08/09/2026
Hoy, ocho de septiembre, la Iglesia Católica eleva su mirada y su corazón al cielo para celebrar con gozo la Natividad de la Santísima Virgen María, conmemorando el bendito nacimiento de la Madre de Dios.
Esta festividad es considerada por la tradición cristiana como la aurora de la salvación. Así como el alba anuncia la llegada radiante del sol, el nacimiento de María representó el preludio luminoso que preparó el camino para la encarnación de Jesucristo y la redención del género humano. Es el inicio del cumplimiento de las promesas divinas, el momento en que Dios comenzó a tejer en silencio el manto de gracia que cubriría a la humanidad.
La fecha de esta celebración guarda una profunda armonía teológica y litúrgica, ya que se festeja exactamente nueve meses después de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, celebrada el ocho de diciembre. Cada año, este calendario nos invita a contemplar el designio providencial que custodió a María desde el primer instante de su existencia.
Entre los tesoros del calendario litúrgico, esta conmemoración posee una exclusividad singular. Junto con el nacimiento de Jesús el veinticinco de diciembre y el de San Juan Bautista el veinticuatro de junio, la Natividad de la Virgen es el único nacimiento al que la Iglesia le consagra una fiesta litúrgica propia, distinguiéndolo de las memorias de su tránsito o de su Asunción.
Que en este día bendito, la intercesión de la Niña María renueve la esperanza en nuestros hogares y nos acerque con sencillez de corazón al misterio de su Hijo. Amén.