27/05/2026
IX del TO
“Santísima Trinidad”
Ex 34,4-9//2 Cor13,11-13// Jn 3,16-18
©Introducción
El Misterio de la Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado y se une con ellos. A lo largo de la Biblia aparece Dios Padre desde el inicio, con la promesa de un Mesías, el Hijo, que se nos da como Jesús y que tras su ascenso a los cielos se nos derrama el Espíritu Santo que es nuestro compañero más próximo hasta el final de los tiempos. Desde el principio han existido como un solo Dios y tres personas distintas.
Contexto y cronología
No sabemos el contexto y las razones de este concreto devenir, pero podemos deducir que, a lo largo de los tiempos, Dios habrá comprobado que el hombre, apartado por su desobediencia, era capaz de hacer obras buenas como el caso del samaritano que se para ante el malherido y le ayuda, mientras los otros pasan de largo. Es lógico pensar que el Dios de Jesús se habrá conmovido ante la acción del samaritano y otras muchas más, pensando que el hombre creado, con sus imperfecciones, también es capaz de hacer el Bien y decidido poner fin a aquel apartamiento del hombre.
Pasaje evangélico
Así es más sencillo entender las palabras de Jesús a Nicodemo “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Unigénito a este mundo para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”. El sacrificio de Jesús abría un camino para poder retornar a la morada definitiva. Creados a su imagen y semejanza, vemos reflejado en el espejo de nuestras vidas un débil destello de ese amor trinitario, pero no sonamos armónicamente como esa partitura trinitaria del amor, a la que se aproximó prodigiosamente Bach en su “Jesús, alegría de los hombres”.
Plegaria
La Trinidad es amor al servicio de los hombres, a los que quiere salvar y recrear, un renacer nuevo del espíritu. Finalizamos con la Plegaria de la Serenidad: “Señor, concédeme serenidad para todo aquello que no puedo cambiar, valor para lo que soy capaz de cambiar, y sabiduría para discernir en las diferencias. Añadimos que nos dé fe para confiar en lo que no podamos entender. Que así sea.