Parroquia Santa Maria de la Estrella de Coria Del Río

Parroquia Santa Maria de la Estrella de Coria Del Río Comunidad de fe y vida.

08/09/2026

ORACIÓN DE LA NOCHE
8 de septiembre — Natividad de la Bienaventurada Virgen María
Santa María de la Estrella, Madre y Patrona de Coria del Río

Cae la noche, Madre,
sobre este día que ha sido tan tuyo.

Se apagan poco a poco las luces,
callan las calles,
descansa nuestro pueblo
y queda encendida, en lo más profundo del alma,
una Estrella.

Tú, María.

Hoy hemos celebrado tu nacimiento.
Hoy la Iglesia se ha alegrado porque naciste tú,
la mujer sencilla de Nazaret,
la pequeña escogida por Dios
para que por tu «sí»
entrara la Salvación en nuestra historia.

Y esta noche, cuando termina tu fiesta,
no queremos pedirte demasiado.

Queremos solamente quedarnos contigo.

Mirarte.

Darte gracias.

Y decirte, como tantas generaciones antes que nosotros:

Santa María de la Estrella,
Madre nuestra,
quédate con nosotros.

Desde hace siglos has contemplado
la vida de este pueblo
junto al Guadalquivir.

Has visto pasar generaciones,
has escuchado plegarias dichas entre lágrimas,
promesas pronunciadas en silencio,
acciones de gracias,
dolores que nadie conocía,
esperanzas que parecían perdidas.

Y siempre permaneciste.

Estrella en la noche.
Madre en el camino.
Puerta abierta hacia Cristo.

Esta noche ponemos ante ti
todo cuanto hemos vivido durante este día:

la Eucaristía celebrada,
las oraciones pronunciadas,
las flores ofrecidas,
las miradas dirigidas hacia ti,
los recuerdos de quienes ya partieron
y la alegría de quienes siguen caminando.

Recíbelo todo, Madre.

También nuestras pobrezas.

Porque sabemos que la mejor ofrenda
que podemos dejar esta noche a tus pies
no son nuestras palabras,
sino nuestro corazón.

Un corazón que necesita ser nuevamente conquistado por Dios.

Reconquístenos, Madre.

Reconquista nuestras indiferencias con tu ternura,
nuestros orgullos con tu humildad,
nuestros cansancios con tu esperanza,
nuestros miedos con tu confianza.

Enséñanos nuevamente a decir:

«Hágase».

Que ese «sí» que un día pronunciaste
siga resonando en nuestras familias,
en nuestros jóvenes,
en nuestros mayores,
en nuestros enfermos,
en nuestras hermandades,
en nuestra comunidad parroquial.

Que sepamos recoger el testigo
de quienes nos enseñaron a amarte
y transmitirlo a quienes vienen detrás.

Que la tradición recibida
no sea solamente memoria del pasado,
sino Evangelio vivo para el mañana.

Y cuando esta noche
el silencio cubra definitivamente nuestras casas,
cuando nuestros ojos se cierren
y dejemos descansar las preocupaciones del día,

permanece tú despierta, Madre.

Estrella sobre Coria.
Estrella junto al Guadalquivir.
Estrella sobre nuestras casas.
Estrella sobre nuestros enfermos.
Estrella sobre quienes esta noche están solos.
Estrella sobre quienes necesitan encontrar nuevamente el camino.

Y si alguna vez la noche se hace demasiado oscura,
haz que levantemos los ojos.

Porque mientras brille una Estrella
siempre habrá un camino hacia Cristo.

Esta noche termina tu fiesta, Madre,
pero no termina nuestra confianza.

Mañana volverá la vida cotidiana,
volverán las obligaciones,
los trabajos, las preocupaciones
y la pequeña fidelidad de cada día.

Ven con nosotros.

Enséñanos a llevar a Cristo
como tú lo llevaste.
A servir como tú serviste.
A creer como tú creíste.
A esperar como tú esperaste.
A amar como tú amaste.

