miradas, las historias y ese amor profundo por una Virgen que acompaña nuestras vidas generación tras generación.
Después, la pregonera recibió un ramo de flores y un hermoso cuadro de nuestra Morenita, un pequeño gesto para agradecerle un pregón que, sin duda, quedará en el recuerdo de nuestra Hermandad.
El acto llegó a su fin con las palabras de D. Jesús, nuestro diácono, y con un momento especialmente esperado: todos juntos entonamos el Himno a la Morenita, dejando que nuestras voces se unieran bajo la mirada de nuestra Virgen de la Cabeza.
Y cuando terminó el acto, la Hermandad continuó reunida en torno a una mesa. Llegó la cena de Hermandad, ese momento en el que la solemnidad deja paso a las conversaciones, las risas y los abrazos. Una velada cómoda, agradable y compartida entre hermanos, familiares y amigos.
La cena estuvo servida por Catering Malón, que puso todo su empeño y dedicación, cuidando cada detalle para que nada faltase en una noche tan especial.
Y así terminó una jornada de esas que uno quisiera guardar para siempre.
Una noche en la que las flores anunciaban una primavera por venir, en la que una gorra hizo presente a un padre ausente, en la que los recuerdos se hicieron palabras y las palabras se hicieron emoción.
Una noche en la que volvimos a comprender que, mientras haya un corazón que recuerde, nadie se marcha del todo.
Y que mientras sigamos caminando bajo su mirada, nuestras romerías, nuestras historias y nuestras vidas seguirán teniendo un mismo destino:
Ella, nuestra Virgen de la Cabeza.
¡Viva la Virgen de la Cabeza!
¡Viva la Morenita de Espeluy!