07/09/2026
Todos tenemos algo que pedir.
Cuando rezamos y presentamos nuestras necesidades a Dios, reconocemos que no podemos con todo y que necesitamos de Él.
Por eso, pedir también es un acto de humildad. Como decía san Agustín: «Hazte mendigo de Dios».
Pero la oración de petición no consiste en decirle a Dios cómo deben suceder las cosas. Pedimos, sí, pero también aprendemos a confiar. A aceptar que su respuesta puede no ser la que esperábamos y que, aun así, Él sigue siendo nuestra esperanza.
Hoy piensa en aquello que llevas tiempo queriendo poner en manos de Dios.
Pídeselo con confianza. Y después, déjalo en sus manos.