Y ahora, Madre,
cuando Coria comienza a dormir,
déjanos descansar bajo tu mirada.

Que la última palabra de este día
sea tu nombre.

Que nuestro último pensamiento
sea para tu Hijo.

Y que nuestra última oración
nazca sencilla del corazón:

Santa María de la Estrella,
Madre y Patrona nuestra,
cuando llegue la noche, sé nuestra luz;
cuando dudemos, señala el camino;
cuando caigamos, danos tu mano;
cuando tengamos miedo, llévanos a Jesús.

Bajo tu manto dejamos esta noche
nuestra vida,
nuestra parroquia
y nuestro pueblo.

Y mientras el Guadalquivir sigue su curso
y las luces se van apagando,

tú quédate encendida, Madre.

Estrella nuestra.
Estrella de Coria.
Estrella que anuncia a Cristo.

Buenas noches, Madre.

Hasta mañana.

Santa María de la Estrella,
ruega por nosotros.

Amén.

Buenas noches a todos y mi bendición. +Antonio Santos pbro.

07/09/2026

Buenos días nos dé el Señor. Sean buenos y santos.
Barred la levadura vieja; porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

HERMANOS:
Se oye decir en todas partes que hay entre vosotros un caso de inmoralidad; y una inmoralidad tal que no se da ni entre los gentiles: uno convive con la mujer de su padre.
¿Y vosotros seguís tan ufanos?
Estaría mejor ponerse de luto y expulsar de entre vosotros al que ha hecho eso.
Pues lo que es yo, ausente en el cuerpo, pero presente en espíritu, ya he tomado una decisión como si estuviera presente:
reunidos vosotros en el nombre de nuestro Señor Jesús, y yo presente en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús entregar al que ha hecho eso en manos de Satanás; para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el día del Señor.
Ese orgullo vuestro no tiene razón de ser.
¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Barred la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ácimos.
Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo.
Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad.

Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
SALMO RESPONSORIAL
Sal 5.

R/. Señor, guíame con tu justicia.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R/.

Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu nombre. R/.
Aclamación antes del Evangelio
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Aleluya, aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—,
y yo las conozco, y ellas me siguen.
Aleluya, aleluya, aleluya.

Evangelio
EVANGELIO
Lc 6, 6-11.

Estaban al acecho para ver si curaba en sábado.

✠ Lectura del santo Evangelio según San Lucas.

UN sábado, entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada:
«Levántate y ponte en medio».
Y, levantándose, se quedó en pie.
Jesús les dijo:
«Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».
Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo:
«Extiende tu mano».
Él lo hizo y su mano quedó restablecida.
Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.

Palabra del Señor.

“¿Hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?”
Dicho así, la respuesta es clara y contundente: Lo lícito, lo bueno, lo útil, lo conveniente, lo humano es hacer el bien y no dejar morir a nadie.

Pero los problemas, las dudas, las dificultades concretas comienzan cuando pasamos a los medios: ¿Qué nos exige actuar así?

Pues nada más y nada menos que fijarnos en el otro, comprender sus necesidades, emplear nuestro tiempo, talentos y medios para socorrerlo y, sobre todo, hacer que nuestra mentalidad vaya cambiando desde un egoísmo narcisista que piensa que yo soy el centro del mundo y los demás sólo medios para mi felicidad o comodidad, hasta un sentido de fraternidad que entiende aquello tan difícil de que mi libertad no comienza cuando termina la del otro, sino que comienza cuando nos hacemos libres los dos.

Esto es un verdadero proceso, a veces largo y doloroso, siempre costoso, de saber preguntarnos: ¿Por qué hago lo que hago? O, más exactamente, ¿por quién hago lo que hago?

Jesús, en el evangelio de hoy, descubre una sutil y peligrosísima corrupción de la religiosidad. En medio del culto de la sinagoga, en el día santo del sábado en el que se prohibía toda actividad, lanza la pregunta decisiva a los asistentes, poniendo en el centro del espacio a un paralítico.

