10/06/2026
|VISITA PAPA LEÓN XIV|
“Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”.
Con esta llamada tan directa, el Papa León XIV nos recuerda que la fe auténtica siempre conduce al encuentro, al servicio y al amor concreto hacia los demás.
Los testimonios escuchados durante estos días nos han mostrado que Dios sigue actuando a través de personas sencillas que, desde su entrega, sus dificultades y su esperanza, se convierten en reflejo de Cristo para quienes les rodean.
También nosotros, como Hermandad de la Sagrada Entrada, estamos llamados a vivir así. No basta con rendir culto a nuestros Sagrados Titulares o acompañarlos en los momentos más señalados de la vida de la Hermandad; estamos llamados a ser una verdadera familia de fe, constructores de unidad, sembradores de esperanza y testigos del Evangelio en medio de nuestro pueblo.
La evangelización comienza cuando dejamos de preguntarnos qué puede hacer la Hermandad por nosotros y empezamos a preguntarnos qué podemos aportar nosotros a nuestros hermanos. Cuando la caridad se convierte en estilo de vida, cuando el perdón vence al orgullo y cuando la fraternidad es más fuerte que cualquier diferencia.
En este camino cobran un sentido especial nuestros Sagrados Titulares. El Señor de la Salud nos recuerda que Cristo sigue saliendo al encuentro de quien sufre, de quien necesita ser sanado en el cuerpo, en el alma o en el corazón. Y María Santísima de la Paz nos enseña que solo desde la reconciliación, el diálogo y el amor fraterno podemos construir puentes donde otros levantan muros. Salud y Paz no son solo advocaciones que veneramos; son dones que nuestro mundo necesita y valores que estamos llamados a transmitir cada día con nuestro ejemplo.
Que las palabras del Santo Padre no sean para nosotros solo un recuerdo, sino una llamada constante a vivir nuestra condición de hermanos con autenticidad. Porque una hermandad que pone a Cristo en el centro no solo celebra cultos o procesiona por sus calles; transforma corazones, crea comunidad y anuncia el Evangelio con la fuerza silenciosa del ejemplo.