01/03/2026
En este segundo domingo de Cuaresma, Jesús nos invita a subir con Él al monte alto donde se transfigura ante Pedro, Santiago y Juan. La Iglesia de Ciudad Real, a través de Cáritas, es llamada hoy a dejarse iluminar por Cristo para no quedarse en gestos puntuales, sino vivir una caridad que permanezca.
El Signo Permanente de Solidaridad, reactivado con decisión para este 2026, nace de ese mismo dinamismo: escuchar al Hijo y traducir su luz en obras. La historia de nuestro Signo —desde los inicios impulsados por D. Rafael Torija, pasando por su institucionalización bajo D. Antonio Algora y su renovación actual con Mons. Abilio Martínez Varea— es un testimonio concreto de cómo la diócesis quiere “bajar del monte” para tocar la vida de quienes más sufren.
Por eso, al retomar este Signo, Cáritas no solo propone una acción diocesana, sino una forma de mirar. Una llamada a que cada familia, cada parroquia y cada comunidad mantenga viva la conciencia de que la pobreza no es un problema ajeno, sino una responsabilidad compartida. Con la “Casita” como símbolo en los hogares y con el trabajo constante en nuestros centros, seguimos construyendo una Iglesia que acompaña, que organiza la caridad y que permanece cerca de quienes más lo necesitan.
La nueva iniciativa de la Casita, signo visible en cada hogar, nos recuerda que la solidaridad no es un momento, sino un camino: una llamada a mantener el corazón despierto ante las heridas del sinhogarismo y las adicciones.
Los centros Jericó, Casa de Abraham y Siloé son el rostro concreto de esta misión: espacios donde cada día se atienden necesidades básicas, se abren caminos de recuperación y se reconstruyen historias marcadas por la soledad o el deterioro personal. Allí, la solidaridad se hace presencia, escucha, apoyo y horizonte para quienes ya no tenían esperanza.
Desde Cáritas te invitamos a llevar a tu hogar una Casita-hucha, como signo visible de la realidad que viven las personas más vulnerables acompañadas en nuestros centros. En noviembre podrás devolverla en tu parroquia como gesto de compromiso con el Signo Permanente de Solidaridad que sostiene estos programas diocesanos.