La cuestión fundamental es: ¿qué es más importante para Dios, el culto o la misericordia? Y, más profundamente, ¿vamos al culto para comprometernos más en ser hijos de “ese” Dios y hermanos de los demás, ¿o para tranquilizar nuestra conciencia o cumplir un precepto?

Y aún más importante: ¿el Dios a quien doy culto es el Dios de la misericordia y de la compasión, del amor a sus hijos, o es un dios construido por mí que prefiere ser servido sin tener en cuenta a mis hermanos?

“Extiende tu mano”
Según la imagen que tengamos de Dios, el culto será un momento celebrativo de conversión personal y eclesial o, por el contrario, una burda comedia de nuestro egoísmo insolidario.

La necesidad de poner a la persona en el centro, que nos muestra Jesús, no nos puede llevar al exceso que se da en la comunidad de Corinto y que denuncia san Pablo en la primera lectura.

Es fundamental que creamos que Dios es nuestro Abbá (papá), lleno de amor, misericordia y perdón por cada uno de nosotros, que somos pecadores. Pero, a veces, se malinterpreta esta bondad de Dios en el sentido de que más que un Padre, Dios es un “abuelete” un poco senil, que tolera bobaliconamente todo el mal que hacemos. Un padre-madre buenos educan a sus hijos con amor y responsabilidad. “Educar” es sacar del interior del hijo su verdadera personalidad y sus talentos, ofrecerles valores y recursos par saber conducir la vida y la fe, apoyarle con su cariño y estima continua, pero no falsamente complaciente con el mal. Porque el mal que hagan sus hijos, les hace daño a esos hijos. Por eso Dios es Padre amorosamente responsable.

Un miembro de la comunidad de Corinto practica el incesto. No es para gloriarse. Pablo declara la excomunión, que no es echarlo de la Iglesia, sino declarar que él se ha echado a sí mismo por su conducta.

Pero esta declaración no es para castigo, sino medicinal. Para que se dé cuenta, se arrepienta y así ser salvo en el día del Señor.

Pidamos al Señor que Dios y su misericordia sean el centro de nuestro ser y la motivación más profunda de nuestra acción y que nos dé la gracia de sentirnos activamente responsables del don de la fe y roguemos también para que la vivamos sincera y coherentemente.



¿Me pregunto si mis juicios de los otros y mis acciones ayudan o hacen daño? ¿Justifico mi falta de compromiso abusando de la bondad de Dios?
Mi bendición a todos, Antonio Santos pbro.

Estoy si es cultura y defensa del patrimonio. No tanta demagogia…
06/09/2026

Estoy si es cultura y defensa del patrimonio. No tanta demagogia…

06/09/2026
06/09/2026

Señor, al terminar este domingo,
venimos ante Ti con el corazón agradecido.
El día se apaga, pero tu Palabra permanece:

«Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor».

Hoy, Señor.
No mañana. No cuando todo sea más fácil.
No cuando tengamos más tiempo o menos preocupaciones.
Hoy es el tiempo de la gracia.
Hoy es el tiempo de la santidad.
Hoy es el tiempo de Dios.

Por nuestro Bautismo nos hiciste partícipes de Cristo,
sacerdote, profeta y rey.
Enséñanos a vivir esta dignidad en lo pequeño y cotidiano:
en el trabajo bien hecho, en la paciencia,
en el servicio silencioso, en el perdón,
en la familia, en nuestra comunidad parroquial,
en la atención al pobre y al que sufre.

Que comprendamos que la santidad no consiste siempre
en realizar cosas extraordinarias,
sino en dejar que Tú hagas extraordinario
el amor con el que vivimos cada día.

Tu Palabra nos recuerda también esta noche
nuestra responsabilidad ante el hermano.
Danos valentía para practicar la corrección fraterna,
pero nunca desde la superioridad, el juicio o la dureza.
Que sepamos acercarnos al otro con verdad y misericordia,
porque no podemos decir que te amamos a Ti
si permanecemos indiferentes ante nuestros hermanos.

«A nadie debáis nada, más que amor».

