Iglesia La Buena Semilla Conil de la Frontera

Iglesia La Buena Semilla Conil de la Frontera Asambleas de Dios, España - Conil de la Frontera

12/06/2026

Una fe que solo se practica el domingo no puede sostener el peso de toda una semana de desconexión y peso cotidiano. Si la carga es demasiada y apenas puedes caminar, debes saber que la fórmula que estás aplicando es insuficiente.

11/06/2026

Cristo debe desplazarse de un pedazo de tu vida a ser toda tu vida. Este es el epicentro para una vida centrada e integralmente saludable.

07/06/2026

No te dejes engañar. Si lo que estás viviendo te separa de Dios, de la congregación y de tus hermanos. ¡Eso no lo plantó Dios!

Él nunca te llevará a contradecir lo que Él mismo estableció.

Eso que te produce distanciamiento, no es una bendición. Es un grave problema disfrazado. Es infección que producirá separación de Dios y Sus asuntos y a la postre muerte. De ahí, que el postrer estado de muchos, venga a ser peor que el primero.

¡Toma nota!

06/06/2026
03/06/2026

“Me salió mal porque no oré.”

Lo hemos dicho. O lo hemos escuchado. Compraste algo y salió defectuoso, tomaste una decisión y fue un fracaso, firmaste un negocio que terminó mal, y de algún lugar sale la conclusión: “es que no oré.” Y si hubiera salido bien, habríamos dicho: “gracias a Dios que oré.”

Suena espiritual. Suena hasta humilde. Pero mira bien lo que esa frase puede enseñar sin querer hacerlo.

Cuando la usamos de manera absoluta, corremos el riesgo de convertir la oración en una vara mágica. En un amuleto. Si la uso, me protege. Si la olvido, viene el fracaso. Y sin darnos cuenta, empezamos a tratar a Dios como una máquina expendedora: meto la moneda correcta, oprimo el botón, y sale el resultado garantizado. Pero esa no es la oración que Jesús nos enseñó. Eso es superstición con vocabulario cristiano.

Y hay algo más serio escondido allí. Esa idea puede terminar pintando a un Padre distante, uno que te deja caer simplemente porque no cumpliste un ritual. Convierte la oración en una obra que merece o desmerece la bendición, y te carga con una culpa que el evangelio nunca puso sobre tus hombros. Porque entonces cada cosa que sale mal en tu vida se vuelve evidencia de que fallaste espiritualmente. Eso no produce fe. Produce miedo.

¿Quieres ver cómo se desarma esa idea? Mira a Getsemaní.
Jesús oró la oración más perfecta que se ha orado jamás. Oró tan intensamente que sudó como gotas de sangre. Oró rendido: “Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Y aun así vino la cruz.
El resultado humanamente más doloroso llegó después de la oración más perfecta. Si la ecuación fuera simplemente “oré bien, me irá bien”, se derrumba a los pies del Hijo de Dios. Pero aquello que parecía el peor desenlace terminó siendo la salvación del mundo entero.

La oración de Jesús no canceló la cruz. Lo sostuvo en ella.
Ahora bien, tampoco debemos caer en el otro extremo. La Biblia tampoco enseña que da igual orar o no orar. Dios nos llama a buscarle, a pedir, a consultar su voluntad y a depender de Él. Muchas veces cometemos errores porque actuamos impulsivamente, sin buscar la dirección del Señor. La Escritura incluso dice: “No tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Santiago 4:2).

Entonces, el problema nunca fue la oración. El problema es para qué creemos que sirve.
La oración no es una palanca para manipular resultados. Tampoco es un ritual para comprar protección divina. Es la respuesta de un hijo que habla con su Padre y busca su dirección.

Y aquí está la gran diferencia: la cruz ya resolvió la postura de Dios hacia ti. Él ya te amó antes de que abrieras la boca en oración. Por eso la oración no existe para cambiar el corazón de Dios hacia nosotros. Existe para acercarnos más a Él, alinearnos con su voluntad y caminar bajo su dirección.