Esa es, Señor, nuestra hermosa deuda:
amar siempre, amar más, amar mejor.

Que nunca nos quedemos para nosotros
el Pan del Cielo que recibimos de Ti.
Lo que gratuitamente nos has dado
se convierta en entrega, servicio y misericordia.

Danos un amor que no calcule,
que no ponga condiciones,
que no mida cuánto ha dado ni cuánto ha recibido;
un amor sin medida, porque nace de Ti.

Esta noche ponemos ante Ti
a nuestra Parroquia de Santa María de la Estrella.
Que María, nuestra Madre y Patrona,
nos enseñe a escuchar tu voz hoy
y a responderte con la sencillez de su «hágase».

Seguimos poniendo ante Ti al pueblo de Ceuta.
Mira a sus familias, especialmente a quienes viven
situaciones de incertidumbre, preocupación o miedo.
Que ninguna injusticia hiera la dignidad de las personas
y que quienes tienen responsabilidades públicas
sepan afrontar con serenidad, justicia y responsabilidad
las dificultades sociales y políticas relacionadas con la inmigración.

Concédenos construir una sociedad
que sepa conjugar la acogida y la fraternidad
con el respeto a la justicia, a la convivencia
y al bien común.

Y ahora, Señor, cuando termina este domingo,
no queremos preguntarte qué haremos mañana.
Queremos preguntarnos:

¿He escuchado hoy tu voz?
¿A quién he amado hoy?
¿A quién tengo todavía que perdonar?
¿Dónde me estás pidiendo que sea santo hoy?

Y ahora callamos, Señor.

Ya no necesitamos decirte nada.
Tú conoces lo que llevamos dentro,
las palabras que no hemos sabido pronunciar,
las heridas que todavía duelen,
los nombres que guardamos en el corazón
y los deseos que solamente Tú conoces.

Nos quedamos sencillamente ante Ti.

Que el silencio de esta noche
sea también oración.
Que descanse el cuerpo,
que se aquiete la mente
y que el alma permanezca despierta junto a Ti.

Todo lo vivido hoy, Señor,
lo depositamos en tus manos.
Lo bueno, te lo agradecemos.
Lo que hicimos mal, lo confiamos a tu misericordia.
Lo que quedó sin terminar, lo abandonamos en tu Providencia.

No queremos llevarnos a la noche
el peso de querer controlarlo todo.

Tú eres Dios.
Nosotros somos tuyos.
Y eso nos basta.

Virgen de la Estrella,
quédate junto a nosotros
cuando se apaguen las luces y llegue el silencio.
Cúbrenos con tu manto
y enséñanos a descansar como tú:
confiando, esperando, amando.

Y en lo profundo del alma,
antes de cerrar los ojos,
que todavía podamos escuchar:

«Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor».

Hoy te hemos buscado.
Hoy hemos intentado amarte.
Hoy hemos querido seguirte.

Ahora, Señor,
todo queda en Ti.

En tu presencia descansamos.
En tu misericordia nos abandonamos.
En tu corazón dejamos nuestra vida.

Buenas noches, Señor.
Quédate con nosotros.
Y haz de nuestro descanso
un silencio habitado por Ti.

Amén.

Buenas noches y mi bendición a todos, +Antonio Santos pbro.

06/09/2026

Buenas tardes nos dé el Señor. Sean buenos y santos.
SI no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre.

Lectura de la profecía de Ezequiel.

ESTO dice el Señor:
«A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.
Si yo digo al malvado: “Malvado, eres reo de muerte”, pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.
Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».

Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
SALMO RESPONSORIAL
Sal 94.

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.
Segunda Lectura
SEGUNDA LECTURA
Rom 13, 8-10.

La plenitud de la ley es el amor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto:
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

Palabra de Dios.
Aclamación antes del Evangelio
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Aleluya, aleluya, aleluya.
Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo,
y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Evangelio
EVANGELIO
Mt 18, 15-20.

Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.
Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor.

Dios se manifiesta en nuestros vínculos
El Evangelio de hoy se inserta en el discurso que Mateo dedica a la vida de la comunidad. Allí encontramos una serie de orientaciones y prácticas que buscan configurar las relaciones propias de quienes siguen a Jesús y viven un proyecto común. En este sentido, la dimensión comunitaria constituye un aspecto esencial de la propuesta evangélica. Más allá de cuestiones prácticas, supone una manera nueva de comprender y de relacionarnos con el otro, mediante actitudes y prácticas concretas.

Cuidar
La primera parte del relato nos presenta un modo específico de afrontar una situación siempre posible: el pecado y el conflicto que este genera. El modelo evangélico propuesto por Jesús nos habla de un camino para salvar, cuidar y reconstruir la comunión antes de recurrir al juicio. La llamada "corrección fraterna" tiene que ver, sobre todo, con el valor del diálogo, la discreción, la escucha y el deseo sincero de reconciliación.

No es casual que esta perícopa aparezca inmediatamente después de la parábola de la oveja perdida. La reconciliación en la comunidad consiste precisamente en generar espacios de cercanía, intimidad y acogida para quien ha perdido el camino. Los vínculos tienen la capacidad de sanar.

La misma autoridad que Jesús otorga a Pedro para "atar y desatar" en el cielo y en la tierra aparece aquí confiada a toda la comunidad (Mt 18,18). La responsabilidad del cuidado mutuo pertenece a todos.

Si el diálogo llegara a fracasar, el hermano debe ser considerado como un pagano o un publicano, es decir, como alguien que todavía necesita conocer a Jesús y escuchar la Buena Noticia. El conflicto, en sí mismo, no constituye un problema para Jesús. El verdadero problema aparece cuando renunciamos al otro y le negamos un lugar en nuestra vida.

Vivir juntos el proyecto de Jesús, hacer de la comunidad un reflejo del Reino, implica atrevernos a ser presencia para el otro, dejar atrás nuestras seguridades y comenzar a construir aquello que es verdaderamente común, allí donde Dios mismo se hace presente.



¿Cómo me relaciono con los demás en mi comunidad cristiana? ¿Son mis relaciones una mera formalidad o procuro que algunas de ellas sean espacios de confianza para crecer en la fe? ¿Cómo cuido a mis hermanas y hermanos?

Dios en el nosotros
El Evangelio de Mateo nos muestra que Dios se identifica con el extranjero, el desnudo y el preso (Mt 25), pero también con los vínculos humanos. En ningún otro pasaje bíblico Jesús afirma de manera tan directa su presencia como cuando dos o tres se reúnen en su nombre (Mt 18,20). Estar juntos en nombre de Jesús abre nuestros vínculos a la presencia de Dios.

En la pluralidad y diversidad de quienes somos, Dios está presente. Por eso nuestra fe no puede entenderse únicamente como una relación personal con Dios. El modo en que nos relacionamos también forma parte de la experiencia creyente. Nuestros vínculos son sagrados porque en ellos Dios se revela. De ahí que la comunión eclesial no puede ser solo un asentimiento de ideas, y esté llamada a vivirse en lo concreto de las relaciones de nuestra comunidad local.

Por eso es importante preguntarnos constantemente cómo participamos de ese tejido humano y comunitario que llamamos Iglesia. Esta participación también incluye los momentos difíciles y los conflictos, porque forman parte de toda experiencia humana, pero están llamados a ser solucionados a la luz del Evangelio.

Nuestras comunidades necesitan cuidar los espacios, los modos y las actitudes que permitan a cada hermana y hermano crecer en el amor y en la comunión; sentirse sostenido por una comunidad concreta y, al mismo tiempo, responsable de ella. Una comunidad con rostros e historias reales, con personas creyentes a quienes amar y de quienes también podemos recibir amor.

¿Cómo vivo la dimensión comunitaria de mi fe? ¿Cómo podríamos fortalecer los vínculos en mi comunidad concreta? ¿Reconozco la dimensión comunitaria de la fe cristiana como un aspecto real e indispensable de su vivencia?