No oras para torcerle el brazo a Dios. Oras porque eres hijo y hablas con tu Padre.
No oras simplemente para que un negocio salga bien. Oras para recibir sabiduría, para honrar a Dios en tus decisiones y para descansar en Aquel que sostiene el negocio... y también te sostiene a ti, salga como salga.

Por eso, cuando algo sale mal, quizá la pregunta no sea: “¿Cuántas veces oré?” sino “¿Busqué realmente la voluntad de Dios? ¿Dependí de Él? ¿Actué con la sabiduría que Él da?”

La oración no es un talismán. Es una relación.
Y un Padre que entregó a su propio Hijo por ti no está esperando castigarte por la oración que olvidaste hacer. Te invita constantemente a acercarte, confiar en Él, buscar su dirección y caminar cada día en comunión con su presencia.
Porque la verdadera oración no garantiza que nunca habrá cruces. Pero sí garantiza que nunca las llevarás solo.

02/06/2026

Nuestra orientación principal no puede ser una institución o una gran causa o incluso otras personas, sino primero y para siempre Dios. A menos que nuestra identidad esté escondida en Dios, nunca sabremos quienes somos o que debemos hacer. Nuestro primer acto debe ser la oración. Ser humano es orar, meditar día y noche sobre el amor y la actividad de Dios. Somos llamados a ser continuamente formados y transformados por el pensamiento de Dios en nosotros. La oración es una dedicación disciplinada a prestar atención. Sin la atención concentrada en la oración rara vez escucharemos nada que valga la pena repetir o captar una visión de pedir a cualquier otra persona que la siga.

John Westerhoff y John Eusden

01/06/2026

El Evangelio no minimiza los problemas, pero sí te da la capacidad para enfrentarlos de una manera sabia.

01/06/2026

Les comparto un párrafo del libro Líderes Autóctonos escrito por Edgar J. Elliston. A decir verdad, muy bueno. Aquí les va:

"El liderazgo espiritual surge en la medida que el Espíritu obra a través de hombres y mujeres en su aceptación de la fe y compromiso de obediencia. El desarrollo del liderazgo espiritual por tanto es un proceso intencional guiado por el Espíritu. Es un proceso de toda la vida que requiere obediencia fiel y el discernimiento de los líderes existentes y los líderes emergentes. Dios nos ha llamado para servir, servir a Él. Al servir a Dios, influenciamos a otros, somos líderes. Dios nos ha llamado a presidir mediante el servicio y a servir para presidir".

01/06/2026

Nunca ventiles los asuntos familiares ni los conflictos personales en público. Cuando lo haces, abres la puerta al morbo, la crítica y las opiniones de personas que muchas veces desconocen la realidad completa de la situación. Además, es importante recordar que, una vez que algo privado se hace público, es muy difícil recuperar la confidencialidad.

La Biblia nos anima a resolver nuestras diferencias con sabiduría, buscando la reconciliación, procurando la paz con todos y actuando con una actitud correcta. Cuando hablamos en medio del enojo, la frustración o el dolor, corremos el riesgo de decir palabras que luego lamentaremos y de tomar decisiones equivocadas.

Por eso, antes de reaccionar, conviene dar tiempo para que las emociones se calmen. Busca el consejo de personas maduras y de confianza, capaces de orientarte con objetividad y amor. Sobre todo, acude a Dios en oración para pedir dirección, discernimiento y sabiduría. Muchas veces, una conversación privada, guiada por la gracia y la prudencia, logra más que mil palabras dichas en público.

La madurez no se demuestra por todo lo que decimos, sino por aquello que sabemos guardar, procesar con sabiduría y resolver de la manera correcta.

24/05/2026

El dinero es un buen sirviente pero un mal amo. Cuidado de ponerte bajo su yugo. Terminaras siendo un esclavo de quien no sabe dirigir ni tampoco guiar.

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