En un contexto que con frecuencia confunde el legítimo autocuidado con un egocentrismo disimulado y nos hace perder de vista el valor de lo común, la propuesta de Jesús nos invita a reencontrarnos con la riqueza de los vínculos y de la vida compartida, siempre en el seno de una comunidad concreta.

Su invitación consiste en redescubrir la comunidad como el lugar donde somos acogidos y perdonados tal como somos, y desde donde somos enviados a acoger, cuidar y reconciliarnos con los demás.

Mi bendición a todos, Antonio Santos pbro.

05/09/2026

Señor, al terminar este día,
quiero entrar en el silencio de mi corazón
y darte gracias.

Gracias, ante todo, por el don de nuestra comunidad parroquial,
por cada persona que la forma,
por quienes sirven, rezan, acompañan y sostienen;
por quienes llegan con alegría
y por quienes vienen cargados de preocupaciones y heridas.

Hoy, en el sexto día de la Novena a Nuestra Madre y Patrona, la Virgen de la Estrella,
hemos experimentado especialmente la alegría de sentirnos Iglesia.
Nos hemos unido a nuestros hermanos de la Parroquia de San José
y hemos compartido la Eucaristía presidida por nuestro querido hermano sacerdote
D. José Iván, su párroco.

Señor, bendice su ministerio sacerdotal.
Haz fecunda su entrega,
sostén su fidelidad
y bendice abundantemente a toda su comunidad parroquial.
Que sepamos caminar juntos,
porque somos una sola Iglesia, un solo pueblo,
convocados alrededor de una misma mesa.

Esta noche quiero hacer silencio, Señor.

Como San Rafael Arnáiz,
enséñame a descubrirte cuando desaparecen los ruidos,
cuando sobran las palabras
y el alma queda sola delante de Ti.

Vacía mi corazón de aquello que ocupa tu lugar:
de mis seguridades, de mis proyectos,
de mis deseos de protagonismo,
de mis preocupaciones y resistencias.

Vacía, Señor, para poder llenar.
Despoja, para poder enriquecer.
Haz silencio, para que pueda escucharte.

Que nazca dentro de mí esa santa inquietud
que no me deja instalarme,
que me hace buscarte más profundamente
y abrir las puertas del alma a tu Espíritu.

Y, con San Ignacio de Loyola,
quiero preguntarte esta noche:

Señor, ¿qué quieres de mí?
¿Dónde me necesitas?
¿A quién quieres que sirva?
¿Qué tengo que dejar
para estar verdaderamente disponible para Ti?

Comenzamos un nuevo curso pastoral.
No permitas que sea simplemente volver a hacer cosas.
Que sea una nueva llamada.

Llámanos de nuevo, Señor.

A la oración.
A la comunión.
A la misión.
A los pobres.
A quienes se han alejado.
A quienes necesitan una palabra, una presencia, un abrazo.

Que no busquemos nuestro éxito,
sino tu mayor gloria.

Y Tú, Virgen de la Estrella,
Madre y Patrona nuestra,
sigue señalándonos el camino.

Cuando llegue la oscuridad, sé nuestra Estrella.
Cuando aparezca el cansancio, sostennos.
Cuando no sepamos hacia dónde caminar,
recuérdanos que tu Hijo sigue delante de nosotros.

Esta noche descanso en Dios.

No necesito comprenderlo todo.
No necesito tenerlo todo previsto.

Solo necesito poder decir:

Señor, aquí estoy.
Vacía mi corazón de mí mismo
y llénalo de Ti.
Haz de mi vida lo que Tú quieras.
Todo para tu mayor gloria.

Virgen de la Estrella,
ruega por nosotros.

San Rafael Arnáiz,
ruega por nosotros.

San Ignacio de Loyola,
ruega por nosotros.

Buenas noches. Que Dios os bendiga y nuestra Madre, la Virgen de la Estrella, vele vuestro descanso.
Mi bendición a todos, +Antonio Santos pbro.

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41100

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